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jueves, 19 de enero de 2012

La inteligencia, según la 'American Psychological Association', 15 años después


Como científico básico me resulta sobrecogedor que una obra de divulgación siga teniendo impacto en la investigación psicológica casi veinte años después de haberse publicado.

El informe de la APA sobre la inteligencia, publicado en 1996 y coordinado por Ulric Neisser, se presentó para intentar centrar el desmadrado debate mediático suscitado por el incendiario libro del psicólogo Richard Herrnstein y el sociólogo Charles Murray, 'The Bell Curve' (1994).

Al comenzar 2012, Richard Nisbett coordina a seis científicos para --esa es la intención-- actualizar aquel informe. A diferencia de lo que se hizo en 1996, ahora no se pretende que este grupo --'task force'-- represente a las principales corrientes de la psicología científica. De ahí el decepcionante resultado final.

Este informe va directamente al grano: hay que relativizar los logros alcanzados, salvo la importancia del ambiente en la determinación de las diferencias de inteligencia.

Hay un flagrante desequilibrio producto de la composición de la 'task force'. Se intenta despistar al lector aceptando la definición de inteligencia suscrita por el editorial de la revista 'Intelligence' de 1997 coordinado por Linda Gottfredson y suscrito por 52 científicos, pero se omite que esa definición ya se publicó en el 'Wall Street Journal' dos años antes del informe de la APA de 1996, pero que entonces se ignoró.

Hay una sobredosis de información sobre la interacción genes-ambiente, el efecto del ambiente y las intervenciones destinadas a aumentar la inteligencia.

Sin embargo, se pasa demasiado deprisa por encima de la investigación sobre la biología de la inteligencia --cuando se anuncia lo contrario--, para, en último término, concluir que el panorama está todavía demasiado verde. Igual que en lo relativo a la denominada 'caza de genes': apenas hay resultados sólidos --correcto-- ni seguramente los habrá nunca --¿por qué?

Se insiste en la extraordinaria relevancia de distinguir dos capacidades intelectuales, de carácter general, correspondientes a la resolución de problemas abstractos (Gf) o anclados en la cultura (Gc). Se subraya que (a) su base neuro-anatómica y neuro-funcional es diferente, (b) evolucionan siguiendo distintas rutas durante el ciclo vital y (c) revelan ganancias generacionales significativamente diferentes. A la vez, se pone en entredicho la potencia del factor general de inteligencia (g) para avanzar en nuestro estado de conocimientos.

La gota que colma el vaso se concentra en la parte final del informe cuando se enumeran los cinco aspectos que siguen sin respuesta, pero que merecen una intensa investigación: (1) la relación de la memoria operativa (working memory) con Gf, (2) la paradoja que resulta de la relevancia del ambiente para comprender el efecto Flynn junto con el hecho de la sustancial heredabilidad de la inteligencia, (3) las teorías, sin base empírica, que explican g sin recurrir a g, (4) la influencia de variables como el auto-control para la inteligencia y (5) el efecto del estrés sobre la inteligencia.

En suma, este informe es considerablemente más endeble que su predecesor. En consecuencia, a mi juicio ayudará poco a quienes se aproximen a esta relevante variable psicológica. Mucho más útil les sería leer el libro del Profesor E B Hunt 'Human intelligence' (Cambridge University Press). Algunos nos preguntamos por qué no está éste relevante autor en la 'task force' de 2012. O, para el caso, ¿por qué no está Douglas Detterman (el editor de la revista más importante sobre inteligencia a nivel mundial)? La presencia de James Flynn y William Dickens es redundante. Pienso que sobran autores y se echan mucho de menos otros.

¿Hacían falta esas alforjas para semejante viaje?

viernes, 3 de septiembre de 2010

Superhéroes y la APA

La Asociación Americana de Psicología (APA) arremete ahora contra los superhéroes. Alguna autoridad ha debido revisitar ‘El Protegido’ y se ha asustado.

Un informe presentado en San Diego, dentro de la convención anual de esa asociación, dice haber encontrado que los personajes de los cómics se basan en un estereotipo de macho, dedicado a repartir mamporros a diestro y siniestro. Algo muy poco adecuado a los tiempos que corren.

Presuntamente, ese estereotipo de macho (por ahora no ibérico) perjudica el desarrollo de la personalidad de los chavales.

La Profesora Sharon Lamb compara los superhéroes del pasado y de la actualidad. Según ella, los de ahora son simplemente violentos, mientras que los de antes justificaban sus actos agresivos para alcanzar el bienestar de la humanidad.

Lamb peca de una cierta incultura, puesto que dice que Iron Man es un superhéroe actual. Vaya. Además de ser gratuitamente violento, dice la profesora, explota a las mujeres y hace alarde de símbolos fálicos (¿cuáles?).

A partir de la entrevista de casi 700 chicos y de vendedores de cómics, deduce que se busca forjar su identidad mediante la promoción de una ‘masculinidad restringida’. Con la que está cayendo, me permito dudar de que esto sea exactamente así.

Resulta que, además de por la violencia gratuita, los superhéroes abogan por la vagancia. Y los adolescentes que van al cine (o se descargan el archivo de una red P2P) se apuntan.

El antídoto pasa porque la escuela dedique tiempo a destruir esa imagen.

Otro profesor, Carlos Santos (no se trata del cariñoson comentarista de Radio Nacional) ha estudiado a más de 400 chicos. Según sus resultados, los chavales se encuentran psicológicamente mejor cuando rechazan activamente la imagen de macho que transmiten los superhéroes actuales.

No sé muy bien de qué va todo esto, pero suena fatal.

Recuerdo que hace algunos años alguien trató de convencerme de que Disney promovía, con auténtico entusiasmo, los estereotipos raciales. Le invité a una cerveza, pero declinó amablemente.

Volvería a hacer lo mismo con Lamb y Santos si tuviera la oportunidad, pero es posible que recibiera la misma respuesta.

viernes, 30 de abril de 2010

La Eficacia de las Terapias Psicológicas

Hace tiempo tuve un (constructivo) debate con algunos de mis colegas de profesión sobre las distintas terapias psicológicas disponibles. Igual que en otros campos de la ciencia, también en Psicología hay corrientes y modas, pero los datos son tozudos. Mi línea argumental fue que esos datos indicaban que todas las terapias son más o menos igualmente eficaces, debido a un efecto inespecífico que resulta beneficioso para la recuperación del cliente o paciente.

Se publica ahora un artículo en la revista ‘American Psychologist’, de la ‘American Psychological Association’ (APA) que vuelve a apoyar esta conclusión general.

Shedler, J. (2010). The efficacy of psychodynamic psychotherapy. American Psychologist, vol. 65, 2, 98-109.

Concretamente, este artículo pretende demostrar que las terapias psicodinámicas, inspiradas en el psicoanálisis, son tan eficaces como las favorecidas en las facultades universitarias (terapias conductuales, cognitivo-conductuales, etc.).

La comparación de las distintas terapias psicológicas suele materializarse mediante los llamados meta-análisis, es decir, un análisis cuantitativo de los estudios disponibles sobre la eficacia de las distintas terapias (véase la tabla).

Usando la información numérica de la tabla, Shedler concluye que: (a) la terapia psicodinámica es eficaz en un amplio rango de problemas psicológicos –tales como depresión, ansiedad, trastornos de la conducta alimentaria, o abuso de sustancias—y de poblaciones, (b) su eficacia es tanto a corto como a largo plazo, y (c) se han demostrado índices elevados de eficacia para ciertos trastornos de personalidad.

Por tanto, la terapia psicológica funciona en una gran parte de los casos, pero no sabemos exactamente por qué.

El Veredicto del Dodó de Alicia en el País de las Maravillas (“todos ganan y, por tanto, todos deben recibir un premio”)  resume la eficacia equivalente de las distintas terapias.

El famoso libro de B. E. Wampold [The great psychotherapy debate. New Jersey, LEA, 2001] concluye que:

“En 1936, Rosenzweig especuló que ‘cuando se usan de modo competente, todos los métodos terapéuticos son igualmente efectivos’. En las décadas de los 70 y 80 la evidencia derivada de los primeros meta-análisis resultaron consistentes con la conjetura de Rosenzweig. En la década de los 90, una serie de meta-análisis metodológicamente impecables y algunos estudios ejemplares, revelaron que las diferencias entre distintas terapias eran prácticamente nulas.

Estos resultados también se observaron en tipos concretos de tratamiento para trastornos específicos como la depresión o la ansiedad, dos áreas en las que se supone que las terapias orientas conductualmente son especialmente apropiadas.

El veredicto del Dodó ha sobrevivido a muchos tests y debe considerarse correcto en tanto no se demuestre lo contrario.

La ausencia de diferencias entre tratamientos genera dudas sobre la hipótesis de que las terapias poseen ingredientes específicos responsables de los beneficios de la terapia” (pp. 117-118).

Wampold sostiene que la evidencia disponible es consistente con la tesis de que todas las terapias psicológicas comparten una serie de componentes que explican por qué su éxito es equivalente. Las características particulares de cada tipo de terapia no contribuirían significativamente al éxito del proceso terapéutico. Es decir, el denominado modelo contextual (factores comunes a las distintas terapias) sería consistente con los datos, mientras que el modelo médico (factores específicos de cada tipo de terapia) sería inconsistente.

En conclusión, declaraciones denigrando algún tipo de tratamiento terapéutico no parecen justificadas empíricamente. Las terapias psicológicas, frente a la ausencia de tratamiento, presentan un tamaño del efecto de d = .80. En la práctica, esto significa que el cliente medio que se somete a terapia se encontrará psicológicamente mejor que las personas no sometidas a terapia [el grado exacto de mejora que se deriva de estos tamaños del efecto, d, está siendo discutida en la sección de 'comentarios' de este post].


Estas evidencias son positivas para la Psicología aplicada al tratamiento de los trastornos psicológicos, por lo que no es necesario mantenerse en la cruzada de desdibujar los logros de los colegas competentes que no comparten nuestra visión teórica, pero que si procuran hacer el trabajo más serio posible para contribuir a la mejora de sus clientes.

domingo, 27 de septiembre de 2009

PSICOLOGÍA Y CAMBIO CLIMÁTICO

La APA (Asociación Americana de Psicología) ha preparado un informe, de más de 200 páginas, destinado a glosar la inestimable contribución que puede hacer la Psicología al presunto problema del cambio climático.

Los lectores de este blog saben ya que mi propio análisis de la evidencia disponible sobre ese cambio, me lleva a concluir que la mano del ser humano NO está detrás de las fluctuaciones climáticas (véase “20 puntos sobre la ‘doctrina’ del cambio climático”).

Para no repetirme, los datos indican que el responsable de las oscilaciones en el clima de la Tierra es el Sol, no el Homo Sapiens. ¿Quiere la APA incidir en la conducta del sol? (puedo suponer que esa asociación no le atribuye una mente al astro rey).

El Colegio de Psicólogos de España (COP) se hace eco, y parece abrazar, las líneas maestras defendidas por la asociación norteamericana (la mano de Gore es larga y gelatinosa). El marco común de tales líneas tiende a asustarme, como ciudadano, y a incrementar mi ira, como psicólogo y como científico.

Por ejemplo, se dice que puede constituir un problema psicológico la “tendencia a minimizar la probabilidad de ocurrencia de adversidades futuras” consecuencia del calentamiento global. También parecen desear que luchemos contra el crecimiento poblacional. Habla de cosas como las “barreras psicológicas que limitan la acción individual o colectiva en la promoción de medidas contra el cambio climático”.

La APA quiere promover en los ciudadanos “conductas ecológicas”. El COP dice que el informe de la APA “ha sido valorado positivamente por expertos en el área”, añadiendo que “la psicología aplicada puede ayudar a las personas, organizaciones y gobiernos a modificar algunas de las conductas que afectan negativamente al medio ambiente y que influyen directamente en el calentamiento global”.

Me encantaría concretar el listado de ‘expertos’ o el significado preciso del término ‘ayudar’.

Si la mano del hombre no está detrás de las oscilaciones climáticas, ¿qué pinta en este tinglado la APA o el COP? Si la Psicología es una ciencia, quizá debería usar la evidencia ‘científica’, en lugar de las percepciones políticas, para elevar sus recomendaciones. Si es que, para empezar, le corresponde preparar alguna clase de kit de buena conducta…