67 asociaciones, desvinculadas del Estado, han apoyado las declaraciones de este juez de Sevilla en contra de esa Ley. Sostiene Serrano Castro que “una ley que agrave la pena contra el hombre, sólo por serlo, es tan discriminatoria como si se hiciese una ley de prevención de riesgos laborales que no protegiese a las mujeres porque representen sólo el 5% de los 1.100 trabajadores muertos en su puesto laboral en 2008”.
Sin embargo, hay 22 asociaciones [por ejemplo, la Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas o la Federación de Mujeres Progresistas] que han actuado como suele hacerse cuando se carece de argumentos sólidos, es decir, poniendo en entredicho la integridad personal y la salud mental de Francisco Serrano. Veamos tres ejemplos de lo que se ha dicho desde estas asociaciones:
-. "Los presupuestos básicos emocionales de su ideología personal le permiten ponderar con racionalidad la temática social de la violencia de género de que se ocupan los Juzgados de Familia de España".
-. "Amparándose en los medios [el juez Serrano] sigue haciendo daño a las mujeres puesto que se comporta como cualquier maltratador".
-. "Sus motivaciones obedecen a mecanismos emocionales que condicionan compulsivamente la racionalidad de sus actuaciones".
Pero, ¿qué ha dicho realmente el juez Serrano?
Algunos ejemplos:
-. Miles de varones han sido detenidos, por el hecho de ser varones, tras una denuncia falsa por maltrato. Hay un número creciente de varones que sufren graves consecuencias por ser acusados falsamente de maltrato, llegando incluso al suicidio. Pero se desconoce su impacto real porque no hay organismos que lo analicen.
-. Se detiene y marca como maltratador a todo acusado, pero no se ha detenido a ninguna mujer por elevar una denuncia falsa.
-. Desde 2007 el Gobierno oculta las cifras de varones muertos a manos de sus parejas. Hasta ese momento se publicaban cifras de ambos sexos: murieron 55 mujeres a manos del cónyuge en 2002; 65 en 2003; 61 en 2004; 53 en 2005; 54 en 2006. En esos años, los varones a los que mataron sus compañeras o ex compañeras fueron 16, 13, 9, 15 y 12. Si se cuenta a las mujeres y hombres que murieron a manos de otros parientes, las cifras de la violencia doméstica suben proporcionalmente más en el caso de los varones: 77 muertas y 49 muertos en 2002; 84 y 49 en 2003; 79 y 31 en 2004; 71 y 56 en 2005; 78 y 37 en 2006.
-. 630 varones se suicidaron cuando estaban en crisis con sus parejas.
-. La mayor parte de los casos calificados como violencia de género son, en realidad, conflictos entre iguales en el litigio de una separación. La mayoría de los hombres (90%) tratados como maltratadores no lo son.
Dice Serrano: “en privado, diputados del PSOE y del PP me dicen que tengo razón, pero que ellos no lo pueden decir”. Desgraciadamente, esta es una historia terriblemente familiar. Cuando en una sociedad no se pude hablar libremente, podemos estar seguros de que sus cimientos básicos se pudren.
Constructivamente, el juez Serrano aboga por cambiar la «criminalización» por la vía penal de los conflictos de pareja, a una mayor apuesta por la mediación y la conciliación.
La reacción antes estos datos y la postura conciliadora de Serrano, por parte de las 22 asociaciones antes señaladas, con abiertos intereses gremiales, es poner en entredicho la salud mental del juez.
Por cierto, Francisco Serrano Castro ha sido premiado por la asociación de asistencia a mujeres violadas Amuvi, o por la de Pro Derechos del Niño y la Niña (Prodeni) por su defensa de maltratadas y menores.
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viernes, 25 de diciembre de 2009
martes, 23 de marzo de 2010
Tarjeta roja para quien maltrata
Ya tenemos una nueva campaña contra el maltrato doméstico, aprovechando la inminencia de los mundiales de futbol de Sudáfrica, orquestada desde el gobierno, desde el autodenominado ‘Ministerio de Igualdad’. Ahora se pide sacar la tarjeta roja a quien maltrate. Seamos precisos: se exige la sanción máxima futbolera para ‘el maltratador’. Se requiere que sean expulsados de la sociedad.
Por tanto, como es usual, por defecto se acepta que es únicamente el varón quien maltrata. La mujer que recurre a esa clase de conductas violentas queda excluida de la campaña. No existe o se considera que no es susceptible del mensaje.
A finales de diciembre de 2009 publicamos un post en este blog comentando el caso del juez Francisco Serrano Castro:
El efecto de su relevante análisis de la situación ha sido, desgraciadamente, nulo. El hecho de que ahora se pida ‘sacar la tarjeta roja al maltratador’ reincide en lo que el juez denunciaba, a mí entender con éxito.
Vuelve a criminalizarse a quienes maltratan, en lugar de apostar, decididamente, por la conciliación, por ayudar a resolver el problema.
Conviene tener presentes los datos que el juez puso encima de la mesa si realmente se desea que las intervenciones puedan tener efecto para los implicados, para todos los implicados. Pero deben ignorarse si únicamente se persigue quedar bien en la foto y llevar al ostracismo a los nueve de cada diez acusados de maltratadores que realmente no lo son.
Dicen que es sabio pensar antes de actuar. Almagro quizá debería considerar esta clásica máxima. La violencia no tiene sexo.
jueves, 22 de julio de 2010
Más Mujeres Asesinadas en 2010
Desde este blog venimos comentando críticamente la presunta estrategia de las autoridades para reducir, y, en el mejor de los casos eliminar, la llamada violencia doméstica.
Los siguientes post son algunos ejemplos:
Pensamos, y, desde luego podemos estar equivocados, que la estrategia que se viene adoptando es discutible. Quizá pueda ser hasta peligrosa, contraproducente.
Ayer nos desayunamos con el dato, ofrecido por el Ministerio de Igualdad, de que en el año en curso han fallecido doce mujeres más que en el mismo periodo de 2009. Es decir, han muerto 41 mujeres a manos de sus parejas en 2010. También son más que las fallecidas en el mismo periodo de 2008. Luego se mantiene una tendencia al alza.
Las noticias que los ciudadanos podemos leer (ver o escuchar) apenas ofrecen información que ayuden a ponderar apropiadamente los distintos casos, y, por tanto, se nos obliga a simplificar un grave y tortuoso problema.
Quiero reiterar la sensación de que la sociedad está abierta a otros modos de enfrentarse a ese problema.
Las campañas patrocinadas por el gobierno, por distintas asociaciones y también por algunos VIP, pueden estar promoviendo la reacción de los individuos violentos, esa reacción que pretende combatirse.
Ponerse a trabajar en silencio puede rendir mejores dividendos. Menos medios de comunicación, menos focos, menos ansia por salir en la foto, más hincar los codos desde el anonimato y más responsabilidad de verdad.
Como dije antes, y repito ahora, no tengo la menor duda sobre el hecho de que existe la mejor de las intenciones en quienes se dejan ver sacando tarjetas rojas o similar. Pero las buenas intenciones no bastan, y, en ocasiones, nos alejan de la meta perseguida.
lunes, 16 de enero de 2017
El valor de la vida humana –por Sergio Escorial Martín
Cómo
cualquier persona de bien, condeno firmemente la violencia. Cualquier tipo de
violencia. Y me solidarizo con las víctimas con absoluta independencia de su sexo,
edad, orientación sexual o religión.
Uno de
los tipos de violencia que más llama la atención es la que se produce en el
seno familiar, o entre personas que mantienen o mantuvieron un vínculo
afectivo. Los medios de comunicación han puesto el foco en los casos de
violencia que se producen en el ámbito de las relaciones sentimentales de
pareja, con especial interés cuando se producen víctimas mortales.
No voy
a entrar aquí en el polémico tema del “efecto
imitación”. El Dr. Antonio Andrés Pueyo, profesional de referencia en la investigación
de la violencia, dirigió recientemente el trabajo de Tesis doctoral de la Dra.
Isabel Marzabal Manresa. En este trabajo se realizó un estudio empírico en
Cataluña sobre este espinoso problema. Se analizaron 39 asesinatos de mujeres a
manos de sus parejas y las noticias de los medios anteriores al crimen. Los resultados indicaron que las noticias de feminicidios
que aparecen en la prensa aumentan la probabilidad de que vuelvan a suceder en
el futuro.
Quiero
aprovechar el espacio que me brinda el administrador de este blog para referirme a la violencia en el
ámbito de la pareja. El tema no será novedoso para los lectores habituales de este
espacio:
En
España contamos desde 2004 con una Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre “de Medidas de
Protección Integral contra la Violencia de Género”. Ya en el
preámbulo de esta ley se define la violencia de género como “…una violencia que se
dirige sobre las mujeres por el mismo hecho de serlo, por ser consideradas, por
sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y
capacidad de decisión”. Así
pues, para poder aplicar esta Ley se requiere la concurrencia de una serie de
elementos:
- El
agresor siempre es un hombre.
- La
víctima siempre es una mujer.
- Ha de
existir entre ambos una relación afectiva de pareja o ex pareja (sin que sea
imprescindible la convivencia).
Esto
implica que ningún hombre que sufra
maltrato puede acogerse a las medidas de protección de esta Ley. Del mismo
modo que tampoco podrían acogerse los hombres y mujeres homosexuales que estén
siendo víctimas de maltrato a manos de sus parejas (o ex parejas).
Todos
estos casos estarían enmarcados en lo que se conoce como “Violencia Doméstica” y regulados
por la Ley Orgánica 15/2003, de 25 de noviembre, por la que se modifica la Ley
Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre y por la Ley 27/2003, de 31 de julio,
reguladora de “la
Orden de protección de las víctimas de la violencia doméstica”.
No soy
abogado, pero he consultado las implicaciones de este doble tratamiento legal
con dos abogados de familia. Sus respuestas me preocuparon. En esencia, ante un
mismo delito, las penas son diferentes
dependiendo de si se aplica una u otra ley (lo que no depende de las
circunstancias del hecho, sino solamente del sexo de la víctima y del agresor).
Las circunstancias que tienen que concurrir para que un hecho sea sancionable
también son diferentes en uno y otro caso. Incluso el propio tratamiento en
dependencias policiales lo es. Y así muchas diferencias en torno a diversos
aspectos de lo que sería el proceso judicial. Para quien quiera conocer algo
más sobre las implicaciones de este hecho adjunto el siguiente enlace:
Me
pregunto: ¿no implica esto que estamos
manteniendo, para estas problemáticas sociales, leyes discriminatorias?
Cuando
empecé a hablar de este tema con algunos
colegas me dijeron:
“es normal este tratamiento
legal, la violencia en la pareja siempre tiene como víctima a la mujer y como
agresor al hombre”.
Como
investigador en Psicología Diferencial, los términos “siempre” y “nunca” me perturban
cuando se emplean para describir comportamientos ligados a grupos humanos. Pero
como no tengo suficiente conocimiento en estas cuestiones, planteé también este
argumento al hacer mi consulta. Según
los abogados, esta afirmación es radicalmente falsa. Aun así, me puse a
buscar evidencias.
En
primer lugar, fue fácil encontrar los datos de víctimas mortales a manos de sus
parejas para los casos en los que la víctima es mujer y el asesino es un hombre
(pareja o expareja). El Ministerio de
Igualdad actualiza periódicamente unas fichas muy completas con estos
datos.
Dado
que no encontré inicialmente datos de hombres muertos a manos de mujeres
(parejas o exparejas) llegué a pensar que este caso era inexistente en la
realidad.
Error.
Lo que
sucede es que estos datos no son computados por las estadísticas del Ministerio
de Igualdad. Es decir, que para este Ministerio no son iguales las víctimas que
mueren a manos de sus parejas o exparejas en función de si son hombres o son
mujeres, en el sentido de que unas son computadas y otras no.
Consulte
a 10 investigadores de mi entorno más cercano: 3 me remitieron a las cifras del
Ministerio de Igualdad, y solamente 1 dio con datos fiables de los casos en los
que las víctimas eran varones.
El
único organismo oficial que publica estos datos es el Consejo General del Poder Judicial, que hasta el año 2014 (fecha
del último informe publicado) elabora un informe anual acerca de esta cuestión.
Estos son los datos recopilados en cuanto al número de víctimas mortales que,
en el caso de las mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas (varones)
y que en el caso de los varones han sido asesinados por sus parejas (mujeres).


Según estos
datos, desde el año 2008 hasta el 2014 en nuestro país han fallecido 428
mujeres a manos de sus parejas (varones) y 48 varones a manos de sus parejas
(mujeres). Es decir, de cada 10
asesinatos producidos en el ámbito de la pareja, en 9 casos la víctima es una
mujer y en 1 caso la víctima es un varón.
Por
otra parte, el Informe del Consejo General del Poder Judicial del año 2008
proporciona datos que permiten hacer una comparación que puede ser interesante.
En ese año se computaron 90 mujeres víctimas mortales en el ámbito de la
violencia doméstica y de
género, de las cuales 75 fueron víctimas a manos de sus parejas o exparejas
varones (el 83,33% de las víctimas). En el caso de los varones, el número de
víctimas mortales computadas ese año fue de 31, de las cuales 6 fueron víctimas
de sus parejas o exparejas mujeres (el 19,35% de las víctimas).
En
resumen, tanto desde un punto de vista absoluto como desde uno relativo
(considerando este indicador de víctimas mortales como ejemplo) la violencia en el ámbito de la pareja es
mayor en varones que en mujeres. Pero si esto es así, ¿se justiciaría un
doble tratamiento legal y penal de estos casos? En mi opinión no.
En
primer lugar, porque aunque solamente fuese un hombre el que denunciase
maltrato por parte de su pareja (o expareja) ya merecería la misma protección
que en el caso de que la denuncia fuese interpuesta por una mujer.
Permítanme
ilustrar mi lógica con un ejemplo.
En los
accidentes mortales investigados en el ámbito laboral ocurridos en 2014, se
observa que un 98,7% de los accidentes de trabajo mortales corresponde a hombres
(147 accidentes), mientras que el 1,3% restante corresponde a mujeres (2
accidentes). ¿Justificarían estos datos
una Ley de Prevención de Riesgos Laborales que excluyera a las mujeres?
En
segundo lugar, estoy utilizando el indicador de víctimas mortales. Sin embargo,
se podrían considerar otros indicadores de violencia doméstica (y de género). Es
posible, según datos de algunos estudios, que estos % de comportamientos o
manifestaciones de violencia en función de sexo fueran distintos a los
observados sobre el indicador de víctimas mortales.
Por
otra parte, y esto hay que tenerlo también muy presente, hacer visible el
problema de la violencia en el seno de las relaciones afectivas no es igual de
fácil para una víctima mujer que para una víctima varón.
Finalmente,
soy un firme defensor de la igualdad, pero de la igualdad de verdad. La vida de una mujer vale lo mismo que la
vida de un hombre.
La vida
de un ser humano es lo que vale.
Quizás
la sociedad ganaría si empezásemos a buscar las razones y mecanismos de este
tipo de violencia (y de cualquier otro tipo de violencia) en aquellas
características realmente relevantes para la conducta problema.
De la
misma manera que el ser más o menos alto es algo que viene determinado por la
longitud que llegan a alcanzar tus huesos, y esto es así seas hombre o mujer,
la predisposición a la violencia en general es algo que viene espoleada por
características de personalidad que están presentes en hombres y en mujeres.
Habría
que huir de explicaciones basadas en categorías que no reflejan una diversidad tan
real como relevante. Las diferencias individuales se imponen a las que separan
a los grupos.
-->
miércoles, 23 de octubre de 2013
Violencia doméstica: ¿cuál es su género?
En varias ocasiones se ha considerado en este blog el problema de la llamada violencia
doméstica desde una perspectiva que debería considerarse ‘de centro’. Algunos
ejemplos:
Quizá por eso un lector me envió hace unos días un artículo
publicado en ‘La Vanguardia’ recogiendo las declaraciones del Dr. Murray A. Straus en la conferencia
de apertura (Violencia
doméstica en perspectiva mundial: uso de tipos diádicos para poner en el punto
de mira el género y los menores víctimas) de un Congreso organizado por la Universidad Abierta de Cataluña (UOC).
Las declaraciones de Straus me dejaron de piedra porque
coincidían sustancialmente con mis conclusiones sobre la perspectiva que
debería adoptarse con respecto al problema de la violencia familiar.
Dejé reposar el ‘link’ dirigido al artículo publicado en el
periódico catalán dentro del programa ‘Pocket’ e intenté recuperarlo el pasado
fin de semana. Al pinchar en el enlace me encontré con que el artículo había
sido eliminado. Kaput. Por más que lo intenté fui incapaz de recuperar sus
contenidos. Quien me envió el artículo original también fracasó
estrepitosamente.
No me gusta coquetear con la idea de que la censura existe,
de que quien redactó la noticia tuvo que borrarla de la red para evitarse
posibles problemas, pero la coyuntura da que pensar.
¿Qué es lo que expresó Straus en su conferencia?
Se puede resumir así:
“durante más de 25 años se han puesto en tela de juicio, a
veces con acritud, las investigaciones que demuestran que las mujeres ejercen
la violencia física contra sus parejas masculinas en una proporción similar a
la ejercida por los varones contra sus parejas femeninas.
Sin embargo, los datos de casi 200
estudios son concluyentes".
(Murray
A. Straus, Risk factors for physical
violence between dating partners, 2006)
Este científico denuncia que las actuales políticas que se
centran únicamente en la violencia del varón sobre la mujer ignoran la mitad
del problema, produciendo estrategias de intervención ineficaces y
contraproducentes.
Los estudios científicos disponibles revelan que “cuando
se miden los actos específicos, las probabilidades de agredir físicamente a sus
parejas, y de hacerlo con más frecuencia, son significativamente mayores entre
las mujeres que entre los hombres, aunque el tamaño del efecto es muy pequeño
(d=-.05).
Cuando se miden las consecuencias
físicas de la agresión (lesiones apreciables o lesiones que requieran atención
médica), las probabilidades de causar lesiones a sus parejas son mayores en los
hombres que en las mujeres, pero, nuevamente, los tamaños del efecto son
relativamente pequeños (d=.15 y .08)”.
Archer, J. (2002). Sex
differences in physically aggressive acts between heterosexual partners. A
meta-analytic review. Aggression
and Violent Behaviour, 7, 4, 313-351 [este meta-análisis
considera 82 estudios y muestras que suman un total de casi 65 mil casos].
En
resumen, que la violencia de pareja (leve y grave) es similar en varones y
mujeres:
-. Las
mujeres son más proclives (58,4%) que los varones a arrojar objetos, abofetear,
dar puntapiés, mordiscos o puñetazos, y golpear con objetos.
-. Los actos de golpear (61,5%) y ahogar (69,5%) son más frecuentes en varones.
Los hechos dicen que el varón
comete actos de violencia en general en mucha mayor medida que las mujeres (de
hecho, ocho veces más), mientras que la violencia ejercida por la mujer se
manifiesta de modo abrumadoramente mayoritario en el ámbito doméstico. El varón
es mucho más proclive a ejercer la violencia sobre otros varones, mientras que
la mujer es mucho más proclive a ejercer la violencia sobre los varones. Por
tanto, el término violencia de género sería más
adecuado para expresar justo lo contrario de lo que ahora implica.
Pienso que el tema es lo
suficientemente serio como para que la evidencia científica disponible sea lo
más conocida posible, tanto por el público general como por quienes deben
adoptar las decisiones necesarias para reducir el problema. No sería la primera
vez que pensando que se hace un bien al ocultar determinados hechos, en
realidad se está contribuyendo a agravar el problema que se desea combatir.
jueves, 20 de mayo de 2010
La Ciencia y la Universidad Reivindican el Pensamiento Crítico
“Ante los acontecimientos económicos, políticos y sociales de nuestro país en las últimas semanas, han aflorado voces que ponen en cuestión el papel de los intelectuales en la vida pública española. De hecho, estamos asistiendo a duros ataques y agresivas campañas de desprestigio por el mero hecho de adoptar, públicamente y en el marco de instituciones públicas como la Universidad, posiciones críticas con determinados poderes, en debates sobre nuestro modelo político, económico, institucional o judicial.
La amalgama ideológica liberal-conservadora llevaba ya años intentando relegar el pensamiento crítico al ostracismo, a la inhibición y a la autocensura, abriendo dudas sobre la función social de los intelectuales y tratando de modelar el comportamiento de la ciudadanía en contra de los valores más positivos de una democracia. El debate ideológico parecía haber desaparecido.
La crisis del modelo económico, la decepcionante respuesta política y judicial ante el clamor de las víctimas del franquismo, y el creciente cuestionamiento de la versión oficial de la transición a la democracia, han acentuado aún más la campaña de acoso ante cualquier pensamiento crítico.
Los hombres y las mujeres de la ciencia, parte sustancial del sujeto que denominamos “los intelectuales”, nos hemos instalado en una “neutra” eficiencia profesional olvidando, muchas veces, nuestra ineludible responsabilidad social. La actividad investigadora no puede permanecer encerrada en una torre de marfil, sino que es preciso mirar más allá del propio microscopio y ocuparse de la realidad social en que se asienta el sistema científico.
Nuestra condición intelectual y ética nos exige estar presentes en los debates públicos, en particular en la Universidad y en los centros públicos de investigación, aportando conciencia crítica a los procesos sociales y políticos, venciendo al miedo con la palabra. Es nuestro derecho y nuestra responsabilidad porque en ellos se dirimen principios y valores fundamentales para la convivencia en nuestro país y el futuro del mundo que queremos.
Hacemos ciencia y la difundimos al servicio del nuevo conocimiento y del desarrollo humano de la toda la sociedad. Desde esas premisas, afirmamos nuestra voluntad de actuar también como conciencia crítica ante el discurso dominante y como vigilantes de las tentaciones involucionistas que afectan al desarrollo de la ciencia, pero también a los derechos democráticos, al pluralismo ideológico efectivo y al imperio de la justicia frente a toda corrupción o discriminación del diferente o marginado.
Para reflexionar conjuntamente sobre esta compleja realidad, te invitamos a suscribir este manifiesto y a participar en el ACTO PUBLICO que celebraremos en el Salón de Actos del CSIC, Serrano 117, el próximo miércoles 9 de junio, a las 18:30 horas”.
La amalgama ideológica liberal-conservadora llevaba ya años intentando relegar el pensamiento crítico al ostracismo, a la inhibición y a la autocensura, abriendo dudas sobre la función social de los intelectuales y tratando de modelar el comportamiento de la ciudadanía en contra de los valores más positivos de una democracia. El debate ideológico parecía haber desaparecido.
La crisis del modelo económico, la decepcionante respuesta política y judicial ante el clamor de las víctimas del franquismo, y el creciente cuestionamiento de la versión oficial de la transición a la democracia, han acentuado aún más la campaña de acoso ante cualquier pensamiento crítico.
Los hombres y las mujeres de la ciencia, parte sustancial del sujeto que denominamos “los intelectuales”, nos hemos instalado en una “neutra” eficiencia profesional olvidando, muchas veces, nuestra ineludible responsabilidad social. La actividad investigadora no puede permanecer encerrada en una torre de marfil, sino que es preciso mirar más allá del propio microscopio y ocuparse de la realidad social en que se asienta el sistema científico.
Nuestra condición intelectual y ética nos exige estar presentes en los debates públicos, en particular en la Universidad y en los centros públicos de investigación, aportando conciencia crítica a los procesos sociales y políticos, venciendo al miedo con la palabra. Es nuestro derecho y nuestra responsabilidad porque en ellos se dirimen principios y valores fundamentales para la convivencia en nuestro país y el futuro del mundo que queremos.
Hacemos ciencia y la difundimos al servicio del nuevo conocimiento y del desarrollo humano de la toda la sociedad. Desde esas premisas, afirmamos nuestra voluntad de actuar también como conciencia crítica ante el discurso dominante y como vigilantes de las tentaciones involucionistas que afectan al desarrollo de la ciencia, pero también a los derechos democráticos, al pluralismo ideológico efectivo y al imperio de la justicia frente a toda corrupción o discriminación del diferente o marginado.
Para reflexionar conjuntamente sobre esta compleja realidad, te invitamos a suscribir este manifiesto y a participar en el ACTO PUBLICO que celebraremos en el Salón de Actos del CSIC, Serrano 117, el próximo miércoles 9 de junio, a las 18:30 horas”.
Participarán como ponentes:
Federico Mayor Zaragoza (UAM)
Reyes Mate (CSIC)
Francisco Fernández Buey (Univ. Pompeu Fabra),
Jesús Avila (CSIC)
Jorge Riechmann (UAM)
Bernardo Herradón (CSIC)
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