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jueves, 22 de julio de 2010

Más Mujeres Asesinadas en 2010

Desde este blog venimos comentando críticamente la presunta estrategia de las autoridades para reducir, y, en el mejor de los casos eliminar, la llamada violencia doméstica.

Los siguientes post son algunos ejemplos:


Pensamos, y, desde luego podemos estar equivocados, que la estrategia que se viene adoptando es discutible. Quizá pueda ser hasta peligrosa, contraproducente.

Ayer nos desayunamos con el dato, ofrecido por el Ministerio de Igualdad, de que en el año en curso han fallecido doce mujeres más que en el mismo periodo de 2009. Es decir, han muerto 41 mujeres a manos de sus parejas en 2010. También son más que las fallecidas en el mismo periodo de 2008. Luego se mantiene una tendencia al alza.

Las noticias que los ciudadanos podemos leer (ver o escuchar) apenas ofrecen información que ayuden a ponderar apropiadamente los distintos casos, y, por tanto, se nos obliga a simplificar un grave y tortuoso problema.

Quiero reiterar la sensación de que la sociedad está abierta a otros modos de enfrentarse a ese problema.

Las campañas patrocinadas por el gobierno, por distintas asociaciones y también por algunos VIP, pueden estar promoviendo la reacción de los individuos violentos, esa reacción que pretende combatirse.

Ponerse a trabajar en silencio puede rendir mejores dividendos. Menos medios de comunicación, menos focos, menos ansia por salir en la foto, más hincar los codos desde el anonimato y más responsabilidad de verdad.

Como dije antes, y repito ahora, no tengo la menor duda sobre el hecho de que existe la mejor de las intenciones en quienes se dejan ver sacando tarjetas rojas o similar. Pero las buenas intenciones no bastan, y, en ocasiones, nos alejan de la meta perseguida.

jueves, 10 de junio de 2010

IMAGINE

Tranquilos, no se trata de un post sobre la ‘célebre’ canción de John Lennon.

De lo que se trata es de imaginar, de especular sobre cómo cambiarían nuestras opiniones y valoraciones sobre ciertos hechos si dispusiéramos de algunos datos fáciles de conseguir y publicar por organizaciones como el INE (Instituto Nacional de Estadística). El problema es que cuando se busca información en el INE se termina yéndose a un kiosco para adquirir un yo-yo y juramentarse para nunca más volver a intentarlo.

Voy a poner dos ejemplos del tipo de datos que podría mover nuestras opiniones y, quizá, ayudar a eliminar (de televisores, radios y carteles) algunas de las terroríficas campañas en las que el Estado se gasta nuestra pasta.

Primero: se dice que la gente que fuma se muere de cáncer de pulmón. Es posible, pero sería magnífico contar con datos en las siguientes categorías:

-. Población urbana fumadora y no fumadora que se muere de cáncer de pulmón.
-. Población rural fumadora y no fumadora que se muere de cáncer de pulmón.

Naturalmente, las casillas deben estar ‘arregladas’ para que el número de habitantes sea irrelevante.

Mi predicción es que existirá una colosal desproporción entre la población urbana y la rural, de modo que en el primer caso se morirán por cáncer de pulmón con una significativa mayor frecuencia. No voy a aburrir con una explicación sobre el por qué de esta predicción. Es evidente.

Segundo: según parece, la gente muere menos en la carretera ahora que hace un lustro (más o menos). Las autoridades proclaman que la causa reside en la efectividad de las campañas.

Tengo serias dudas, pero el INE no me saca del atolladero. Sería excelente disponer de estadísticas claras sobre accidentes, independientemente de que sean mortales. Las cifras, también en este caso, deberían ser ‘arregladas’ para descontar el efecto de la cantidad de vehículos que ha rodado por las carreteras en los momentos que se desee comparar.

Mi predicción es que, si dispusiéramos de esos datos, comprobaríamos que los accidentes no se han reducido en absoluto, y, por tanto, el descenso en el número de víctimas mortales debería ser atribuido a la mejora en la seguridad pasiva de los vehículos más modernos.

Termino confesando que mis predicciones pueden ser lamentables, pero, ¿quién puede llegar a saberlo? En esta sociedad de la información cuesta mucho conocer los datos que pueden disipar, en serio, las dudas más recalcitrantes.

lunes, 5 de enero de 2009

Víctimas de Tráfico en España

Cada periodo vacacional somos sometidos a un baile de cifras que señalan, desde hace algún tiempo, descensos en el número de muertos. Las autoridades subrayan que las restrictivas normativas –radares, controles de alcoholemia, carnet por puntos, etc.—son la causa de ese descenso progresivo.

Pero, como en el presunto cambio del clima, ¿es realmente esa la causa? ¿O se usa la estadística para hacernos comulgar con ruedas de molino?

Si consultamos el anuario estadístico del Ministerio de Fomento (que se puede descargar de su web) y usamos la tabla de la página 225 (Accidentes con víctimas) en la que aparecen datos desde 1990, se puede construir la siguiente gráfica.



Se observa una oscilación entre 120.000 y 160.000, con subidas y bajadas. Entre 1990 y 1994 hay un descenso progresivo. A partir de ese año hay un incremento, también progresivo, hasta el año 2000. Se estabiliza hasta 2003, baja hasta 2005 y luego vuelve a aumentar. Es decir, el grafico que cabe esperar cuando las intervenciones de las autoridades no poseen ningún efecto causal.

Las actuaciones legislativas no parecen poseer ningún efecto sobre las víctimas de la carretera en España. Pero entonces, ¿por qué se nos dice que el carnet por puntos, por ejemplo, está reduciendo las muertes en la carretera? ¿Realmente no se han reducido las muertes? Si, claro que se han reducido, pero no sabemos por qué. Por un lado, mueren menos en la carretera, pero, simultáneamente, no se produce una reducción sistemática en las víctimas.

El número de accidentes oscila arriba y abajo, pero las muertes descienden. Ambas evidencias, correctas, permiten especular con la posibilidad de que las mejoras en las infraestructuras y en la seguridad pasiva de los vehículos modernos protegen la vida de los conductores cuando tienen un accidente. Pero si los accidentes no obedecen a los cambios de normativa, se deduce que tales cambios no poseen ninguna incidencia.

Aún así se insiste cansinamente en compulsivos controles de alcoholemia, en veladas amenazas sobre una eventual pérdida de puntos –como si estuviéramos en el colegio—y en castigos carcelarios, elevando así nuestros niveles de cortisol y promoviendo que no usemos nuestro vehículo mientras vemos aumentada nuestra probabilidad de fallecer por infartos inducidos por el estrés regulatorio.

Desgraciadamente no es fácil encontrar una respuesta porque las autoridades evitan ser trasparentes con los datos disponibles. ¿Es realmente el alcohol una causa tan relevante de los accidentes de tráfico? ¿Lo es una velocidad elevada? ¿O tener la mala suerte de conducir un vehículo antiguo con pésimas medidas de seguridad pasiva? ¿O evitar conducir por una autopista de peaje para ahorrar en tiempos de crisis?

Se sabe que el efecto del alcohol es muy diferente según la persona. Se sabe que la misma velocidad es excesiva en algunos casos, pero no en otros. Se sabe que un determinado vehículo puede salvarte la vida. Se sabe que la conducción en autopista es sustancialmente más segura que por una carretera de doble sentido.

Si realmente se desea reducir la siniestralidad en la carretera, entonces quizá debamos solicitar a las autoridades que sean trasparentes para que los ciudadanos podamos pensar por nuestra cuenta y tratar de encontrar alternativas que en la actualidad no se pueden vislumbrar porque es, simplemente, imposible. Pidamos a las autoridades que dejen de preocuparse por lo que se vaya a publicar al día siguiente en la prensa. Roguemos a esas autoridades que piensen honestamente en cómo mejorar las cosas a largo plazo, no simplemente dentro de su breve periodo como gobernantes. Aunque no se lo crean, los ciudadanos, a diferencia de los periodistas, deseamos soluciones duraderas. El periodista vive del día a día y de que sucedan cosas que puedan vender. Los ciudadanos somos un colectivo bastante más numeroso que, generalmente, no vende noticias, pero que desea que sus representantes políticos hagan su trabajo, independientemente de que a los periodistas les parezca un buen o mal negocio.