Según datos del Ministerio de Hacienda, ser madre puede perjudicar seriamente a la mujer empleada.
La distancia salarial promedio entre ellos y ellas en España se sitúa en un 17%, igual que la media de la UE. La separación se agudiza a medida que la mujer se hace mayor --yendo desde el 15% al 28%-- y, por tanto, propende a tener descendencia.
Más de ocho de cada diez mujeres trabajadoras en España renuncian a tener un segundo hijo por motivos laborales. Aún así, no se dispone de datos en la UE sobre el efecto en las salarios de tener más o menos hijos.
En Madrid se observa una de las mayores diferencias salariales según sexo, mientras que en Canarias y Extremadura se produce la menor distancia.
No obstante, como se puede ver en la gráfica, existe una cierta tendencia a que la disparidad sea mayor cuanto más altos son los salarios.
Se produce, además, el hecho, en principio interesante, de que las mujeres madrileñas perciben un mayor salario que los varones andaluces, valencianos, murcianos, castellano-manchegos, extremeños y canarios.
Tres comentarios, entre otros, pueden ser relevantes.
Primero, si la brecha se produce en igualdad de condiciones --es decir, exactamente igual ocupación con idéntica responsabilidad-- entonces hay que corregir el problema a la mayor brevedad y con asertividad.
Segundo, para aceptar que la maternidad es un factor causal debería comprobarse que las empleadas sin hijos ganan lo mismo que los varones y más que las empleadas con hijos. Mi predicción es que será así, y, por tanto, se podría concluir que ser madre perjudica laboralmente a las mujeres.
Tercero, sería interesante saber qué piensan las propias mujeres sobre el balance familia-trabajo, no solamente los representantes sindicales o los responsables organizacionales --aunque también debe tenerse presente su opinión, desde luego.
Atendiendo a otros estudios internacionales, puede suponerse que, también en España, la distancia varón-mujer aumenta con la edad porque un segmento relevante de las mujeres inclina progresivamente la balanza hacia la familia en detrimento de su empleo. No sucede lo mismo, en general, con los varones, quienes permanecen más orientados hacia el mundo profesional.
Los criterios sobre lo que resulta más o menos adecuado para cada individuo depende de lo que cada uno considere más satisfactorio vitalmente. Aceptar que el empleo es 'más deseable' que la inversión familiar, y que quien se sale de ese marco de referencia lo hace involuntariamente, puede acarrear una visión sesgada.
Sobre esta clase de situaciones --y otras igualmente delicadas con respecto a los roles sociales de varones y mujeres-- me resultó útil la lectura de una obra que vuelvo a recomendar ahora:

