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martes, 22 de noviembre de 2011

El pueblo elegido


El Profesor Richard Lynn me ha enviado recientemente su último libro 'The chosen people. A study of Jewish intelligence and achievement' (Washington Summit Publishers, 2011) con una nota personal en la que me señala que los españoles hicimos mal en expulsar a los judíos en 1492.

¿Por qué?

Por la tesis básica de esta obra: el éxito del pueblo judío puede atribuirse, en buena medida, a su alta inteligencia (10 puntos por encima de la media de 100 de, por ejemplo, los europeos).

La mayor parte de los capítulos del libro están dedicados a glosar los logros de los judíos en distintos lugares del planeta. El panorama revela que ellos se encuentran extraordinariamente sobre-representados en indicadores de excelencia como los premios Nobel. Pero también en cuestiones menos nobles como la banca, el espectáculo o los medios de comunicación.

Hay varias teorías sobre este hecho constatado --motivación, redes étnicas y familiares, marginación, aptitudes especiales y suerte-- pero Lynn piensa que la evidencia favorece a la basada en su mayor inteligencia, y, además, que su ventaja es, esencialmente, de carácter genético.

"Es difícil evitar la conclusión de que los sociólogos conocen que los judíos poseen un alto CI, pero que han decidido ignorar ese hecho.
Los psicólogos expertos en inteligencia conocen los datos sobre el mayor CI de los judíos, pero también lo ignoran.
¿Por qué?

Posiblemente porque el alto CI de los judíos revela tres incómodos problemas:

(1) su alto CI debe tener una base genética
(2) las costumbres eugenésicas de los judíos [que Lynn revisa] han contribuido a ese alto CI, y, por tanto, demuestran la eficacia de la eugenesia para aumentar la inteligencia, y
(3) un grupo étnico minoritario con un alto CI triunfa a pesar de haber sido fuertemente discriminado durante su historia.

Pero ¿quién está dispuesto a admitir que la eugenesia funciona y ha contribuido a la alta inteligencia y los extraordinarios logros del pueblo judío?
Evidentemente no quienes han escrito libros de texto de psicología, sociología e inteligencia.

La explicación estándar sobre por qué grupos como los Afroamericanos, los hispanos o los amerindios presentan menor CI, menor nivel educativo, menores ingresos y un más bajo nivel socioeconómico, se cimenta sobre la discriminación ejercida por los blancos.

Sin embargo, los judíos han sufrido una poderosa discriminación durante los últimos 2.000 años, pero eso no ha influido en su inteligencia y en sus logros.
¿Cómo puede explicarse esta situación?

La única posible inferencia es que un grupo étnico de alto CI triunfa a pesar de la discriminación".


Sobre estas cuestiones gira, en esencia, la tesis de Lynn en esta obra.

Por cierto, no todos los judíos poseen ese CI promedio de 110. Lynn distingue los Ashkenazi, los sefardíes, los Mizrahim y los etíopes. Solamente los primeros disfrutan de esa excelencia intelectual.

¿Pero realmente han sido perseguidos los judíos?

Algunos datos:

-. 100.000 fueron asesinados en Bavaria y Austria en 1.298.
-. En el siglo XIV fueron expulsados de Francia.
-. En la primera parte del siglo XV se les expulsó de Austria y Alemania.
-. En la segunda parte del siglo XV se les expulsó de España, Portugal e Italia.
-. La persecución de los judíos en Rusia comenzó en 1881.
-. La última persecución masiva de los judíos sucedió en la década de 1930 en Alemania.

[Supongo que Lynn les habrá enviado la misma nota que a mí a sus colegas austriacos, alemanes, franceses --unos auténticos pioneros en eso de expulsar--, portugueses, italianos y rusos].


Y a pesar de esa historia, los judíos abundan --muy por encima de lo que cabría esperar según su número-- entre las elites económicas e intelectuales.

Quizá algún día podamos resolver el enigma.
O quizá alguien demuestre que Lynn está equivocado.

viernes, 8 de julio de 2011

La eugenesia del siglo XXI

A mediados del siglo XXI solamente la mitad de la población norteamericana tendrá origen europeo. El resto se repartirá entre latinoamericanos (30%), afroamericanos (15%) y asiáticos (9%). En Europa el panorama no será tan llamativo, pero los 'indígenas' también descenderán sustancialmente.

El psicólogo británico Richard Lynn acaba de publicar "Dysgenics. Genetic deterioritation in modern populations" (segunda edición revisada). Su principal objetivo es demostrar, usando evidencias como la recién comentada, que la civilización, tal y como la conocemos, declina. ¿Por qué? Según él porque los habitantes con peor stock genético se reproducen más que quienes atesoran los mejores genes. El resultado neto es que los genes que promueven una mayor capacidad intelectual y una más alta responsabilidad civil, se van perdiendo progresivamente.

Lynn es consciente de que, a día de hoy, es imposible rehabilitar la perspectiva de la eugenesia. Pero sostiene que pagaremos un precio por negar los hechos que él considera sólidos. Mientras que en la historia de la humanidad la naturaleza se ha encargado de eliminar a los individuos menos aptos, el advenimiento de las ciencias médicas que ahora conocemos, permite que muchos de quienes habrían perecido sobrevivan. Esos avances contribuyen al declive del stock genético de la humanidad.

La fertilidad mundial se encuentra acaparada por los menos aptos. Los hombres, y especialmente las mujeres, de mayor capacidad y más responsables civilmente, se reproducen mucho menos. Lynn revisa datos de varios países y las cuentas le salen a duras penas, con inconsistencias y con patrones a menudo irregulares.

En este ensayo, extraordinarias cantidades de números 'bailan' arriba y abajo para intentar mostrar que las elites intelectuales y morales pierden protagonismo rápidamente a favor de los estratos más bajos. Durante el siglo XX, el stock genético que sustenta la capacidad intelectual y la responsabilidad se ha deteriorado, aunque la tendencia ha permanecido oculta por el llamado efecto Flynn, es decir, las ganancias generacionales de inteligencia.

Pero en el siglo XXI, pronostica Lynn, veremos los efectos de esa tendencia decadente. El incremento generacional de inteligencia promovido por las mejoras socio-sanitarias y nutricionales, se debe dar por terminado en una gran parte de los países en los que se ha documentado, aunque siga vivo en los países en vías de desarrollo. A nivel mundial se reducirán las disparidades intelectuales debido al parón de los más desarrollados y al avance de los que siguen en transición.

Se observan contradicciones en la información que presenta Lynn. Por ejemplo, demuestra que quienes emigran suelen poseen mayor inteligencia que los que permanecen en sus países, pero, simultáneamente, mantiene que la inmigración hacia Estados Unidos y Europa deprime su inteligencia. También puntualiza que los hijos únicos poseen menor capacidad intelectual, pero que las familias con mayor fertilidad constituyen una amenaza porque corresponden a los menos aptos.

El autor acepta una sencilla ecuación según la cual los logros de un individuo --o, para el caso, de un país-- dependen de multiplicar la inteligencia por la responsabilidad:

Logro = Inteligencia x Responsabilidad

Si esos dos factores psicológicos poseen un relevante componente genético --como sabemos-- y el stock genético de la población declina, entonces los logros también descenderán. Es, por tanto, el comienzo del fin de la civilización según la conocemos, como se señalaba anteriormente.

Una gran capacidad intelectual y las más elevadas cotas de responsabilidad se concentran en las capas sociales más altas. Si estas se reproducen menos que las capas bajas, entonces, en promedio, la calidad genética de la población se deprime.

Lynn recurre a las palabras de David Coleman, demógrafo de la Universidad de Oxford, quien declaraba en 2010: "una de las ironías de vivir en una sociedad más plural es que preservar esa diversidad exige eliminar la diversidad de puntos de vista". A buen entendedor, pocas palabras.

En el capítulo 17, casi al final de su obra, Lynn reproduce una tabla con el nivel intelectual de la mayor parte de los países del mundo y sus niveles de fertilidad, calculando una relación negativa de -0.73. Por tanto, a mayor fertilidad, menor inteligencia. Según sus estimaciones, la capacidad intelectual declina casi 1 punto de CI por generación (25 años) por lo que en 2050 el CI mundial promedio será de 87.

El ensayo finaliza con una serie de réplicas a los críticos de la eugenesia, donde se incluyen afirmaciones como las siguientes:

"Los críticos dicen que no existen genes malos. Díganselo a quien haya heredado los genes que producen fibrosis quística, corea de Huntington o cualquiera de los cuatro mil genes que inducen trastornos; o díganselo a los padres con hijos con discapacidad intelectual o personalidad psicopática. Los defensores de la eugenesia piensan que hay malos genes que deben eliminarse. Están en lo correcto".

"Invertimos sustanciales sumas de dinero en educar a los niños y en rehabilitar a los criminales, precisamente porque pensamos que es positivo tener buenas capacidades mentales y ciudadanos que respeten la ley. Las declaraciones de que la discapacidad es tan buena como la capacidad, o que la psicopatía es tan buena como la responsabilidad, son simplemente un canto contemporáneo entonado por gente que no se ha tomado la molestia de pensar en lo que dice".

En su momento hice mi diagnóstico sobre la eugenesia, así que no voy a repetirme ahora. Véase el siguiente enlace (página 4):

lunes, 26 de abril de 2010

Mujeres y Varones en la Ciencia

Hace algunos días se publicó en el periódico inglés ‘The Times’ una carta escrita por un Profesor Emérito de Psicología de la Universidad del Ulster (Richard Lynn). Es posible que tenga algún interés para los lectores de este blog, así que la reproduzco seguidamente:

Catherine Coley se preguntaba el 13 de Abril, en este mismo periódico, ‘¿por qué son tan pocas las mujeres licenciadas que se convierten en profesores y miembros de la Royal Society?’. Susan Greenfield también está preocupada: ‘me inquieta que solamente un 10% de los profesores de ciencias sean mujeres’ (entrevista, 15 de abril, página 50).

Hay cuatro respuestas a este problema.

Primero, los varones tienen, en promedio, una mayor capacidad intelectual (CI) que las mujeres. Esta ventaja se vincula al hecho de que los varones tienen, también en promedio, un cerebro mayor, aunque esta ventaja solamente se manifiesta a partir de los 16 años de edad, llegando a una diferencia equivalente a 5 puntos de CI en adultos. Esto produce que haya más varones con el alto CI exigido para el éxito en las profesiones y los negocios en los que se requiere un alto CI.

Segundo, la variabilidad o rango en inteligencia es mayor en varones que en mujeres, por lo que habría más varones con niveles de CI muy altos y muy bajos. Este hecho aumentaría todavía más el número de varones altamente inteligentes. Por encima de 145 de CI (1 por mil) la ratio varón-mujer sería de 8 a 1.

Tercero, varones y mujeres tienen distintos tipos de inteligencia. Los varones serían mejores en razonamiento, así como en capacidades espaciales y matemáticas, mientras que las mujeres serían tan buenas como los varones en capacidad verbal, y mejores que los varones en segundas lenguas. Este hecho explicaría por qué los varones están particularmente sobre-representados en matemáticas y en ciencias físicas, algo menos en biología, y por qué las mujeres tienen tanto éxito como los varones como novelistas y como escritoras de secciones de opinión en ‘The Times’.

Cuarto, los varones son más competitivos y están más motivados que las mujeres para alcanzar el éxito. Esta es una característica del sexo masculino en todos los mamíferos sociales y está dirigida hormonalmente. Las mujeres estarían más motivadas para el cuidado de los niños.

Todas estas diferencias se refieren a promedios. No son verdad para todos los varones y para todas las mujeres. Existe un considerable solapamiento, tanto en las capacidades, como en las motivaciones de ambos sexos. De todos modos, son lo suficientemente pronunciadas como para explicar las disparidades que se observan en los altos niveles de logro.

Estas diferencias parecen estar determinadas genéticamente, aunque las convenciones y las expectativas sociales pueden reforzarlas.

Por estas razones, las medidas diseñadas para promover, mediante ingeniería social, que haya más mujeres en las posiciones más altas constituyen intentos de hacer encajar piezas cuadradas en agujeros redondos. Esta clase de esfuerzos chocaran con la roca de la naturaleza humana”.

La pregunta es: ¿en qué se equivoca Richard Lynn?