Mostrando entradas con la etiqueta Capacidad intelectual. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Capacidad intelectual. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de noviembre de 2011

El pueblo elegido


El Profesor Richard Lynn me ha enviado recientemente su último libro 'The chosen people. A study of Jewish intelligence and achievement' (Washington Summit Publishers, 2011) con una nota personal en la que me señala que los españoles hicimos mal en expulsar a los judíos en 1492.

¿Por qué?

Por la tesis básica de esta obra: el éxito del pueblo judío puede atribuirse, en buena medida, a su alta inteligencia (10 puntos por encima de la media de 100 de, por ejemplo, los europeos).

La mayor parte de los capítulos del libro están dedicados a glosar los logros de los judíos en distintos lugares del planeta. El panorama revela que ellos se encuentran extraordinariamente sobre-representados en indicadores de excelencia como los premios Nobel. Pero también en cuestiones menos nobles como la banca, el espectáculo o los medios de comunicación.

Hay varias teorías sobre este hecho constatado --motivación, redes étnicas y familiares, marginación, aptitudes especiales y suerte-- pero Lynn piensa que la evidencia favorece a la basada en su mayor inteligencia, y, además, que su ventaja es, esencialmente, de carácter genético.

"Es difícil evitar la conclusión de que los sociólogos conocen que los judíos poseen un alto CI, pero que han decidido ignorar ese hecho.
Los psicólogos expertos en inteligencia conocen los datos sobre el mayor CI de los judíos, pero también lo ignoran.
¿Por qué?

Posiblemente porque el alto CI de los judíos revela tres incómodos problemas:

(1) su alto CI debe tener una base genética
(2) las costumbres eugenésicas de los judíos [que Lynn revisa] han contribuido a ese alto CI, y, por tanto, demuestran la eficacia de la eugenesia para aumentar la inteligencia, y
(3) un grupo étnico minoritario con un alto CI triunfa a pesar de haber sido fuertemente discriminado durante su historia.

Pero ¿quién está dispuesto a admitir que la eugenesia funciona y ha contribuido a la alta inteligencia y los extraordinarios logros del pueblo judío?
Evidentemente no quienes han escrito libros de texto de psicología, sociología e inteligencia.

La explicación estándar sobre por qué grupos como los Afroamericanos, los hispanos o los amerindios presentan menor CI, menor nivel educativo, menores ingresos y un más bajo nivel socioeconómico, se cimenta sobre la discriminación ejercida por los blancos.

Sin embargo, los judíos han sufrido una poderosa discriminación durante los últimos 2.000 años, pero eso no ha influido en su inteligencia y en sus logros.
¿Cómo puede explicarse esta situación?

La única posible inferencia es que un grupo étnico de alto CI triunfa a pesar de la discriminación".


Sobre estas cuestiones gira, en esencia, la tesis de Lynn en esta obra.

Por cierto, no todos los judíos poseen ese CI promedio de 110. Lynn distingue los Ashkenazi, los sefardíes, los Mizrahim y los etíopes. Solamente los primeros disfrutan de esa excelencia intelectual.

¿Pero realmente han sido perseguidos los judíos?

Algunos datos:

-. 100.000 fueron asesinados en Bavaria y Austria en 1.298.
-. En el siglo XIV fueron expulsados de Francia.
-. En la primera parte del siglo XV se les expulsó de Austria y Alemania.
-. En la segunda parte del siglo XV se les expulsó de España, Portugal e Italia.
-. La persecución de los judíos en Rusia comenzó en 1881.
-. La última persecución masiva de los judíos sucedió en la década de 1930 en Alemania.

[Supongo que Lynn les habrá enviado la misma nota que a mí a sus colegas austriacos, alemanes, franceses --unos auténticos pioneros en eso de expulsar--, portugueses, italianos y rusos].


Y a pesar de esa historia, los judíos abundan --muy por encima de lo que cabría esperar según su número-- entre las elites económicas e intelectuales.

Quizá algún día podamos resolver el enigma.
O quizá alguien demuestre que Lynn está equivocado.

jueves, 12 de mayo de 2011

El daño del deseo

mi+d se ha convertido en un productivo medio de difusión de noticias presuntamente científicas, pero, desgraciadamente, da cobertura a un buen puñado que no son noticias sino la expresión del deseo de quien escribe. Un deseo que hace daño a la ciencia y a quienes aceptan, sin mayor escrutinio, que ese deseo es una realidad.

Recientemente colgaba esa web una noticia, escrita por Ángel Díaz para 'El Mundo Digital', que llevaba el siguiente título: "los tests de inteligencia no predicen el éxito de una persona". El redactor se hacía eco de un artículo publicado en PNAS, usando, descaradamente, el barniz de supuesto rigor que ese medio de difusión arrastra.

Una discípula de Martin Seligman --un astro de la psicología norteamericana-- se ha empeñado en demostrar que la motivación captura una parte relevante de la información que se le atribuye habitualmente a los tests de inteligencia.

Ángel Díaz no recurre a expertos en inteligencia humana para contrastar la solidez del artículo de Ángela Lee Duckworth, sino a un psiquiatra de la Universidad Autónoma de Madrid y a un neuropsicólogo de la Complutense. Opiniones respetables tienen, por supuesto, estos profesionales, pero hechos pocos. No importa, siempre que, claro está, se ajusten a la historia que el periodista desea contar.

El artículo del PNAS es realmente débil. La evidencia empírica resulta tan endeble que los autores se ven en la obligación de confesar: "es importante no sobredimensionar nuestras conclusiones. Obtener una alta puntuación en un test de CI exige poseer una alta inteligencia. Sin embargo, una baja puntuación puede confundirse con una escasa motivación".

Se supone que su investigación demuestra que los incentivos, las recompensas (por ejemplo, dólares) aumentan el rendimiento intelectual en casi 15 puntos de CI para quienes presentan, de entrada, un CI por debajo de la media de la población. Sin embargo, la supuesta ganancia es de solamente 3 puntos de CI para quienes puntúan, inicialmente, por encima de esa media. ¿No les suena esto rarísimo?

Seguro que sí, porque es raro. Más o menos significa que a los listos les importan un rábano unos dólares de más, pero para los menos inteligentes esos 'bucks' son cruciales [nota inevitable: a lo peor este hecho, si lo es, se vincula a la relación negativa de la capacidad intelectual con la delincuencia...].

Medir bien es importante en ciencia. También en Psicología.

Cuando se evalúa repetidamente a un grupo de personas, se observa una mejora de su rendimiento a través del tiempo, pero eso no significa que el rasgo latente que se está midiendo se haya modificado realmente: quienes era más inteligente al comienzo, lo sigue siendo al final. Y al revés. Una cosa es la ejecución y otra el rasgo latente que se valora.

Los autores reconocen que la evidencia que ellos manejan para sacar sus particulares conclusiones, no permite separar el efecto de la práctica del supuesto efecto del incentivo. Pero para ellos no importa.

Tampoco les resulta particularmente relevante cómo se valora la motivación. Agárrense: se eligen 15 minutos de video --más sería demasiado aburrido-- que sirven de muestra del comportamiento de los chicos --solamente chicos, por cierto-- y unos evaluadores deciden si están más o menos motivados mientras hacen el test de inteligencia.



La figura muestra los resultados principales del estudio. Por ejemplo, se observa que la inteligencia predice el logro académico con un valor de 0,82 (¡sobre un máximo de 1!) mientras que la supuesta motivación presenta un valor de 0,34. No sé qué opinan, pero la inteligencia que miden los tests, que para Ángel Díaz no predice el éxito de una persona, gana por goleada al pronosticar el éxito educativo.

Resulta obvio que el editor de PNAS deseaba publicar este pobre trabajo científico para aprovechar el efecto halo del que es presa el periodista de 'El Mundo Digital'.

Ya sé que los números son aversivos para muchos humanos, pero un profesional de la comunicación que se dedica a informar sobre ciencia debe perderle el miedo, y también el respeto.

El efecto de la motivación sobre el rendimiento en los tests de inteligencia ha sido extensamente estudiado durante décadas por la Psicología científica. No es algo nuevo que merezca una publicación, de dudosa calidad, en PNAS.

De hecho, sabemos que los individuos más inteligentes no resuelven problemas complejos invirtiendo mayores dosis de motivación, cuando se valora mediante indicadores objetivos como la dilatación de la pupila. Las señales fisiológicas de activación, registradas durante las sesiones de evaluación, no muestran, en realidad, el más mínimo efecto de los incentivos.

¿Entonces?

Prometer un edén intelectual aumenta nuestro caché, en igual medida que a un político, que augura una auténtica revolución social de introducir su papeleta en la urna, le llueven, incomprensiblemente, los votos. Pero un científico, o un periodista que informa sobre ciencia, no es un político. O no debería serlo. Los deseos sin base real hacen daño.

Duckworth, A. L. et al (2001). Role of test motivation in intelligence testing. www.pnas.org/cgi/doi/10.1073/pnas.1018601108

martes, 5 de abril de 2011

Todos los niños pueden ser Einstein

Ignoro quién es Fernando Alberca --seguramente alguien muy importante-- pero en su libro --cuyo título encabeza esta entrada-- promete algo que, sencillamente, no puede hacerse.

No es la primera vez, ni, por desgracia será la última, que alguien promete lo que no puede cumplir en este pantanoso terreno de la inteligencia humana.

Vender libros que mienten, a costa de explotar, con vileza, las esperanzas de los padres con respecto a sus hijos, es, a mi juicio, una inmoralidad. Sucede, eso sí, ante la impasible mirada de los psicólogos, a quienes no importan estas cosas de la capacidad intelectual --ignorando que a la sociedad le interesan, y mucho.

¿Qué pasaría si un tal 'Copito de Nieve' --póngalo en inglés para que sea más respetable -- dijese que ha encontrado un método para viajar en el tiempo? Los físicos no tardarían en reaccionar, y, lo que es todavía más probable, ninguna editorial sensata se atrevería a publicar un tratado repleto de falsedades --al menos a día de hoy.

Sin embargo, Alberca dice que 'todos los niños pueden ser Einstein' y aquí no pasa absolutamente nada. Hoy paz y después gloria. Los psicólogos miran para otro lado y hay editores dispuestos a imprimir el mensaje, no entre líneas, sino en el título. ¿Quién dijo miedo si hay hospitales?

¿Cómo se pretende emular la mente del canoso físico? Fácil: con una motivación adecuada. Basta con proponérselo en serio para que nuestro chico se dedique a pensar en el infinito de modo absolutamente revolucionario, en lugar de darle a la PS3.

Dice Alberca: "cualquier progenitor puede formar entre su familia a seres irrepetibles y geniales que ayuden a progresar a la sociedad en la que viven, y por consiguiente hacerles más felices a ellos y a los que lo rodean".

No hay dificultad que este experto en educación no pueda superar, y, por extensión, los padres a los que tutela en sus páginas.

Y sigue, no se crean que es presa de algo llamado inhibición. Recuerda que Einstein fue, casi, un fracasado en el colegio pero "acabó convirtiéndose en uno de los científicos más geniales del mundo, como Thomas Alva Edison, Graham Bell, Stanley Kubrick o Federico García Lorca".

Vaya, no sabía que Kubrick o Lorca fuesen científicos, pero siempre se aprende algo.

[nota: me comentan que Alberca es Máster en Dirección de Centros Educativos y colabora con los medios de comunicación, habiendo publicado libros como '99 trucos para ser más feliz' o '¿Quieres casarte conmigo?' Umm, ¿no perciben un tufillo raro en el ambiente? --este podría ser un título para su próximo libro, ¿verdad?].

jueves, 14 de octubre de 2010

La capacidad intelectual se relaciona con el consumo de alcohol

Satoshi Kanazawa se está ganando, a pulso, fama de heterodoxo. Es un psicólogo evolucionista que ha formulado la teoría de que la capacidad intelectual se desarrolló para resolver problemas novedosos en términos evolucionistas.

Hace algún tiempo presentamos sus evidencias favorables al hecho de que los vespertinos son más inteligentes que los matutinos porque vivir la noche es más reciente en términos evolucionistas.


Ahora nos dice este científico que los más capaces intelectualmente son también excelentes bebedores. El consumo de alcohol (cerveza, vino y licores) tal y como se hace en la actualidad (la propia sustancia ingerida y el método de consumo) es novedoso, en el sentido comentado anteriormente.

Los datos de Reino Unido y los Estados Unidos apoyan la hipótesis: existe una tendencia a un incremento sistemático en el consumo de alcohol con el aumento de capacidad intelectual. La tendencia se mantiene aunque se controle el efecto de variables como el sexo, la etnia, la religión, el estado civil, el número de hijos, el nivel educativo, los ingresos, las tendencias depresivas, la satisfacción con la vida, la red de amistades, el número de parejas recientes, así como el nivel educativo de la madre o del padre. La gráfica muestra los resultados –fuente: National Child Development Study (NCDS), Reino Unido. Algo similar ocurre en Estados Unidos.


Kanazawa no se preocupa por el hecho de que beber en exceso pueda tener consecuencias negativas sobre la salud: “que la conducta de beber sea perjudicial para la salud y que no tenga ninguna consecuencia positiva es irrelevante para la hipótesis”.

Esa hipótesis es irrelevante para la salud, limitándose a predecir que mayores niveles de capacidad intelectual se asociarán a conductas novedosas en términos evolucionistas. Puesto que el consumo reciente de bebidas alcohólicas –incluyendo aquí cogerse una melopea de campeonato—es algo novedoso, los datos resultan consistentes con la hipótesis.

Apostaría que la socióloga Linda Gottfredson no está demasiado de acuerdo con Kanazawa. Esta autora lleva ya un buen número de años procurando información en la que se muestra cómo la capacidad intelectual se relaciona con la salud, tanto física como mental. Sus trabajos caen dentro de la denominada ‘epidemiología cognitiva’.


Cómo se conjugan ambas de evidencias será algo que habrá que discutir.

Y se vislumbra diversión…

jueves, 29 de julio de 2010

¿Protege el nivel de estudios contra la demencia?


Se ha publicado en la revista ‘Brain’ una investigación en la que se concluye que un mayor nivel de estudios protege contra la demencia:

EClipSE Collaborative Members (2010). Education, the brain and dementia: neuroprotection or compensation? doi:10.1093/brain/awq185 Brain 2010: 133; 2210–2216.

Existe incluso un efecto de la dosis: a mayor nivel de estudios, más probabilidades de resistirse a los efectos de la degeneración del cerebro. Por cada año de más dentro del circuito educativo, se calcula un 11% de reducción en el efecto psicológico de la demencia.

De hecho, las personas que pasan por la universidad se encuentran menos afectadas que quienes abandonan los estudios a las primeras de cambio.

La investigación se encuadra dentro de un estudio longitudinal en el que se ha analizado, mediante autopsia, los cerebros de casi 900 personas. Los resultados indican que aunque dos cerebros presenten un deterioro objetivo equivalente, la repercusión funcional es menor cuanto mayor es el nivel de estudios del individuo.

Un dato interesante es que las personas de mayor nivel educativo presentaron también un cerebro de mayor peso. Según los autores, puede ser que quienes llegan más arriba en la escala educativa posean un cerebro más grande desde el principio (se supone que por razones genéticas), o bien es posible que el cerebro se haga más grande (neurogénesis, etc.) a consecuencia de la estimulación que supone educarse.

En palabras textuales el artículo concluye: “quienes se educan más tiempo son capaces de compensar la patología cuando se presenta; la hipótesis de que existe un efecto protector contra la patología que actúa durante el ciclo vital y que se puede atribuir a la educación no parece verosímil”. Es decir, los autores se decantan porque existe una compensación.

Además, dicen, “se puede esperar que un bajo logro educativo promueva un menor nivel socioeconómico”. Y, puesto que eso conlleva peores condiciones de vida, los ciudadanos con menos recursos serán más vulnerables.

Sin embargo, resulta particularmente chocante que el artículo ni siquiera haga mención del factor psicológico que mejor predice las diferencias educativas que separan a los individuos de la población. Como se sabe, este factor corresponde a la capacidad intelectual o CI.

Es difícil encontrar una respuesta a la pregunta de por qué el proyecto EClipSE no valora la capacidad intelectual de los participantes.

La secuencia que se puede sugerir es: una mayor capacidad intelectual predice un mayor nivel educativo (de hecho es el mejor predictor del abandono prematuro de los estudios) el que, a su vez, permite compensar los efectos de la demencia. Si la secuencia es verosímil, y, por lo que conocemos hasta ahora es altamente probable, entonces el verdadero mensaje del estudio es que una mayor capacidad intelectual protege, en último término, contra los devastadores efectos de la degeneración cerebral.

Esta conclusión sería coherente con el famoso estudio de las monjas (http://robertocolom.blogspot.com/2009/07/el-estudio-de-las-monjas.html) y con la disciplina conocida como ‘Epidemiología cognitiva’ (http://robertocolom.blogspot.com/2010/05/el-odio-de-algunos-psicologos-la.html). Como destaca esta disciplina, las consecuencias de aceptar esta perspectiva resultarían particularmente reveladoras y sugerirían novedosos modos de intervención para la prevención.

jueves, 15 de julio de 2010

Las enfermedades infecciosas predicen las diferencias de capacidad intelectual que separan a los países


Se ha publicado en los ‘Proceedings of the Royal Society’ un trabajo que muestra la relación existente entre la presencia de enfermedades infecciosas y la capacidad intelectual de las naciones.

Christopher Eppig, Corey L. Fincher and Randy Thornhill (2010). Parasite prevalence and the worldwide distribution of cognitive ability. Proc. R. Soc. B. Published online 30 June 2010, doi: 10.1098/rspb.2010.0973.

Las enfermedades infecciosas predicen las diferencias nacionales de inteligencia incluso controlando el efecto de sus diferencias de temperatura, la distancia desde el continente africano y el nivel de riqueza, así como distintas medidas de nivel educativo. Como muestra la figura, cuanto mayor es el indicador de infecciones, menor en la capacidad intelectual.

La presencia de infecciones impide que el organismo pueda invertir la energía necesaria para promover un adecuado desarrollo cerebral. En los neonatos el cerebro reclama casi el 90% de los recursos metabólicos, aunque esa necesidad se reduce al 45% a la edad de 5 años y pasa al 25% en adultos.

Los parásitos están detrás de trastornos como la diarrea. La presencia sistemática de diarrea durante los cinco primeros años de la vida puede producir efectos negativos a largo plazo sobre el desarrollo del cerebro, y, por tanto, sobre la capacidad intelectual.

Una de las hipótesis más prometedoras para explicar las diferencias nacionales de inteligencia es el estatus nutricional. Sin embargo, en este estudio se comprueba que la relación desaparece cuando se controla el efecto de las enfermedades infecciosas.

En resumen, la presencia sistemática de enfermedades provocadas por parásitos dirige la energía disponible en el organismo hacia el combate del trastorno en lugar de usarse para promover el desarrollo del cerebro, y, por tanto, el desarrollo intelectual.

Si se confirman estos resultados, entonces nos preguntaremos si, por ejemplo, el famoso efecto Flynn (el aumento de inteligencia de generación en generación documentado durante el siglo XX, es decir, el hecho de que los jóvenes de ahora son más inteligentes que los de generaciones previas) puede atribuirse a la reducción de la presencia de enfermedades infecciosas.

Si se pudiera apoyar esta perspectiva ‘reduccionista’, entonces sería innecesario recurrir, como hace el propio James Flynn, a sesudas digresiones sobre el efecto del aumento de la complejidad social o a la revolución mental que ha supuesto el acceso a la ciencia por parte del grueso de la población.

El mensaje se simplificaría extraordinariamente: acaben con los parásitos para mejorar la inteligencia de la población, y dejen para después todo lo demás.

El mayor impedimento para que se pueda admitir a trámite esta estrategia reside en que existen científicos sociales incapaces de aceptar, honestamente, que lo que ellos pueden aportar, al menos por ahora, es menos importante de lo que pensaban. Quedarse sin agenda es desagradable…

martes, 13 de julio de 2010

P7C3 produce neuronas en el cerebro

Por ensayo y error se ha descubierto que una sustancia denominada P7C3 estimula el crecimiento de nuevas neuronas en el cerebro. De hecho, el mecanismo se produce en regiones específicamente dedicadas a los procesos de memoria y aprendizaje.

Los científicos pusieron a prueba el efecto de alrededor de 1.000 sustancias. Se tuvo suerte y se comprobó que P7C3 provocaba el efecto deseado en el cerebro de ratones.

Basándose en el hecho previamente demostrado de que el cerebro de los mamíferos continúa generando nuevas neuronas en la etapa adulta, se quiso averiguar si existía algún modo de incentivar su crecimiento. Se inyectaron sustancias en ratones modificados que no podían generar neuronas.

Los ratones de más edad tratados diariamente con P7C3 mostraron un aumento en la formación de nuevas neuronas, así como mejoras significativas en su habilidad para superar un test estándar de aprendizaje y memoria.

El efecto específico de la P7C3 consiste en proteger a las nuevas neuronas que se producen en el cerebro. Es fácil que estas nuevas neuronas mueran antes de convertirse en funcionales, salvo que actué la P7C3.

Por tanto, P7C3 es un agente neuro-protector.

Naturalmente ya se piensa en desarrollar fármacos que contengan sustancias similares para combatir las enfermedades degenerativas que tanto daño están causando a la población.

Pero también podría comenzarse a especular sobre cuál podría ser su efecto en población normal. ¿Podríamos hacernos más inteligentes si pudiéramos proteger y estimular nuestros cerebros intactos?

miércoles, 9 de junio de 2010

Bacterias y Capacidad Intelectual

Los ratones de laboratorio no paran de darnos sorpresas. Recientemente se ha informado, por ahora en el contexto de un congreso científico celebrado en San Diego, de que las bacterias podrían contribuir a incrementar nuestra capacidad intelectual.

‘Mycobacterium vaccae’ es una bacteria de tierra (descubierta en las heces de las vacas) que se respira espontáneamente cuando paseamos por el campo. Cuando se inyecta esta bacteria en ratones se promueve el desarrollo de ciertas neuronas, incrementando, también, los niveles de serotonina y reduciendo el nivel de ansiedad.

Pero la serotonina también posee un papel en el aprendizaje, por lo que cabe preguntarse si se mejora esa capacidad en los roedores.

El siguiente paso consistió en añadir bacterias vivas a la comida de los ratones y estudiar su comportamiento en un laberinto. Sus movimientos se compararon con los de ratones que no habían ingerido la bacteria. Sorprendentemente, los ratones experimentales eran el doble de rápidos que los ratones de control.

Sin embargo, cuando se les retiró la bacteria de la dieta, los ratones experimentales perdieron velocidad de movimientos en el laberinto, aunque todavía eran algo más rápidos que sus colegas de control.

En el seguimiento, hecho tres semanas más tarde, ambos grupos de ratones prácticamente se habían equiparado. Por tanto, si no se sigue suministrando la bacteria, su ventaja se disipa.

Los investigadores que están detrás de este estudio se muestran tan excitados por los resultados del hallazgo, que sugieren el desarrollo de un programa de inmersión de los alumnos de las escuelas en ambientes ricos en ‘Mycobacterium vaccae’ para contribuir a mejorar su nivel de aprendizaje.

Tan desesperados estamos los científicos por mejorar la capacidad intelectual de la población (y las razones que están detrás de este deseo son contundentes) que parecemos dispuestos a aceptar soluciones provenientes, a fin de cuentas, de la mierda de vaca…

viernes, 28 de mayo de 2010

Brain Development Cooperative Group

El ‘Brain Development Cooperative Group’ acaba de publicar un estudio con una muestra, representativa de la población, compuesta por 285 participantes de entre 4 y 18 años de edad (es, por tanto, un estudio ‘transversal’, no longitudinal).
  
Mediante resonancia magnética obtuvieron los volúmenes totales y regionales del cerebro de los chavales, y pusieron en relación sus diferencias en estos volúmenes con variables como la capacidad intelectual (CI), el nivel educativo y de ingresos de los padres, la edad o el sexo.

Tres son los principales resultados. Primero, el nivel educativo de los padres se relaciona con la CI de los chavales, independientemente de su volumen cerebral total o regional.

Segundo, las relaciones observadas de la material gris y blanca del lóbulo temporal, así como de la materia blanca del lóbulo frontal, con la capacidad intelectual, se debe a los tests de carácter no-verbal usados para medir esa CI (las correlaciones oscilan entre 0.20 y 0.27 sobre un máximo de 1). Los volúmenes de otras regiones cerebrales no se relacionan con la CI.

Tercero, la circunferencia de la cabeza es un índice insuficiente del volumen cerebral en chavales en proceso de desarrollo (la correlación promedio observada entre esa circunferencia y el volumen cerebral interno es de 0.60, pero varía según la edad, pasando de 0.80 en los más jóvenes a 0.26 en los mayores –la figura muestra las curvas para el volumen de la cavidad intracraneal, el volumen cerebral total y la circunferencia de la cabeza).

Esta investigación es interesante, pero padece, al menos, un problema grave. La relación entre el nivel educativo de los padres y la CI de los chavales puede ser debida al parentesco genético que produce que padres e hijos se parezcan más en su CI que dos personas tomadas al azar de la población. Por tanto, esa relación indicaría que padres más inteligentes poseen mayor nivel educativo y, por tanto, tienen hijos más inteligentes porque ellos son más inteligentes, no porque poseen mayor nivel educativo.

Por otro lado, el análisis de una muestra representativa de la población permite poner en entredicho la relevancia de las regiones frontales y parietales para comprender las diferencias de CI. Esa relevancia proviene del análisis previo de muestras que no representan a la población. Según este nuevo estudio, el frontal es relevante, pero en lugar del parietal debería subrayarse el temporal. Los lóbulos frontales y temporales se desarrollan más tardíamente que otras regiones del cerebro, son importantes para procesos cognitivos complejos (como el lenguaje o las funciones ejecutivas), y, al igual que en el caso de la CI, los genes aumentan su influencia sobre estas regiones con la edad.

Se puede ser escéptico con respecto a la conclusión de que la materia gris del frontal no contribuye a las diferencias de CI. Además, es cierto que los modelos más integradores actuales subrayan los lóbulos frontal y parietal, pero consideran también otras regiones de los lóbulos temporales y occipitales, además de determinadas estructuras subcorticales.


lunes, 26 de abril de 2010

Mujeres y Varones en la Ciencia

Hace algunos días se publicó en el periódico inglés ‘The Times’ una carta escrita por un Profesor Emérito de Psicología de la Universidad del Ulster (Richard Lynn). Es posible que tenga algún interés para los lectores de este blog, así que la reproduzco seguidamente:

“Catherine Coley se preguntaba el 13 de Abril, en este mismo periódico, ‘¿por qué son tan pocas las mujeres licenciadas que se convierten en profesores y miembros de la Royal Society?’. Susan Greenfield también está preocupada: ‘me inquieta que solamente un 10% de los profesores de ciencias sean mujeres’ (entrevista, 15 de abril, página 50).

Hay cuatro respuestas a este problema.

Primero, los varones tienen, en promedio, una mayor capacidad intelectual (CI) que las mujeres. Esta ventaja se vincula al hecho de que los varones tienen, también en promedio, un cerebro mayor, aunque esta ventaja solamente se manifiesta a partir de los 16 años de edad, llegando a una diferencia equivalente a 5 puntos de CI en adultos. Esto produce que haya más varones con el alto CI exigido para el éxito en las profesiones y los negocios en los que se requiere un alto CI.

Segundo, la variabilidad o rango en inteligencia es mayor en varones que en mujeres, por lo que habría más varones con niveles de CI muy altos y muy bajos. Este hecho aumentaría todavía más el número de varones altamente inteligentes. Por encima de 145 de CI (1 por mil) la ratio varón-mujer sería de 8 a 1.

Tercero, varones y mujeres tienen distintos tipos de inteligencia. Los varones serían mejores en razonamiento, así como en capacidades espaciales y matemáticas, mientras que las mujeres serían tan buenas como los varones en capacidad verbal, y mejores que los varones en segundas lenguas. Este hecho explicaría por qué los varones están particularmente sobre-representados en matemáticas y en ciencias físicas, algo menos en biología, y por qué las mujeres tienen tanto éxito como los varones como novelistas y como escritoras de secciones de opinión en ‘The Times’.

Cuarto, los varones son más competitivos y están más motivados que las mujeres para alcanzar el éxito. Esta es una característica del sexo masculino en todos los mamíferos sociales y está dirigida hormonalmente. Las mujeres estarían más motivadas para el cuidado de los niños.

Todas estas diferencias se refieren a promedios. No son verdad para todos los varones y para todas las mujeres. Existe un considerable solapamiento, tanto en las capacidades, como en las motivaciones de ambos sexos. De todos modos, son lo suficientemente pronunciadas como para explicar las disparidades que se observan en los altos niveles de logro.

Estas diferencias parecen estar determinadas genéticamente, aunque las convenciones y las expectativas sociales pueden reforzarlas.

Por estas razones, las medidas diseñadas para promover, mediante ingeniería social, que haya más mujeres en las posiciones más altas constituyen intentos de hacer encajar piezas cuadradas en agujeros redondos. Esta clase de esfuerzos chocaran con la roca de la naturaleza humana”.

La pregunta es: ¿en qué se equivoca Richard Lynn?

miércoles, 17 de marzo de 2010

Los ingresos dependen de la capacidad intelectual ¿y del atractivo físico?

Hace tiempo se sabe que una mayor capacidad intelectual ayuda a mejorar la posición económica. Sin embargo, no solamente la inteligencia está detrás de las diferencias de ingresos.

Un estudio dirigido por Timothy Judge, y publicado en el ‘Journal of Applied Psychology’ ha encontrado que el atractivo físico ayuda a engrosar los ingresos. Existe una disparidad entre las nóminas de personas de similar capacidad intelectual pero de diferente atractivo físico.

Se analizaron datos del ‘Harvard Study of Health and Life Quality’. El HSHLQ es un estudio longitudinal en el que se consideró a un grupo de 191 personas de entre 25 y 75 años de edad.

Se les preguntó por sus ingresos, su nivel educativo y sus tensiones financieras, además de por lo satisfechos que se encontraban en general con sus logros. También completaron varios tests de inteligencia y se les tomó una serie de fotografías.

Un grupo de evaluadores (de distinto sexo y edad) sometió a valoración su atractivo, teniendo en cuenta su sexo y edad. Se comprobó que el atractivo físico tenía un impacto en los salarios, en su nivel educativo y en cómo se valoraban a sí mismos los miembros de la muestra.

Las personas que recibieron valoraciones de alto atractivo físico ganaban más dinero, poseían un mayor nivel educativo y se mostraban más confiados en sí mismos. No obstante, el efecto de su capacidad intelectual sobre los ingresos fue sustancialmente mayor que el de su atractivo.

Declara Judge: “los cerebritos no están en desventaja frente a los guapos, pero si tienes ambas cosas, tanto mejor”.

Y todavía va un poco más allá. Los guapos piensan que valen más de lo que realmente valen, así que los resultados deberían alertar a quienes contratan personal. Quienes seleccionan empleados pueden dejarse engañar por las apariencias, pero los datos señalan, claramente, que es mucho más eficiente para quien contrata fijarse, en primer lugar, en medidas objetivas de capacidad intelectual y de personalidad.

Nada nuevo bajo el sol (por ahora).

Referencia

Timothy A. Judge, Charlice Hurst, and Lauren S. Simon (2009). Does It Pay to Be Smart, Attractive, or Confident (or All Three)? Relationships Among General Mental Ability, Physical Attractiveness, Core Self-Evaluations, and Income. Journal of Applied Psychology, Vol. 94, No. 3

sábado, 6 de marzo de 2010

El Crack de Belen Esteban

En vano me esforcé por sustraerme a la extraordinaria influencia mediática de Belén Esteban. Pero, finalmente, me debo rendir a la evidencia sobre su brutal capacidad de convocatoria. Desde la cinta de correr del gimnasio, mire a la cadena de TV que mire, me percato de que Esteban es como Dios: esta en todas partes. Se la ve manejar con soltura a los cómplices periodistas que creen conocer el modo de mantener al público en la cadena que les da de comer.

Los ‘intelectuales’, que creen estar en posesión de la verdad, dirían que Esteban representa lo peor de la audiencia, que alimenta el cotilleo en el peor sentido del termino. Sin embargo, es evidente que Esteban es capaz de dar algo que los espectadores desean. No en vano lleva casi una década, ininterrumpidamente, en los programas llamados del corazón.

Viéndola manejar, simultáneamente, las preguntas de varios periodistas, es prácticamente inevitable deducir que Esteban es una superdotada, que posee una capacidad intelectual muy por encima de la media de la población. No tengo una especial adhesión por este diagnostico, pero las pruebas objetivas resultan bastante contundentes. Saber lo que la audiencia quiere es una tarea realmente exigente y ella no solamente lo sabe sino que, usando los ingredientes adecuados en el momento apropiado, se muestra capaz de aguantar día tras día en la palestra. Pocas figuras mediáticas pueden alcanzar este logro.

La base científica que permite explicar el éxito de Esteban es sólida. Todos nosotros poseemos un modulo cerebral que se encarga de codificar información sobre los demás, sin que podamos hacer nada para evitarlo: es algo automático. Nuestro cerebro social necesita ‘alimento’ y Belén Esteban lo cocina a la perfección. Ese modulo cerebral, con el que nacemos, es provechosamente usado por esta clase de personajes mediáticos. Pero hay que saber como estimularlo apropiadamente y Esteban es, indiscutiblemente, una maestra de esa gastronomía social.

Aunque la cabeza me lleve a abominar de esta conclusión, debo quitarme el sombrero y admitir que sabe de lo que habla cuando dice lo que dice. Es un autentico crack mediático que merece ser estudiado atentamente.

viernes, 12 de febrero de 2010

Riesgo Cardiovascular y Capacidad Intelectual

En un artículo publicado en el ‘European Journal of Cardiovascular Prevention and Rehabilitation’ se ha informado de que, una vez descartado el efecto del tabaco, el segundo factor de riesgo cardiovascular es la capacidad intelectual (CI).

Es interesante que la CI sea más relevante que otros factores de riesgo, como la hipertensión o la obesidad.

El estudio se basó en el seguimiento de más de mil personas que tenían 55 años en 1987 y que fueron exploradas de nuevo 20 años después. Al analizar nueve factores de riesgo de mortalidad cardiovascular, se observó que los dos mejores predictores eran el tabaquismo y una baja capacidad intelectual.

Concretamente los valores de riesgo son: tabaquismo (5,9), capacidad intelectual (3,8), bajos ingresos (3,2), presión sistólica (2,6) y escasa actividad física (2,1).

La razón del relevante papel de la capacidad intelectual es el despliegue de conductas relacionadas con el cuidado de la salud. Una baja capacidad intelectual puede dificultar el darse cuenta de los riesgos de fumar o de los hábitos de vida sedentarios, que, a su vez, influirían sobre la obesidad o la presión arterial.

También es posible que la CI sea un modo de cuantificar las agresiones del entorno: enfermedades o problemas nutricionales durante el desarrollo.

Quizá la principal conclusión de este estudio sea la necesidad de adaptar las campañas de prevención al nivel intelectual de los ciudadanos.




martes, 9 de febrero de 2010

El castigo corporal reduce la capacidad intelectual de los países

Murray A. Straus, famoso criminalista, ha presentado un sugerente trabajo –que me ha enviado un buen amigo—en el que se cruzan dos tipos de datos. El primero es que el uso del castigo corporal para educar a los niños, se ha reducido durante el siglo XX. Este castigo se define como el uso de la fuerza física para provocar dolor, pero no daños, en el niño, con el objetivo de corregir o controlar su conducta.

El segundo dato es que, en ese mismo periodo, ha aumentado la capacidad intelectual generación tras generación. Esto se corresponde con el famoso efecto Flynn, documentado en varios países del globo.

El estudio, exploratorio por ahora, se inspira en el hecho conocido de que el uso del castigo físico dificulta el desarrollo educativo de los chavales en el colegio. Se razona que esa dificultad está provocada por el impacto del castigo sobre la capacidad intelectual. Una reducción de esta capacidad provocaría peores dividendos educativos.

El informe de Straus considera 32 países, comparando sistemáticamente los cambios en el uso del castigo físico y el aumento de capacidad intelectual. Según sus resultados, el autor predice que una mayor reducción en el uso del castigo físico, promovería el desarrollo intelectual de las generaciones venideras.

Se consideran dos países sub-saharianos (Sudáfrica y Tanzania), siete de Asia (China, Hong Kong, India, Japón, Singapur, Corea y Taiwán), 13 de Europa (Bélgica, Alemania, Reino Unido, Grecia, Hungría, Lituania, Malta, Holanda, Portugal, Rumania, Rusia, Suecia y Suiza), 4 de Sudamérica (Brasil, Guatemala, México y Venezuela), dos de Próximo Oriente (Irán e Israel), dos de Norteamérica (Canadá y Estados Unidos), y dos de Oceanía (Australia y Nueva Zelanda). No hay datos sobre España, por lo que parece.

En los países con mayores índices de castigo físico se entorpece el desarrollo de los niños en mayor grado, y, por tanto, deberían experimentar menores ganancias generacionales de capacidad intelectual. Y eso es precisamente lo que se encuentra, aunque la relación (negativa) no es demasiado poderosa, como puede verse en la gráfica. Se observa que a mayor castigo físico, menor es el aumento generacional de capacidad intelectual.

¿Qué pensará de este resultado James R. Flynn? --voy a preguntarle, ¿por qué no?

Para Flynn, las causas de las ganancias generacionales de inteligencia están en otra parte. Concretamente en nuestra mayor sofisticación mental, en nuestra mejor habilidad para analizar el mundo desde una perspectiva abstracta. La conexión con el castigo físico parece difícil de hacer. Pero nunca se sabe…

viernes, 20 de noviembre de 2009

Capacidad intelectual y vida política


En un estudio longitudinal hecho en Reino Unido, se midió la capacidad intelectual de más de 17.000 niños, nacidos en 1970, cuando tenían 5 años de edad. En 2004, es decir, cuando llegaron a los 34 años de edad, se hizo una evaluación sobre sus tendencias y actuaciones de carácter político.

Las preguntas se dirigían a averiguar si habían votado en las elecciones generales en el Reino Unido celebradas en 2001, a qué partido habían votado, a cuál votarían en 2004, cuál era su interés por los temas políticos, si, durante el último año, habían asistido a algún mitin político o si habían firmado algún impreso de carácter político.

Los resultados indicaron que la gente con mayor capacidad intelectual en su infancia tenía una mayor probabilidad de haber votado en 2001 (un aumento del 38% en la prevalencia por cada 15 puntos de CI de más) y haberlo hecho a los verdes y a los demócratas liberales (un aumento del 50% en la prevalencia por cada 15 puntos de CI de más). Su intención de voto también se dirigía a esos dos partidos políticos.

Además, la gente con mayor capacidad intelectual en su infancia se mostró más implicada en actividades políticas (un aumento de entre el 40 y el 65% en la prevalencia por cada 15 puntos de CI de más).

El demócrata liberal es un partido fundado en 1988 en Reino Unido, pero cuyo origen se remonta al siglo XIX. Es un partido de centro, preocupado por el estado de bienestar y por el apoyo social a las personas desfavorecidas. El verde es un partido de centro-izquierda.

Ha existido un cierto debate sobre si la capacidad intelectual posee algún papel en la implicación de la gente en la vida política de sus países. Algunos han negado esa posibilidad. Otros han mantenido que pudiera tener algún papel, porque una mayor capacidad intelectual se relaciona con un mayor nivel educativo, y esta mayor educación promueve el interés por la política.

Sin embargo, el estudio que estamos comentando valora la capacidad intelectual a los 5 años de edad, momento en el que todavía no existe una escolarización reseñable, y las diferencias de capacidad intelectual a esa edad tan temprana predicen la futura implicación política.

Por consiguiente, de modo genuino, la capacidad intelectual parece poseer un relevante papel, tanto en las actitudes como en las acciones políticas. Se relaciona con actitudes sociales más liberales y con la decisión de votar. Por cierto, las diferencias socioeconómicas entre las personas que participaron en el estudio, no influyeron en la relación observada, lo que incrementa el carácter auténtico de la asociación.

En resumen, la participación en las actividades democráticas se asocia a la capacidad intelectual. Una mayor capacidad en la infancia predice cómo y cuánto se implica la gente en el proceso democrático, apoyando ideologías políticas basadas en la conservación del planeta y en el liberalismo social.

Los sociólogos tienen difícil librarse de este importante factor psicológico para comprender fenómenos de claro interés social como la implicación política. Ocultar la evidencia podría ser considerado un síntoma de corrupción científica.

domingo, 2 de agosto de 2009

¿INFLUYE LA COMIDA DEL BEBÉ EN LA FUTURA INTELIGENCIA DEL NIÑO?

Hace tiempo que sabemos que los bebés alimentados con la leche materna obtienen mejores puntuaciones en los test de capacidad intelectual. No obstante, en una buena parte de las investigaciones no se ha tenido en cuenta factores que pueden alterar los resultados, tales como la inteligencia de la madre (madres más inteligentes pueden tener niños más inteligentes simplemente porque son parientes).

Ningún estudio había examinado, hasta ahora, los efectos que tiene la alimentación seguida por los bebés cuando se inician en el consumo de productos sólidos.

En una reciente investigación se ha analizado las consecuencias de la nutrición temprana cuando los niños cumplen los cuatro años de edad, controlando otros factores que pueden influir en su inteligencia (el CI de la madre, su clase social, el nivel educativo de la madre o la calidad del ambiente familiar).

Un grupo de enfermeras visitó a las madres y a sus bebés cuando tenían 6 y 12 meses de edad. Se aplicó un cuestionario sobre el tipo de dieta seguida por los bebés, dividiéndose en dos grupos:

(1) Elevada frecuencia de consumo de frutas, vegetales, pescado, comidas caseras y un bajo consumo en productos preparados y leche pasteurizada y
(2) Elevada ingesta de 'snacks', carne procesada, patatas fritas de bolsa y refrescos.

Al cumplir los cuatro años de edad se evaluó la capacidad intelectual, la atención visual, la precisión viso-motora y la fluidez verbal. No se observó ninguna diferencia entre los grupos de niños que siguieron las distintas dietas en ninguna de estas medidas, salvo en lo relativo a la capacidad intelectual.

La diferencia promedio fue de 2.5 puntos. Es decir, si los bebés que siguieron la segunda dieta obtuvieron un promedio de CI de 100, los que siguieron la primera dieta obtuvieron un promedio de CI de 102.5. Este efecto se observó aún cuando se tuvo en cuenta el nivel educativo de la madre, su capacidad intelectual, la clase social y la calidad del ambiente familiar.

No obstante, este resultado es ilusorio. Lo más probable es que la leve diferencia que separa a ambos grupos de niños se disipe con el paso de los años. Algo similar a lo que sucede con los programas de estimulación precoz o temprana: existe un potente efecto a corto plazo, pero a largo plazo los efectos se desvanecen. Aún así, habrá que esperar al seguimiento...

martes, 6 de enero de 2009

CAPACIDAD INTELECTUAL Y MORTALIDAD

Recientemente se ha publicado un interesante artículo en Epidemiology (Volume 20, Number 1, January 2009) titulado “IQ in Early Adulthood and Mortality By Middle Age. Cohort Study of 1 Million Swedish Men”.

En este estudio de 1 millón de personas se ha observado que quienes obtuvieron bajas puntuaciones en un test de capacidad intelectual aplicado en el momento de hacer el servicio militar, presentan una probabilidad tres veces más elevada que quienes presentaron una mayor capacidad intelectual de haber fallecido al llegar a los 50 años de edad.

Las ventajas socioeconómicas de sus familias, así como indicadores físicos tales como el índice de masa corporal o la presión sanguínea, no alteraron esa probabilidad. Sin embargo, el nivel educativo alcanzado si la redujo visiblemente. La figura muestra cómo se reduce la mortalidad en la edad adulta conforme aumenta la capacidad intelectual evaluada durante el servicio militar. La barra blanca refleja el efecto de controlar el nivel educativo.

En cualquier caso, controlar por nivel educativo es una práctica dudosa, ya que la capacidad intelectual es un poderoso predictor del nivel educativo. Es una mayor capacidad la que permite aprender más y mejor, no al revés. De hecho, los autores del estudio proponen que una alta capacidad intelectual facilita el éxito educativo y éste un mayor estatus social, mejorando el uso regular de conductas saludables como evitar el hábito de fumar, la práctica del ejercicio físico, el uso de dietas saludables o del cinturón de seguridad al usar un vehículo.

En una palabra, los epidemiólogos comienzan a tomarse en serio el posible papel de la capacidad intelectual para comprender las causas de los problemas de salud en la sociedad actual. Los psicólogos tienen algo que decir. ¿Lo dirán?