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lunes, 30 de enero de 2012

¿Por qué las mujeres practican sexo?

Cindy Meston y David Buss han publicado el libro titulado

'Why Women Have Sex'

Entrevistan a más de 1.000 mujeres de distintos lugares del planeta y los resultados revelan que, según ellas, existen 237 razones para practicar sexo.

La mayor parte de esas razones no están relacionadas con el romance o el placer.

Los autores las dividen esa razones físicas, emocionales y materiales.

Ellas dicen usar el sexo para, por ejemplo, aumentar su autoestima y mantener a sus amantes. Cindy Meston declara que las mujeres practican sexo "para promocionarse, obtener dinero, drogas, intercambiar, vengarse, o para recuperar a su pareja. Para sentirse mejor ellas mismas o para que sus parejas se sientan mal".

Según la autora, "las mujeres usan el sexo en distintas fases de sus relaciones, como señuelo, para poner a prueba al hombre y mantenerlo a su lado. Como un deber. Para librarse de él o ponerle celoso".

Meston muestra su sorpresa porque nunca pensó que hubiera tantas razones, desde meramente altruistas hasta realmente malignas.

La perspectiva de Meston y Buss es evolucionista, por lo que argumentan según nuestro pasado como especie. Repasan las cosas que atraen a los hombres y a las mujeres, recurriendo a argumentos manidos como que se busca la simetría como signo de un buen 'stock' genético y los recursos --en el caso de las mujeres.

Los hijos deben ser saludables, de ahí la relevancia de elegir una pareja genéticamente apropiada, pero también hay que mantenerles, por lo que resulta relevante la existencia de abundantes recursos materiales.

Pero la elección es delicada.

Seleccionar a una pareja como George Clooney o Antonio Banderas puede no ser una buena inversión para la mujer, porque ellos tienen un programa distinto al de ellas.

Esa clase de chicos no gustan precisamente de la monogamia. Y se pueden permitir el acceso a distintas mujeres con relativa facilidad. Alguien menos atractivo, pero más fiable, puede ser mejor elección.

Muchas de las mujeres entrevistadas declararon practicar sexo por puro placer físico, hecho que encaja con la existencia de una 'comisión sobre el orgasmo femenino' en la Organización Mundial de la Salud.

Las mujeres dicen usar el sexo, además, para que sus parejas no busquen en otra parte. Los autores recogen esta declaración: "la mayor parte del tiempo me tumbo y me dedico a repasar el día mientras él actúa. Gimo de vez en cuando para que sepa que sigo ahí y al terminar le digo que ha sido fantástico. Estamos felizmente casados".

La escena se ajusta bastante bien a una estrategia instrumental, alejada de la presunta expresividad que caracteriza a las mujeres. Pero seguramente se trata de un caso individual difícil de generalizar. O quizá no. Quién sabe.

De todos modos falta aquí el por qué del sexo para los hombres. Entrevistarles a ellos puede deparar, también, algunas sorpresas. Predigo que ellos usan el sexo para aumentar su autoestima, mantener a sus amantes, promocionarse, obtener dinero, vengarse, sentirse mejor o para que sus parejas se sientan mal.

A lo mejor no somos tan distintos aunque pueda parecerlo.

jueves, 12 de enero de 2012

♂ ≈ ♀

Esta semana algunos medios andan revueltos con el siguiente artículo:

Giudice, M, Booth, T., & Irwing, P. (2012). The distance between Mars and Venus: Measuring global sex differences in personality. PLoS ONE, Vol. 7, Issue 1.

Nos están persiguiendo a los científicos para que confirmemos si los chicos y las chicas somos realmente tan distintos que deberíamos residir en diferentes planetas.

El artículo es, por lo menos, extraño.

Se asume que puede hablarse de una personalidad en sentido general y se hacen cálculos particularmente genuinos que les conducen a la conclusión de que únicamente existe un 10% de solapamiento entre las personalidades, así en general, de mujeres y varones.

En su euforia caen en una contradicción que, a mi juicio, invalida el trabajo.

La secuencia es la siguiente:

1.- Primero denuncian que promediar distintas facetas de la personalidad oculta información relevante.
2.- Segundo, sostienen, en consecuencia, que es preciso distinguir al menos 10 ó 20 rasgos de la personalidad para poder alcanzar alguna conclusión mínimamente informativa --ellos estudian 15.
3.- Finalmente, agregan (promedian) esos rasgos en una única estimación global del grado de separación de la personalidad de ellos y de ellas.

Pero cuando se revisa sus tablas de resultados se aprecia lo que ya sabíamos: existe una ligera ventaja de las chicas en determinados rasgos (p.e. calidez emocional y aprensión) y de los chicos en otros (p. e. estabilidad emocional y dominancia). Pero la única diferencia realmente poderosa se observa en el rasgo 'sensibilidad' a favor de ellas.

Declaran los autores: "estos efectos resumen las diferencias de sexo clásicas que distinguen instrumentalidad (ellos) de expresividad (ellas)".

Para llegar a esa conclusión se estudia una muestra norteamericana de más de 10.000 individuos que habían completado un test de personalidad.

Pero en 2004 la Profesora María Jayme Zaro, de la UB, y quien esto escribe, revisamos el material disponible a nivel mundial, teniendo en cuenta distintos instrumentos de evaluación y decenas de miles de varones y mujeres, llegando a la siguiente conclusión:

"Los hombres son más asertivos.
La persona asertiva es dominante, animosa y socialmente destacada.
La persona poco asertiva prefiere permanecer en un segundo plano y dejar hacer a los demás.
Esta diferencia de sexo favorable a los hombres sugiere una mayor instrumentalidad en ellos que en ellas.

Las mujeres son más ansiosas, vulnerables, gregarias, modestas, francas, altruistas y cordiales que los hombres.
La persona ansiosa es aprensiva, temerosa, nerviosa, tensa y voluble.
La persona vulnerable se caracteriza por dificultades para luchar contra las situaciones de estrés.
La persona gregaria gusta de la compañía de los demás.
La persona modesta es humilde y procura pasar desapercibida.
La persona franca es sincera e ingenua.
La persona altruista se preocupa del bienestar de los demás.
La persona cordial es afectuosa y amistosa.

Estas facetas de la personalidad parecen sugerir que las mujeres están más orientadas a los demás y a las relaciones sociales cálidas que los hombres.
La etiqueta general que puede describir esta situación es expresividad ".

Realmente no hay nada novedoso en el artículo comentado.

Quiero añadir algo más para que el mensaje resulte nítido.

Con una diferencia promedio como la observada en la mayor parte de los rasgos de personalidad considerados, el resultado práctico, en la vida real, será más bien magro.

¿Por qué?

Pues porque las diferencias entre ellos son mucho mayores que la diferencia que en promedio les separa a ellos de ellas.



Si elegimos al azar dos varones de la población y les comparamos por su nivel de estabilidad emocional, su diferencia será más o menos 3 veces mayor que la diferencia que en promedio separa a los varones de las mujeres en ese rasgo de la personalidad.

Ni ellos viven en Marte ni ellas son de Venus, sino que ambos habitan en un planeta llamado Tierra. 

miércoles, 4 de enero de 2012

Mapas, palabras y diferencias de sexo

Reconozco que me ha sorprendido la lectura de 'Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas' de Allan y Barbara Pease.

Agárrense porque los autores construyen su obra sobre la tesis de que chicos y chicas son distintos por motivos esencialmente biológicos. Los condicionantes socioculturales son pecata minuta comparados con el poder de los genes. Los padres tratan de modo distinto a sus niños y niñas porque son diferentes de fábrica. "La naturaleza ganó la batalla desde el principio".

Somos distintos porque no puede ser de otro modo, porque nos sigue pasando factura el hecho de que los chicos se dedicasen a cazar y las chicas a cuidar de la cueva en la época de Altamira.

No importa que ahora las condiciones hayan cambiado. Las tendencias biológicas siguen con nosotros y no podemos desembarazarnos de ellas así como así. Los Pease sostienen que aceptar este hecho nos ayudará a mejorar nuestras relaciones aumentando nuestro margen de tolerancia ante las 'rarezas' del otro. "Los estereotipos no son la causa de la conducta. Nuestra naturaleza y la estructura cerebral de ambos sexos es la culpable".

Si Miguel no escucha es porque Eva habla demasiado, pero ella no puede evitarlo ("cuando una mujer habla sobre los problemas del día, su propósito no es encontrar soluciones o llegar a conclusiones, sino deshacerse de ellos"). Si Eva fracasa al guiar a Miguel por una ciudad desconocida usando un mapa, no es porque no quiera, sino porque su cerebro se lo impide.

Se subraya que 'diferencia' no es antónimo de 'igualdad'. Conviene decirlo porque es fácil caer en esa peligrosa confusión.

Aunque proclaman, una y otra vez, que sus declaraciones se encuentran amparadas por la ciencia moderna, hay hechos falsos, como que las mujeres son más inteligentes que los hombres. Sabemos que no es así.

Pero están en lo correcto al afirmar que los padres suelen buscar remedios a los problemas de los chicos con el lenguaje, pero ignoran los problemas de las chicas con el espacio.

Con el ánimo de que la lectura sea entretenida muestran datos como que los más inteligentes desean menos el sexo, o que quienes gustan del jazz son más marchosos en la cama que los que escuchan pop. Dicen, sin empacho, que el hombre se enamora a través del sexo, pero que la mujer necesita emoción antes de meterse en la cama.

El epílogo es un dechado de incorrecciones políticas. Por ejemplo, se hacen eco del hecho de que solamente el 20% de las mujeres dicen estar interesadas en su futuro profesional, prefiriendo mayoritariamente ser madres y amas de casa. "Descubrimos que el 98% de los hombres y el 94% de las mujeres consideraba que lo políticamente correcto se había convertido en un concepto opresivo que les arrebataba la libertad para decir lo que creían sin ser censurados".

Aunque la obra tiene ya más de una década, su lectura sigue siendo estimulante.

lunes, 27 de septiembre de 2010

La danza macabra de los números

No es la primera vez –y, con seguridad, no será la última—que tenga que agradecer a mi colega y amigo AV su talento para llamar mi atención sobre hechos, casi delictivos, relacionados con los números que se manejan por ahí.

Recientemente AV me envió dos ejemplos: el primero sobre el calentamiento global –de largo uno de mis temas favoritos—y el segundo sobre la disparidad salarial varones-mujeres –algo más tedioso pero iluminador.

Se dice en los medios que este verano, recién terminado, ha sido el más caluroso de los últimos 40 años (un grado y medio por encima de la media) lo que –como sostienen los gurús del panel intergubernamental para el cambio climático o IPCC—demuestra que el planeta se calienta, por supuesto debido a la irresponsable acción humana.

Eso sí, sin empacho se comenta en las noticias que tuvo que eliminarse el mes de junio para que las cuentas salieran. Interesante


Por otro lado, hace unos días el Ministerio de Igualdad presentó un informe en el que se reconocía una reducción cercana al 20% de la brecha salarial, en trabajos comparables, que separa a los varones y mujeres de nuestro país.


Los datos son, no obstante, discutidos porque ahora se incluye a los funcionarios del estado.

Carmen Bravo, de CCOO, protesta por esta ‘intolerable invasión’. O lo que es lo mismo: le disgusta, según parece, que la muestra empleada en este nuevo estudio sea más representativa que en los anteriores (¿porque le descuadran las cifras?).

En resumen, ¿para qué calentarse la cabeza, seas mujer o varón? Si quieres demostrar que A es mayor que B, pero en B tienes elementos que pueden confundir la conclusión que deseas alcanzar, sólo tienes que extraer de B tales elementos, volver a hacer los cálculos y todo arreglado: QED.

lunes, 26 de abril de 2010

Mujeres y Varones en la Ciencia

Hace algunos días se publicó en el periódico inglés ‘The Times’ una carta escrita por un Profesor Emérito de Psicología de la Universidad del Ulster (Richard Lynn). Es posible que tenga algún interés para los lectores de este blog, así que la reproduzco seguidamente:

Catherine Coley se preguntaba el 13 de Abril, en este mismo periódico, ‘¿por qué son tan pocas las mujeres licenciadas que se convierten en profesores y miembros de la Royal Society?’. Susan Greenfield también está preocupada: ‘me inquieta que solamente un 10% de los profesores de ciencias sean mujeres’ (entrevista, 15 de abril, página 50).

Hay cuatro respuestas a este problema.

Primero, los varones tienen, en promedio, una mayor capacidad intelectual (CI) que las mujeres. Esta ventaja se vincula al hecho de que los varones tienen, también en promedio, un cerebro mayor, aunque esta ventaja solamente se manifiesta a partir de los 16 años de edad, llegando a una diferencia equivalente a 5 puntos de CI en adultos. Esto produce que haya más varones con el alto CI exigido para el éxito en las profesiones y los negocios en los que se requiere un alto CI.

Segundo, la variabilidad o rango en inteligencia es mayor en varones que en mujeres, por lo que habría más varones con niveles de CI muy altos y muy bajos. Este hecho aumentaría todavía más el número de varones altamente inteligentes. Por encima de 145 de CI (1 por mil) la ratio varón-mujer sería de 8 a 1.

Tercero, varones y mujeres tienen distintos tipos de inteligencia. Los varones serían mejores en razonamiento, así como en capacidades espaciales y matemáticas, mientras que las mujeres serían tan buenas como los varones en capacidad verbal, y mejores que los varones en segundas lenguas. Este hecho explicaría por qué los varones están particularmente sobre-representados en matemáticas y en ciencias físicas, algo menos en biología, y por qué las mujeres tienen tanto éxito como los varones como novelistas y como escritoras de secciones de opinión en ‘The Times’.

Cuarto, los varones son más competitivos y están más motivados que las mujeres para alcanzar el éxito. Esta es una característica del sexo masculino en todos los mamíferos sociales y está dirigida hormonalmente. Las mujeres estarían más motivadas para el cuidado de los niños.

Todas estas diferencias se refieren a promedios. No son verdad para todos los varones y para todas las mujeres. Existe un considerable solapamiento, tanto en las capacidades, como en las motivaciones de ambos sexos. De todos modos, son lo suficientemente pronunciadas como para explicar las disparidades que se observan en los altos niveles de logro.

Estas diferencias parecen estar determinadas genéticamente, aunque las convenciones y las expectativas sociales pueden reforzarlas.

Por estas razones, las medidas diseñadas para promover, mediante ingeniería social, que haya más mujeres en las posiciones más altas constituyen intentos de hacer encajar piezas cuadradas en agujeros redondos. Esta clase de esfuerzos chocaran con la roca de la naturaleza humana”.

La pregunta es: ¿en qué se equivoca Richard Lynn?