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jueves, 20 de enero de 2011

Farmacogenómica

Disponer del genotipo de un individuo puede contribuir a pronosticar su reacción a los medicamentos disponibles.

En la actualidad la prescripción médica se basa, en gran medida, en la experiencia previa del clínico, y, también, en el ensayo y error: “vamos a probar con esto” es una frase típica en la consulta.

Típica y lógica porque el profesional es consciente de que funcionó en el pasado con otros pacientes, pero puede no hacerlo con el que ahora se sienta en la silla de su consulta, a pesar de presentar una sintomatología similar.

Un ejemplo conocido es el efecto adverso sobre determinados pacientes de un medicamento diseñado para impedir la formación de coágulos ante la presencia de trastornos cardiovasculares. Una mutación del gen CYP2C19 se asocia a esta respuesta. No solamente esos pacientes no reaccionan según lo esperado, sino que lo hacen en sentido contrario.

Naturalmente, este conocimiento genético no se aplica únicamente a problemas físicos, sino que también posee relevancia para los llamados trastornos mentales. Una de las descendientes del conocido psiquiatra, López Ibor, se sirve de un test genético para predecir la respuesta al tratamiento psiquiátrico. Sería interesante saber cómo lo hace exactamente.

Sin embargo, se debe reconocer que todavía se sabe mucho menos de lo necesario para usar discrecionalmente esta tecnología, esta medicina personalizada o farmacogenómica.

A menudo las prisas no son unas consejeras especialmente recomendables.

martes, 11 de enero de 2011

Determinismo no-genético

Las cardiopatías son más frecuentes en los países desarrollados que en los países en vías de desarrollo. Sin embargo, dentro de los países desarrollados, los problemas cardiacos son más frecuentes en los niveles socioeconómicos más bajos.

En un estudio epidemiológico realizado en UK, dirigido por David Barker, se descubrió que las mayores tasas de mortalidad en adultos se relacionaban con los índices de mortalidad infantil en sus regiones de origen: quienes nacieron en zonas donde eran mayores las muertes infantiles, acumulaban mayor probabilidad de fallecer por una cardiopatía cincuenta años después.

Sin embargo, la tendencia se anulaba en la ciudad de Londres: áreas realmente pobres no acumulaban las muertes infantiles previsibles por lo observado en otros lugares de UK.

Los científicos comenzaron a pensar en el proceso de gestación como una explicación a la inconsistencia.

Supusieron que los 'pobres' de Londres conservaban los hábitos de alimentación de sus lugares de origen (el campo) basados en verduras y frutas. Los hijos de esas mujeres 'sanas' morían menos que en otras áreas de la ciudad.

Buscando información sobre hábitos alimenticios, se encontró en el condado de Hertfordshire. Se pudo seguir el historial de casi seis mil varones durante 40 años, comprobándose una relación entre el bajo peso al nacer y las posteriores enfermedades cardiovasculares. Un peso inferior a 2.5 kilogramos suponía riesgo posterior: prácticamente una probabilidad tres veces mayor de presentar esa clase de enfermedades.

La hipótesis que comenzó a barajarse (hipótesis de Barker) era que si la madre embarazada se alimenta inapropiadamente, o sufre estrés, su hijo predice un mundo alimentariamente hostil y modifica su metabolismo de manera congruente.

Naturalmente, la hipótesis contradice la relevancia de los hábitos de vida del propio individuo para comprender las cardiopatías. La investigación de UK se ha confirmado en otros países de Europa, así como en América, India o China.

El comentario de Laura Schulz en PNAS apoya esta visión de la relevancia de la gestación sobre la futura salud de los individuos.

Schulz, L. (2010). The Dutch Hunger Winter and the developmental origins of health and disease. PNAS, September 28, vol. 107, no. 39, 16757–16758.

Cada vez se dispone de más datos que subrayan la importancia de lo que le sucede a (o hace) la madre durante los meses de gestación. El metabolismo del niño se ajusta según las indicaciones sobre el mundo que recibe a través de la madre. Los problemas se manifiestan cuando existe un desajuste entre la predicción hecha desde el útero y el mundo real que se encuentran el niño. En caso contrario nada sucede.

Esta clase de evidencias contribuye a completar el cuadro pintado por la genética de la conducta, disciplina que hace tiempo concluyó que las diferencias que nos separan a unos de otros dependen, en esencia, de dos factores: nuestro genotipo y las experiencias personales, también llamadas 'ambiente no-compartido'.

Los hermanos de una misma familia comparten el hogar, por ejemplo, pero lo que le sucede a su madre cuando viven en su útero durante nueve meses es un ejemplo de ambiente no-compartido entre los hermanos. Esas experiencias personales uterinas contribuyen a explicar por qué los hermanos son diferentes.

Sin embargo, conviene recordar que la contribución de estos factores no-compartidos es más relevante para algunos factores psicológicos que para otros, con lo que el efecto previsible de las experiencias intrauterinas no debería generalizarse sin más.

¿No es fascinante la ciencia?

Fuente: Basado en un artículo de Luis Miguel Ariza

viernes, 24 de septiembre de 2010

Tabaco (y Parte 6): Conclusiones

De la serie de post previos sobre el tabaco que se ha presentado en este blog se pueden extraer una serie de conclusiones.

(1) Fumar tiene ciertos efectos positivos que justifican su popularidad así como que incluso personas que saben que el tabaco se relaciona con determinadas enfermedades continúen fumando.

Entre las características positivas del fumar se encuentran: (a) su capacidad de elevar el nivel de excitación de la corteza cerebral, combatiendo el aburrimiento y la fatiga; (b) la capacidad para relajar a las personas ansiosas y tensas, reduciendo el impacto de las emociones negativas; y (c) su poder para incrementar el estado de atención y de alerta.

(2) El principal intermediario en el caso del cáncer es el sistema inmunológico. Hay datos consistentes con el hecho de que la terapia psicológica puede mejorar la eficacia del sistema inmunológico, mientras que el estrés posee el efecto contrario.

(3) El olvido de los factores psicológicos en la enfermedad constituye una irresponsabilidad.

(4) Los científicos deben ser moderados en sus afirmaciones, deben negarse a exagerar el carácter taxativo de sus conclusiones, y deben estar dispuestos a posibles correcciones y a tomar en consideración los datos contrarios.

En particular, deben abstenerse de apoyar acciones sociales de largo alcance basándose en datos dudosos. Las constantes rectificaciones de las recomendaciones para una vida más sana indican una carencia de conocimientos que puedan considerarse definitivos.

(5) Las advertencias injustificadas por el estado de nuestros conocimientos actuales, pueden aumentar el estrés y provocar consecuencias graves sobre la salud.

La amenaza reiterada de modo constante por los medios de comunicación, según la cual el hábito de fumar mata, puede convertirse de hecho en una profecía autocumplida.

martes, 21 de septiembre de 2010

Tabaco (Parte 5): Prevención

A punto de cerrar esta serie de post sobre el tabaco y la salud (únicamente restarán las conclusiones generales después del actual) vamos a hacernos la siguiente pregunta:

¿Se puede prevenir el cáncer y en infarto?

La idea consiste en usar métodos de terapia psicológica para modificar la conducta de la persona propensa llevándola en dirección al tipo 4 de personalidad (sano). Es decir, se trata de aumentar la conducta autónoma y reducir la dependencia con respecto a otras personas o la aceptación de situaciones que lleven a consecuencias negativas.

Los resultados indican que el número de fallecimientos es significativamente menor en el grupo sometido a terapia. De hecho, 13 años después de la iniciación del estudio comentado en el post previo, continuaron viviendo muchos más miembros del grupo de terapia, en comparación con el grupo de control no sometido a terapia.

Las características de sujetos con predisposición al cáncer coinciden significativamente con las de los introvertidos, mientras que los sujetos con cardiopatía tienden a mostrar con más frecuencia los rasgos propios de los extravertidos.

Es posible que sea relevante establecer una división entre aquellos que fuman por placer y los que desean controlar su tensión y ansiedad.

La personalidad tipo 1 y el estrés se combinan e interactúan para producir sentimientos de desamparo, desesperación y depresión. A su vez, esto provoca reacciones hormonales y de otros tipos, de los que el cortisol se toma como representante. Estas sustancias provocan inmunodeficiencia, la cual permite que se desarrollen los cánceres incipientes.

Los datos parecen indicar que la personalidad y el estrés producen sustancias inmuno-destructivas dentro de la corriente sanguínea, y que las actuaciones sobre la conducta pueden alterar estas conexiones.