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viernes, 24 de febrero de 2012

La ingeniería social contra los fumadores


Algunos confiaban en que los populares devolverían la sensatez en determinadas cosas. Pensaron, por ejemplo, que era posible que fumadores y no fumadores conviviesen pacíficamente.

Pero nada más llegar al gobierno, Ana Mato declaró que si quieres arroz Catalina, que las cosas se quedarían como estaban, en el punto en el que nos situaron los anteriores ministros. Eso a pesar de que Mariano dijo durante la campaña que no le parecía mal recuperar la separación de ambos bandos en los lugares públicos que se habilitaron a tal efecto en su momento --haciendo, dicho sea de paso, una cuantiosa inversión económica.

La conservación de esta conservadora medida se amparó en datos como que las ventas de tabaco cayeron un 17%, o que 600.000 personas dejaron de fumar a consecuencia de la restrictiva ley.

Sin embargo, la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica nos hace saber ahora que la proporción de fumadores apenas se ha movido con el paso de las distintas leyes (alrededor del 20%). Y el consumo medio diario es de 13 cigarrillos.

Además, entre quienes más aumenta el hábito de fumar es entre los jóvenes.

Un dato revelador es que únicamente el 27% de los fumadores ha intentado abandonar ese hábito después de imponer la nueva ley antitabaco. Solamente un 6% de ese 27% lo ha logrado (de momento).

Esa sociedad concluye que "la prevención no funciona”, que “la prevalencia no se ve influida por la ley”.

Confiesan que el único modo realista de lograr que la gente deje de fumar es subir el precio del tabaco. Y, también, quizá, buscar ayuda profesional.

A raíz de esta preocupación sanitaria, recordé las declaraciones de Boi Ruiz, consejero de Salud de la Generalitat: "la salud es un bien privado que depende de uno mismo, no del Estado".

Ruiz explicó que cada día se dejaban de hacer en Cataluña 1.300 visitas programadas de especialistas "porque los pacientes no se presentan a las citas (...) un derroche de recursos que tiene un coste anual de más de diez millones de euros".

Hay, también, personas que cancelan fechas de operaciones programadas porque están de vacaciones o tiene otras actividades.

Leire Pajín se lanzó a la yugular de Ruiz: "la salud no es un bien privado y no depende de uno mismo, sino de otros factores".

Carlos Jiménez Villarejo dijo sobre Ruiz: "este señor no merece estar dentro de un gobierno democrático porque está atacando los cimientos de la democracia".

A cualquier cosa le llaman democracia.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Calidad de los orgasmos y hábito de fumar

Los doctores Philip Morris, William Masters y Virginia Johnson publican en PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences) un revelador estudio titulado 'Linear increase in orgasm quality after quitting smoking'.

Se consideró una muestra de 2.345 varones de entre 30 y 60 años de edad que habían fumado una media de 10 cigarrillos diarios durante, al menos, los diez últimos años.

Una vez se obtuvo su consentimiento informado para participar en la investigación, se comenzó un programa de abandono progresivo del hábito de fumar de tres meses (12 semanas) de duración.

Morris, Masters y Johnson prepararon un exhaustivo cuestionario sobre conductas y sensaciones asociadas al sexo que administraron antes de comenzar el programa de intervención, a la mitad de su aplicación y nada más darse por finalizado. Una vez terminado el programa, se aplicó una versión abreviada del cuestionario cada 30 días durante 12 meses.

En la gráfica puede verse la valoración promedio de los varones sobre la calidad de sus orgasmos antes de aplicar el programa de abandono del hábito de fumar (base line), a la mitad del programa (week 6) y nada más terminar el programa (week 12).


Los autores llaman la atención sobre la distancia de esas valoraciones con respecto a las observadas en otro estudio en el que también se valoró la calidad de los orgasmos durante tres meses en un numeroso grupo de no-fumadores (N = 3.456) con un rango de edad y nivel socioeconómico comparable (Johnson, Masters y Morris, 2006). En este grupo de control, la valoración promedio de la calidad de sus orgasmos fue de 7.8, más del doble que la calculada para el grupo de fumadores.

¿Qué sucedió cuando dejaron de fumar?

La siguiente gráfica presenta las valoraciones promedio de la calidad de sus orgasmos durante el seguimiento de 12 meses.


Los resultados son realmente sorprendentes: se observa un incremento progresivo, hasta el séptimo mes, en la valoración de la calidad de sus orgasmos, superando incluso el nivel de quienes nunca han fumado.

Las valoraciones de la calidad de los orgasmos de los ex-fumadores se estabilizan en 8.5 a partir del octavo mes. En palabras de los autores:

"Tuvimos auténtico temor ante la posibilidad de que los participantes pudieran llegar a fallecer por exceso de placer en lugar de por problemas pulmonares asociados al consumo de tabaco" (p. 1612).

El impacto de este trabajo ha sido tan grande que los editores de la prestigiosa PNAS decidieron firmar un editorial en el que se puede encontrar la siguiente declaración:

"Las autoridades sanitarias preocupadas por los negativos efectos del tabaco deberían comenzar una campaña mundial para informar asertivamente a los consumidores del magnífico efecto positivo que tendría sobre su vida sexual el abandono de ese nocivo hábito.

Pensando en las implicaciones sociológicas de este descubrimiento hemos llegado al extremo de pensar en la equivocada orientación de las actuales campañas centradas en el lado negativo del consumo.

Mensajes como 'fumar mata', 'fumar provoca obstrucción pulmonar', 'fumar provoca impotencia' y el largo etcétera de todos conocidos --incluyendo las fotografías 'gore' publicadas en las cajetillas en determinados países con pulmones carbonizados, piernas gangrenadas o serpientes retorcidas-- deberían ser sustituidos por otra clase de mensajes positivos del tipo

'dejar de fumar mejorará la calidad de sus relaciones sexuales',
'dejar de fumar le permitirá disfrutar del mayor de los placeres que, por ahora, sigue siendo libre de impuestos' o
'abandonar el hábito de fumar triplicará el placer experimentado durante sus orgasmos'".

Desgraciadamente, el estudio descrito y el editorial de PNAS es producto de la imaginación del autor de este blog.

miércoles, 15 de junio de 2011

¿Nos envenena el Estado?

En su salvaje afán recaudatorio, lejano --muy lejano-- de la búsqueda de líneas creativas de actuación que contribuyan a salir del estado económico que asola a la sociedad, el Estado eleva los impuestos.

Ahora el impuesto que se aplica al tabaco es del 80%.

No hay que ser un genio para calcular que eso implica que si una cajetilla cuesta 4 €, entonces 3,2 € se los lleva el fisco, dejando un margen de 0,8 € para los implicados en la fabricación del producto y en su venta.

La subida de precios reduce el consumo, y, por tanto, disminuye los ingresos.

El fabricante se asusta y vuelve a bajar el precio de su producto, pero debe seguir pagando una delirante tasa al Estado.

¿Cómo diantre logra mantener su ganancia a pesar de la sangría económica a la que le someten los gobernantes?

Fácil: reduciendo los costes de producción.

A efectos prácticos eso conlleva modificar la calidad de la materia prima, para empezar, y los controles de calidad en el proceso de generación del producto para continuar.

En una palabra, el Estado obliga al fabricante a poner en circulación un lamentable producto.

Quiere 'Papá Estado' que se abandone el nocivo hábito del humo porque admite su negativo efecto sobre la salud, pero, con tal de recaudar a dos manos, no le importa lo más mínimo que quienes continúan consumiendo absorban detritus de lo más agresivo.

¿No denotaría verdadera preocupación por la salud reducir ese absurdo 80% a un razonable 50% para permitir que el fabricante pudiera generar un producto de calidad mucho menos dañino para la salud?

Con ese margen, el Estado podría exigirle al fabricante la eliminación de los productos que se supone pueden estar dando lugar a un daño sobre el organismo de quien consume. También se podrían usar componentes de mayor calidad, sustancialmente menos agresivos para la salud.

Pero no, al Estado eso parece importarle un comino. Quiere dinero fácil y lo obtiene.

La consecuencia lógica de esta situación es que el Estado está obligando a que los fabricantes de tabaco pongan en el mercado un producto cada vez más perjudicial, y, por tanto, contribuye activamente a que nos envenenen.

Igual que el ciudadano exige controles de calidad para muchísimas de las cosas que consume, y el Estado responde, cuando quiere o le parece oportuno, no se me ocurre ninguna razón para que no pueda hacer algo similar con productos como el tabaco.

Fumar puede ser una actividad de bajísimo riesgo para la salud si el producto carece de los componentes que agreden a los tejidos del organismo.

Una mínima investigación dirigida a la creación de un producto alternativo, gracias a una reducción de los impuestos, disminuiría los efectos del tabaco sobre la salud.

Así se cumpliría el objetivo que supuestamente se persigue con las extraordinariamente caras campañas publicitarias destinadas a que se abandone el hábito de fumar.

Pero ¿está el Estado dispuesto a promover semejante línea de acción?  Lo dudo, puesto que eso conllevaría una madurez mental que es difícil de atribuir a algunos en no pocos casos.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Mujeres Fumadoras y No-Fumadoras

En frío, ahora que ya estamos en invierno y el congreso dio un mal paso, algunos datos dan que pensar. El modo en que se presentan, a menudo, asusta.

Veamos un ejemplo. La noticia dice:

El 42 por ciento de las mujeres con cáncer de pulmón nunca ha fumado, aunque una gran parte se declara fumadora pasiva (40%), según muestran los primeros datos del estudio 'World 07'”.

Vamos por partes:

-. El 42% corresponde a cuatro de cada diez mujeres.
-. Un 40% de ese 42% no parece una ‘gran parte’.
-. La cuantificación de la categoría ‘fumadora pasiva’ no es demasiado formal.

Pero hay más. La noticia sigue:

"Nuestros datos arrojan el perfil de una mujer con una edad media de 61 años, casada, con hijos y estudios básicos", explica Bartomeu Massuti, secretario del GECP.

Es decir, esas mujeres son personas mayores, y, por lo que se sabe, el cáncer es una característica de las personas de edad. No parece sencillo desvincular el efecto de la edad, el consumo de tabaco –activo o pasivo—los efectos del matrimonio, el número de hijos y el nivel de estudios.

Pero no importa.

El informe que comenta la noticia recoge el hecho de que en casi la mitad de los casos la mujer tiene antecedentes familiares de cáncer. Por supuesto, esto complica aún más el objetivo de ‘localizar al culpable’, aunque, por lo que parece, ya está entre rejas antes de comenzar la investigación policial…

Si se puede hacer una predicción, personalmente apostaría a que aquí sucede algo parecido a los hechos narrados por Agatha Christie en ‘Asesinato en el Orient Express’.

Una gran novela.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Tabaco (y Parte 6): Conclusiones

De la serie de post previos sobre el tabaco que se ha presentado en este blog se pueden extraer una serie de conclusiones.

(1) Fumar tiene ciertos efectos positivos que justifican su popularidad así como que incluso personas que saben que el tabaco se relaciona con determinadas enfermedades continúen fumando.

Entre las características positivas del fumar se encuentran: (a) su capacidad de elevar el nivel de excitación de la corteza cerebral, combatiendo el aburrimiento y la fatiga; (b) la capacidad para relajar a las personas ansiosas y tensas, reduciendo el impacto de las emociones negativas; y (c) su poder para incrementar el estado de atención y de alerta.

(2) El principal intermediario en el caso del cáncer es el sistema inmunológico. Hay datos consistentes con el hecho de que la terapia psicológica puede mejorar la eficacia del sistema inmunológico, mientras que el estrés posee el efecto contrario.

(3) El olvido de los factores psicológicos en la enfermedad constituye una irresponsabilidad.

(4) Los científicos deben ser moderados en sus afirmaciones, deben negarse a exagerar el carácter taxativo de sus conclusiones, y deben estar dispuestos a posibles correcciones y a tomar en consideración los datos contrarios.

En particular, deben abstenerse de apoyar acciones sociales de largo alcance basándose en datos dudosos. Las constantes rectificaciones de las recomendaciones para una vida más sana indican una carencia de conocimientos que puedan considerarse definitivos.

(5) Las advertencias injustificadas por el estado de nuestros conocimientos actuales, pueden aumentar el estrés y provocar consecuencias graves sobre la salud.

La amenaza reiterada de modo constante por los medios de comunicación, según la cual el hábito de fumar mata, puede convertirse de hecho en una profecía autocumplida.

martes, 21 de septiembre de 2010

Tabaco (Parte 5): Prevención

A punto de cerrar esta serie de post sobre el tabaco y la salud (únicamente restarán las conclusiones generales después del actual) vamos a hacernos la siguiente pregunta:

¿Se puede prevenir el cáncer y en infarto?

La idea consiste en usar métodos de terapia psicológica para modificar la conducta de la persona propensa llevándola en dirección al tipo 4 de personalidad (sano). Es decir, se trata de aumentar la conducta autónoma y reducir la dependencia con respecto a otras personas o la aceptación de situaciones que lleven a consecuencias negativas.

Los resultados indican que el número de fallecimientos es significativamente menor en el grupo sometido a terapia. De hecho, 13 años después de la iniciación del estudio comentado en el post previo, continuaron viviendo muchos más miembros del grupo de terapia, en comparación con el grupo de control no sometido a terapia.

Las características de sujetos con predisposición al cáncer coinciden significativamente con las de los introvertidos, mientras que los sujetos con cardiopatía tienden a mostrar con más frecuencia los rasgos propios de los extravertidos.

Es posible que sea relevante establecer una división entre aquellos que fuman por placer y los que desean controlar su tensión y ansiedad.

La personalidad tipo 1 y el estrés se combinan e interactúan para producir sentimientos de desamparo, desesperación y depresión. A su vez, esto provoca reacciones hormonales y de otros tipos, de los que el cortisol se toma como representante. Estas sustancias provocan inmunodeficiencia, la cual permite que se desarrollen los cánceres incipientes.

Los datos parecen indicar que la personalidad y el estrés producen sustancias inmuno-destructivas dentro de la corriente sanguínea, y que las actuaciones sobre la conducta pueden alterar estas conexiones.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Tabaco (Parte 4): Personalidad y estrés como factores de riesgo

Una vez superado el paréntesis vacacional, recuperamos este espacio de intercambio constructivo de ideas.

Y lo haremos mediante la serie de post sobre el tabaco que comenzamos hace tiempo.

Resulta especialmente pertinente ahora que la ministra de sanidad orienta su celo hacia otros horizontes.

Veamos cuáles puede ser la relevancia de los factores psicológicos en la salud y cómo se pueden confundir sus efectos de modo dramático.

La persona con propensión al cáncer se ha descrito como apaciguadora, no asertiva, extremadamente cooperativa y paciente, buscadora de armonía, evitadora de conflictos, dócil y defensiva. Las dos características señaladas con más frecuencia son: (a) supresión de las manifestaciones emocionales y negación de las reacciones emocionales fuertes, y, (b) imposibilidad de hacer frente adecuadamente al estrés y a la reacción de abandono, asociada con sentimientos de desesperación y desamparo. Este tipo se ha denominado a veces "tipo C" para distinguirlo del tipo A predispuesto a la cardiopatía, y al tipo B, sano.

En un famoso informe de Grossarth-Maticek, Eysenck y Vetter se describen tres estudios sobre las relaciones entre una serie de factores de riesgo con el cáncer y el infarto.

El primer estudio se realizó en una pequeña población rural de Yugoslavia, donde se consideró uno de cada dos hogares, y se utilizó como sujeto de examen a la persona de mayor edad. Los otros dos estudios se realizaron en Heidelberg, y se usó una muestra normal (al azar, pero con ciertas limitaciones de sexo y edad), y una muestra de personas sometidas a estrés que, en su mayoría, eran amigos y parientes de los miembros de la muestra normal.

Los componentes de estas muestras fueron entrevistados y se les administró un cuestionario de personalidad y estrés; los participantes también informaron de sus hábitos de consumo de tabaco y de bebidas alcohólicas. Se midió la tensión sanguínea y el colesterol de la sangre para obtener información médica sobre estos posibles factores de riesgo. La mortalidad se evaluó 10 años más tarde.

Se consideró que el tipo 1 estaba predispuesto al cáncer, y tenía las características ya expuestas. El tipo 2 estaba predispuesto a la cardiopatía isquémica, y ponía de manifiesto un conjunto de rasgos muy diferente al del tipo propenso al cáncer.

El tipo 1 se caracteriza por la infraestimulación. Estos individuos no se distancian del objeto y permanecen en un estado de dependencia. No conseguir la proximidad al objeto provoca estrés.

Las personas del tipo 2, predispuestos a la cardiopatía, se sobre-excitan facilmente. Permanecen en contacto con personas y situaciones valoradas negativamente desde el punto de vista emocional, y no se distancian ni se liberan de la dependencia con respecto al objeto perturbador, reaccionando con ira (manifiesta o reprimida) y agresividad.

El tipo 3 se caracteriza por la ambivalencia, con una tendencia a pasar desde la reacción típica del tipo 1 hasta la reacción típica del tipo 2. Esta persona parece relativamente a salvo, tanto del cáncer como de la cardiopatía.

El tipo 4 se caracteriza por la autonomía personal.

Los datos recogidos en esos tres estudios indican que el cáncer y la cardiopatía son enfermedades de personas mayores.

En la muestra normal de Heidelberg, prácticamente 9 de cada 10 personas continuaban con vida al final del seguimiento de 10 años. En la muestra de Heidelberg sometida a estrés seguía con vida 5 de cada 10. Esta diferencia indica la importancia del estrés como causa de fallecimiento.

Para corroborar este resultado, se programó un nuevo seguimiento de 4 años y medio, efectuado por un grupo independiente de expertos internacionales, que supervisaron la ampliación de los dos estudios de Heidelberg.

Se encontró que todos los pacientes con extensas metástasis que se recuperaron sin intervenciones quirúrgicas ni quimioterapia, tenían personalidades parecidas a las del tipo 4.

Entre los no fumadores existen muy pocos fallecimientos por cáncer de pulmón, pero de los 13 que se produjeron, 10 aparecieron en personas del tipo 1. Entre los fumadores hubo 74 fallecimientos, de los cuales sólo 6 se produjeron en personas que no fueran del tipo 1. Por tanto, con independencia del tabaco, las personas del tipo 1 se encuentran predispuestas al cáncer, en comparación con los individuos de los demás tipos.

El único grupo que muestra una elevada proporción de fallecimientos por cáncer de pulmón es el de los fumadores del tipo 1; los fumadores no pertenecientes al tipo 1, y los no fumadores del tipo 1, o de los demás tipos, manifiestan porcentajes desdeñables de fallecimientos por cáncer.

Conviene subrayar que fumar representa un peligro para la salud, por lo que respecta al cáncer de pulmón, principalmente para los individuos del tipo 1.

Una conclusión general es que la variable orgánica tiene distinta relevancia para la mortalidad según el tipo psicosocial. Los tipos psicosociales son relevantes no sólo para la mortalidad, sino también con respecto a los factores de riesgo de carácter orgánico.

lunes, 26 de julio de 2010

Respecto del Tabaco (y de la Contaminación)

Estamos presentando una serie de post sobre el tabaco. Apenas hemos comenzando (mucha es la tela que todavía queda por cortar) pero ya se le pueden ver las orejas al lobo.

El 20 de Julio de 2010 se puso en circulación una información que es consistente con lo que estamos proponiendo.

Según la Sociedad Española de Cardiología y la Fundación Española del Corazón la contaminación está relacionada con aproximadamente 16.000 muertes al año en España. Esa contaminación, como es obvio, resulta especialmente elevada en núcleos urbanos altamente poblados.

Los ciudadanos que residen junto a lugares en el que existe un alto nivel de tráfico (o industrias, etc.) ven cómo sus arterias se degradan a una velocidad dos veces superior a quienes viven en zonas más despejadas (o lejos de las industrias, etc.).

Las sociedades señaladas se apresuran a declarar que debemos luchar contra esa contaminación para preservar la integridad de nuestras arterias.

Nada que objetar. Nada, salvo que vuelve a ser una exageración como la vinculada al efecto nocivo del tabaco.

De hecho, las personas a las que les afecta más esa contaminación son quienes presentan, también, otros factores de riesgo, como, por ejemplo, el estrés, una dieta desequilibrada o altos niveles de colesterol.

Exactamente igual que con el tabaco.

Los problemas de salud son consecuencia de muchas causas. Sin olvidarnos de la personalidad, un factor esencialmente psicológico.

Seguiremos…

viernes, 23 de julio de 2010

Tabaco (Parte 3): Metodología de los estudios

Si no podemos fiarnos de los datos, entonces pueden extraerse conclusiones erróneas aunque los análisis metodológicos y estadísticos sean impecables.

Las autopsias suelen mostrar una cantidad considerable de errores en los diagnósticos clínicos. Las estadísticas procedentes de los certificados de defunción son inexactas, y, por tanto, inadecuadas para su uso en la investigación o en la planificación.

En las personas con menos de 45 años de edad, los diagnósticos suelen ser correctos en 8 de cada 10 casos, pero a partir de esa edad la precisión se reduce gradualmente en cada década sucesiva hasta que en las personas de 75 años sólo se confirma menos de la mitad de los diagnósticos.

Considerando esta situación, es probable que el consumo de cigarrillos pueda contribuir al diagnóstico de cáncer de pulmón en mayor medida que a producir la enfermedad en sí misma.

Conviene recordar que en las investigaciones epidemiológicas de las causas de enfermedad, los investigadores obtienen datos sobre la aparición de diagnósticos, no de enfermedades.

Y los porcentajes de diagnósticos pueden verse afectados por sesgos en la forma en que los médicos solicitan y ponen en práctica la tecnología de diagnóstico. En una palabra, los cambios en el diagnóstico cumplen la función de mayor importancia en el aumento de la tasa de mortalidad por cáncer de pulmón.

El incremento en las defunciones por cáncer de pulmón registrado durante las últimas décadas no se debe a un agente cancerígeno externo, sino que es resultado de la utilización de nuevas técnicas de diagnóstico (radiología, broncoscopia, examen de expectoración o cirugía).

En otro orden de cosas, considerando la hipótesis de los efectos causales universales del tabaco sobre el cáncer de pulmón, serían de esperar proporciones de riesgo idénticas o semejantes en poblaciones orientales y caucásicas. Sin embargo no es así.

La hipótesis genética, que supone que la asociación entre el tabaco y el cáncer de pulmón depende de la solidez de las asociaciones entre los genotipos que presentan los pacientes, y no de los niveles de consumo de tabaco, podría afirmar la existencia de cierta correlación entre los niveles de mortalidad nacional y de consumo de tabaco también nacional.

Fumar se relaciona con la salud física, pero la correlación es escasa (r = -0,13). Los factores psicosociales son más predictivos. El predictor más significativo de la mala salud, tanto física como mental, a la edad de 65 años, es el empleo de fármacos modificadores del humor antes de cumplir los 50 años.

El Consejo Nacional de la Salud y la Investigación Médica de Australia presentó las siguientes conclusiones sobre los fumadores pasivos:

1.- El efecto sobre la función pulmonar de una exposición aguda al consumo pasivo de tabaco, en individuos sanos, no parece importante, ni tampoco se aprecia una coherencia en las pruebas.

2.- Existen pocos datos sobre los efectos del humo pasivo de tabaco sobre los tractos respiratorios superior e inferior de los individuos sanos.

3.- No existen datos sobre los efectos del humo pasivo del tabaco durante la infancia sobre la posterior función pulmonar en la edad adulta.

Estas evidencias se han ignorado (u ocultado).

martes, 20 de julio de 2010

Tabaco (Parte 2): los efectos del tabaco sobre la salud

En algunos estudios, ya clásicos, se han analizado los informes procedentes de distintos centros hospitalarios, comparando los diagnósticos médicos sobre la causa de defunción con los informes procedentes de las necropsias efectuadas por los patólogos.

En uno de esos estudios se observó que los médicos diagnosticaron 338 casos de cáncer de pulmón, mientras que los patólogos descubrieron 417 casos post mortem. La coincidencia se dio en 227 casos. Suponiendo que los informes de los patólogos fuesen correctos, 111 diagnósticos médicos eran falsos positivos, mientras que no se tuvieron en cuenta 190 casos auténticos de cáncer de pulmón.

Las enfermedades vinculadas con el tabaco son provocadas por numerosos factores de riesgo que se combinan de manera sinérgica. Esto significa que la interacción entre esos factores posee un carácter multiplicador, no solamente aditivo.

El tabaco, en sí mismo, tiene un efecto reducido sobre problemas de salud tales como el cáncer o el infarto. En muestras exentas de otros factores de riesgo, el tabaco apenas manifiesta una correlación con estas enfermedades. Sólo en combinación con otros factores de riesgo, especialmente de tipo psicosocial, el tabaco muestra asociaciones estadísticas con estas enfermedades.

Estos hechos implican que la información aparecida en los medios de comunicación social respecto a que el tabaco causa enfermedades, puede convertirse en una profecía autocumplida. Los fumadores que disponen de información sobre los posibles efectos nocivos del tabaco sobre la salud únicamente a través de los medios de comunicación social, muestran una tasa de fallecimientos significativamente superior a la de los fumadores cuya información procede de observaciones propias, o a la de quienes no creen en la información que se transmite.

Existe un debate sobre diferentes modelos de interacción entre los factores de riesgo y las enfermedades. Este debate se pasa por alto, tanto por los medios de comunicación como por las publicaciones de, por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud. Las estimaciones sobre el número de vidas que podrían salvarse si las personas dejan de fumar, o nunca adquieren dicho hábito, poseen un escaso fundamento científico.

Estas son las conclusiones de un extenso análisis de distintos estudios llevados a cabo por diferentes equipos de investigación:

"Los efectos próximos al valor de 0 que tenían las variables de tabaco y de salud calculadas a partir de la bibliografía disponible, sugieren que una explicación de los problemas de salud que apele al tabaco como única causa ya ha dejado de ser plausible.

En la actualidad deben considerarse más probables otras alternativas distintas al hábito de fumar, entre las que se incluyen la personalidad, el estrés, los factores genéticos y el estilo de vida general, como causantes de problemas de salud".

miércoles, 7 de julio de 2010

Tabaco (Parte 1): ¿Por qué se fuma?

¿Es realmente la nicotina una droga que provoca adicción? ¿O posee la nicotina efectos que satisfacen ciertas necesidades, de la misma forma que el alimento satisface la necesidad provocada por el hambre o la bebida por la sed?

La heroína, la cocaína y la nicotina son sustancias que activan psicológicamente, pero producen distintos efectos. La heroína provoca euforia, pero también entorpece el rendimiento. La cocaína distorsiona el juicio. En contraste, la nicotina mejora el rendimiento, aumenta el estado de alerta y reduce la ansiedad.

Los cambios producidos después de una abstinencia de tabaco difieren mucho de una persona a otra, y no se hallan presentes en absoluto en el 25% de las personas que dejan de fumar.

Las personas extravertidas fuman porque están aburridas y desean elevar su nivel de activación, mientras que las personas neuróticas fuman para reducir sus tensiones y ansiedades.

Los fumadores habituales son extravertidos, buscadores de sensaciones, fáciles de aburrir y con tendencia a evitar la monotonía. Estas personas también poseen un bajo nivel de monoamino oxidasa en las plaquetas, la cual está relacionada con la búsqueda de sensaciones, la impulsividad y la extraversión. Los exfumadores presentan rasgos de personalidad y monoamino oxidasa al mismo nivel que los no fumadores. Fumadores y exfumadores difieren por muchos otros motivos, además de haber abandonado o no el tabaco.

Los métodos tradicionales de abandono del hábito de fumar suelen tener cierta efectividad mientras se lleva a cabo la terapia, pero cuando termina, la mayor parte de la gente que ha participado en la terapia recupera el hábito de fumar. Es probable que esto se deba a que continúan existiendo las necesidades individuales, que llevan a reanudar el hábito, y a que la terapia original, al haber sido diseñada para todos los participantes, descuida las necesidades individuales de los miembros del grupo de personas sometidas a la terapia.

En suma, las personas fuman porque la conducta de consumo de tabaco reduce determinadas necesidades, y por tanto, es gratificante. Cuando estas necesidades se satisfacen mediante conductas alternativas, la conducta de fumar se reduce con rapidez y queda eliminada.

El modelo basado en la adicción no es apropiado para el tabaco, y un uso continuado de la palabra adicción en relación con la conducta de fumar carece de validez científica.

martes, 18 de agosto de 2009

EL IMPERIO CONTRA-ATACA

Recientemente hemos sabido que Sanidad volverá a la carga cuando pase el verano, aprovechando que venimos relajados y tardaremos un rato en darnos cuenta de lo que se cuece. El caso es mantenernos entretenidos.

Argumenta la autoridad competente que la ley que se aprobó en 2006 no funciona. Por ejemplo, la venta de cigarrillos no se ha reducido (aunque, quién sabe, quizá las nuevas y abusivas tarifas lo hagan mejor).

En España se permite fumar en los restaurantes y bares de menos de 100 metros cuadrados. Pero Sanidad se resiste a aceptar esta práctica tan castiza y torera que promueve las buenas relaciones entre los ciudadanos. Le disgusta que nos llevemos bien, vaya.

A las autoridades les perturba que los ciudadanos nos arreglemos entre nosotros usando las más elementales normas de cortesía. No. Somos presuntos discapacitados a los que debe prohibirse la autogestión de la convivencia.

A veces me da por pensar que los no fumadores pueden protegerse a sí mismos, simplemente evitando los lugares en los que se fuma. ¿No es sencillo? ¿Me estoy perdiendo algo?

Los fumadores pueden también protegerse de los espacios libres de humo huyendo hacia paraísos en los que un delicioso smog es parte esencial del ambiente. Sanidad quiere expulsarles de esos paraísos también.

A Sanidad le inquieta que nos unamos para celebrar una fiesta privada y decidamos, por nuestra cuenta, fumar o no hacerlo. ¿Terminarán metiéndose en nuestros hogares para multarnos por fumarnos un estupendo cigarrillo en el salón que tanto trabajo –y tantos impuestos-- nos costó amueblar? ¿Por qué les molesta tanto nuestra privacidad?

¿No es fenomenal que sean los dueños de los locales quienes decidan si en su establecimiento se puede o no se puede fumar? El cliente puede optar por ir o no ir. Igual que si se proyectan la última película de Almodovar: hay gente que va y gente que prefiere dar un paseo por el campo. No se obliga a nadie a ir o no ir a sentarse durante 90 minutos delante de la pantalla (esto también vale para el paseo). ¿Se imaginan que Cultura obligara a los españoles a ir al cine cada vez que se estrena el nuevo largometraje de Pedro? ¿No sería un poco raro?

La Comisión Europea, igual que Sanidad, parece que debe justificar el tremendo gasto que nos supone a los ciudadanos esas instituciones. Así que, en lugar de dedicarse a los verdaderos problemas, nos da, una vez más, el coñazo con tonterías. Claro que puede tratarse de algo más.

Si la UE quiere construir una Europa sin humos ¿por qué no se larga a Urano?

Los ciudadanos tenemos la suficiente sabiduría para saber convivir por nuestra cuenta. Ruego nos den un voto de confianza, y que, sobre todo, nos dejen vivir tranquilos.