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viernes, 24 de septiembre de 2010

Tabaco (y Parte 6): Conclusiones

De la serie de post previos sobre el tabaco que se ha presentado en este blog se pueden extraer una serie de conclusiones.

(1) Fumar tiene ciertos efectos positivos que justifican su popularidad así como que incluso personas que saben que el tabaco se relaciona con determinadas enfermedades continúen fumando.

Entre las características positivas del fumar se encuentran: (a) su capacidad de elevar el nivel de excitación de la corteza cerebral, combatiendo el aburrimiento y la fatiga; (b) la capacidad para relajar a las personas ansiosas y tensas, reduciendo el impacto de las emociones negativas; y (c) su poder para incrementar el estado de atención y de alerta.

(2) El principal intermediario en el caso del cáncer es el sistema inmunológico. Hay datos consistentes con el hecho de que la terapia psicológica puede mejorar la eficacia del sistema inmunológico, mientras que el estrés posee el efecto contrario.

(3) El olvido de los factores psicológicos en la enfermedad constituye una irresponsabilidad.

(4) Los científicos deben ser moderados en sus afirmaciones, deben negarse a exagerar el carácter taxativo de sus conclusiones, y deben estar dispuestos a posibles correcciones y a tomar en consideración los datos contrarios.

En particular, deben abstenerse de apoyar acciones sociales de largo alcance basándose en datos dudosos. Las constantes rectificaciones de las recomendaciones para una vida más sana indican una carencia de conocimientos que puedan considerarse definitivos.

(5) Las advertencias injustificadas por el estado de nuestros conocimientos actuales, pueden aumentar el estrés y provocar consecuencias graves sobre la salud.

La amenaza reiterada de modo constante por los medios de comunicación, según la cual el hábito de fumar mata, puede convertirse de hecho en una profecía autocumplida.

lunes, 19 de julio de 2010

Cáncer, estrés y hormesis

Un reciente estudio es consistente con la denominada ‘hormesis’, es decir, con el hecho de que factores negativos a dosis altas es beneficioso a dosis bajas. O lo que es lo mismo, no hay venenos sino dosis. Concretamente, unas dosis de estrés son positivas para combatir el cáncer.

En la investigación se dispuso en una situación de relativo estrés a un grupo de ratones, viéndose que combatían mejor una serie de tumores. Vivir en un ambiente rico en estímulos físicos, sociales y mentales –donde se genera un estrés leve-- puede frenar el crecimiento del cáncer.

El llamado eje HSA (Hypothalamic-Sympathoneural-Adipocyte) informa a las células adiposas para que reduzcan la liberación en sangre de la hormona leptina. Esta hormona controla el apetito, pero también acelera el crecimiento del cáncer.

El cambio hormonal más llamativo que se observó en los ratones sometidos a estrés fue el descenso de la leptina del tejido adiposo. El ambiente enriquecido (que incluía a 20 ratones en contenedores equipados con juguetes, escondites y ruedas giratorias, además de una cantidad ilimitada de comida y agua) activa los circuitos HSA.

Finalmente se pudo comprobar que el gen BDNF, que controla la ingesta de comida y el equilibrio energético, estaba mucho más activo en el grupo de animales que vivía en un ambiente estimulante, que en los animales situados en un ambiente más tranquilo. De hecho, si se bloqueaba la acción de ese gen, el ambiente estimulante ya no resultaba efectivo.

Es posible que esta clase de investigaciones ayuden a moderar los mensajes de quienes, con las mejores intenciones, luchan por preservar nuestra salud pero que, en un alarde de entusiasmo desmesurado, pueden estar generando un perverso efecto.

domingo, 2 de diciembre de 2007

CÁNCER: Pensar de otro modo exige no estar financiado por los que piensan del mismo modo

PRIMER DATO: en 1971 morían de cáncer 330.000 ciudadanos norteamericanos y se diagnosticaron 650.000 casos más. Estas cifras estimularon un aumento del presupuesto del Instituto Nacional del Cáncer (INC) hasta alcanzar los 570 millones de € anuales en 1976.

SEGUNDO DATO: en 2004 morían de cáncer 560.000 ciudadanos norteamericanos y se diagnosticaron 1 millón doscientos cincuenta mil casos más. El presupuesto del INC había llegado, por entonces, a 3 mil seiscientos millones de dólares.

CONCLUSIÓN: el porcentaje de ciudadanos norteamericanos que mueren de cáncer es el mismo en la actualidad que en 1970. E igual que en 1950, por cierto.

Desde 1970, los científicos han insistido en que el cáncer es provocado por mutaciones genéticas.

¿Es esta tesis correcta?

Veamos el caso del tabaco. El asbesto o el alquitrán, contenidos en los cigarrillos, no son componentes mutagénicos, es decir, no influyen sobre el ADN, sobre los genes. Sin embargo, son carcinógenos.

El Dr. Peter Duesberg se encargó de combatir la tesis imperante en la comunidad científica, y, por eso, resultó “marcado” como disidente.

Por ejemplo, en 1986 sostuvo que el sida no era una enfermedad infecciosa, ni estaba causada por el HIV. La reacción del Nacional Institute of Health (NIH) a su investigación fue suprimirle la financiación.

Duesberg revisó el vasto número de publicaciones sobre el cáncer, llegando a la conclusión de que las células cancerígenas poseían un complemento cromosomático incorrecto, y, generalmente, demasiados complementos. Es decir, su ploideo no es bueno, y, por tanto, son células aneploideas. Concluyó que este carácter aneoploideo era la causa real del cáncer, no las presuntas mutaciones genéticas.

En esencia, una célula cancerígena es como un vehículo “diabólico” con más de cuatro ruedas, más de un motor y sin frenos. Una vez comienza a circular, no hay quien lo pare.

Pero la extraordinaria financiación para encontrar el remedio contra el cáncer continua, persistentemente, por la senda de la tesis de la mutación genética, a pesar de que la aneuploidia se ha mostrado, de manera consistente, en todos los cánceres. No existen cánceres diploideos, es decir, cánceres auténticos con el número correcto de cromosomas.

MORALEJA: para poder pensar de otro modo, es mejor no estar financiado por los que piensan del mismo modo.

FUENTE: Tom Bethell (Redactor Jefe de American Spectator)