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lunes, 11 de julio de 2011

Asociación clandestina de profesores universitarios ‘sin calidad’


Antes de comenzar confieso dos cosas. Primero, esta asociación no existe. Segundo, la idea de fundarla a la mayor brevedad no es mía, sino de un amigo de la Universidad de Sevilla que mantendré en un segundo plano por si desaprueba la presente iniciativa.

La ACPUSC no existe, pero hay serios indicios sobre su inminente creación y fulgurante paso a la legalidad. Un numero creciente de profesores advierten del riesgo que se corre de acabar, de una vez por todas, con lo que se pensaba que debe ser un universitario. De acuerdo, a lo mejor no son tantos individuos, pero se debe a que están extraordinariamente atareados esforzándose por asimilar los cientos de puñetitas que se les exige para poner en marcha, como es preceptivo, el próximo curso académico sin provocar un drama burocrático a escala europea.

Entre plataformas y campos virtuales, PowerPoint, Moddle, Sigma y punteros laser diseñados por Industrial Light & Magic, estamos al borde de olvidar lo que hay que hacer para enseñar. Algunos tenemos la sensación de que ahora lo relevante es que parezca que se enseña. Que lo parezca mucho.

Y tal apariencia se cimenta en poner a disposición de los chavales montañas de ingentes posibilidades desglosadas en los llamados créditos ECTS. Una vez fagocitado por esas cordilleras de información, ninguna brújula resulta útil para evitar extraviarse –perdidos y nunca encontrados.

Los horarios para el siguiente curso, los calendarios de exámenes, las guías docentes --también en inglés, claro-- y un larguísimo etcétera, deben estar vistos para sentencia con un alocado tiempo de antelación. Vamos siempre corriendo. Casi no se ha terminado con las actividades de un periodo y ya se esta proponiendo que nosotros y ellos hagamos una minuciosa valoración de la experiencia para aumentar la calidad en el siguiente. Y así una y otra vez en un demencial bucle –no llega al estatus de espiral. Valoramos para mejorar pero ¿qué es lo que realmente se esta valorando?

Únase a esto la burocracia que rodea a los grupos de investigación. Y no, no es un detalle mas. También aquí se exigen seguimientos regulares y aprobaciones por parte de comisiones que supervisan hasta los mas nimios detalles antes de que se pueda dar un solo paso. Los famosos informes de seguimiento se convierten ahora en charlas presenciales ante un jurado sumarísimo.

Véase, si se quiere, el siguiente articulo. Si no, siga adelante.


Impresos y mas impresos nos acechan a la entrada de la Facultad, se nos adhieren a los talones y se introducen en el sistema nervioso central --superando la barrera hemato-encefálica-- a medida que abrimos la puerta de nuestros despacho y conectamos el ordenador. Si, si, esa máquina luciferina que contiene algo llamado email, un correo que posee la capacidad de eliminar de un plumazo los planes que hicimos para el día en curso. Abrir el correo electrónico conlleva, automáticamente, dedicarse a cosas que no estaban previstas. Saben a lo que me refiero, no miren hacia otro lado.

El malestar que este tipo de factores produce está cristalizando en la edición de escritos que animan a la rebeldía académica. Por ejemplo, Fernando Gil Villa publica ‘Profesores indignados’.


En Suiza se ha creado una organización anti-PowerPoint.


Algunos de mis colegas puntualizan que “nosotros no hacemos lo que esa organización denuncia” pero yo no lo tengo muy claro. Me da que si, que hacemos eso y cosas peores.

El sistema desconfía de nuestra capacidad para hacer lo que debemos y para lo que, no se olvide, tuvimos que aprobar una oposición bastante dura. El sistema o, mas probablemente, determinados individuos con tendencias sádicas que se sirven de los paraguas legales --¡ay, esas leyes!-- para sacarnos de nuestras casillas.

No me atrevería a señalar con el dedo a esas despiadadas almas que atesoran un inexplicable poder. Me planto aquí comentando que quienes mas deberían saber sobre lo que debe hacerse para enseñar son, a menudo, los peor valorados por los chavales. ¿Sera casualidad?

Una nota final: miembros posibles de la ACPUSC me comentan que precisamente esos espíritus han ideado la bacanal de gestiones señalada aquí, para intentar robarle su esencia a los profesores que, hasta ahora, han hecho su trabajo como deben, es decir, han enseñado a los chavales a pensar como un universitarios.

Fracasarán, que se vayan haciendo a la idea. Ellos no pueden imitar lo que nunca supieron hacer.

jueves, 11 de febrero de 2010

El aula y el aprendizaje

Estamos siendo aplastados por una sobredosis de información en general. La ciencia no es una excepción.

Los chavales lo tienen bastante complicado para hacerse con la artillería de la ciencia. Preparar un programa de estudios en el que la ciencia es protagonista no puede basarse en conocimientos específicos, sino en procedimientos, en métodos. Repasar la historia de la ciencia es irrelevante. La meta debería ser enseñar a los chavales a pensar como científicos.

La ciencia no detiene su avance y lo que hoy en día parece un conocimiento consolidado, cambia mañana. El mecanismo que está detrás de ese cambio es el que se debería enseñar en el aula. Como dice Javier Sampedro, “la única forma de mantenerse al día con ese progreso acelerado es ser parte de él: asimilar en qué consisten las explicaciones racionales del mundo, cómo las descubrieron los mejores científicos del pasado, cómo las están explorando los investigadores del presente, y en qué consiste eso, y por qué se hace, y cómo ello transforma nuestras sociedades con más profundidad que cien guerras y mil fechas históricas”.

Las aulas cuentan ahora con tecnología presuntamente destinada a mejorar la transmisión de conocimientos, pero el método docente sigue siendo similar a cuando no estaban presentes esas tecnologías: el profesor explica un temario, los estudiantes escuchan y preguntan, quizá, de vez en cuando.

Pero los chavales no se chupan el dedo. Están digitalizados y no soportarían una película de Fassbinder (que es lo que viene a ser una clase estándar).

El futuro, que ya está aquí, pasa por las lecciones personalizadas. La enseñanza debería estar basada en las cualidades personales de los chavales, que varían sustancialmente de unos a otros. ¿Seremos capaces de responder al reto los profesores que enseñamos ciencia?

jueves, 1 de octubre de 2009

Respuesta a la Pregunta 49

¿Por qué no se enseña Psicología en las escuelas?

No lo sé, la verdad. Se enseñan muchas cosas, pero no Psicología.

Los chavales aprenden a usar su idioma, correctamente, en la asignatura de lengua española, y un segundo idioma –ahora inglés—en lengua extranjera. Razonan a través del lenguaje universal de las matemáticas. Conocen su medio en materias como ciencias naturales. Hacen deporte en gimnasia. No sé muy bien qué se enseña en ciencias sociales y no es desidia por mi parte.

Los responsables del Ministerio de Educación trabajan en los llamados diseños curriculares, y, personalmente, me consta que hacen un verdadero esfuerzo para que el resultado sea coherente y relevante para la formación de nuestros chicos. Eso si, se olvidan, a menudo, de que el mejor de los guiones puede naufragar por unos actores que no están a la altura o por un director que está pensando en otra cosa en pleno rodaje.

El caso es que, salvo como asignatura optativa en enseñanza secundaria, y solamente en algunos centros, no existe una materia de Psicología en las escuelas. Los responsables del diseño educativo se olvidaron de la declaración de Jorge Luis Borges, sabia para algunos de sus lectores, sobre un planeta imaginario:

No es exagerado afirmar que la cultura clásica de Tlön comprende una sola disciplina: la Psicología.
Las otras están subordinadas a ella.
He dicho que los hombres de este planeta conciben el universo como una serie de procesos mentales, que no se desenvuelven en el espacio, si no de modo sucesivo en el tiempo


Es difícil encontrar una respuesta satisfactoria a la pregunta de por qué se enseña a hablar o calcular, la estructura de la célula, los planetas del sistema solar, los ríos del continente americano o la diferencia entre la ilustración y el renacimiento, pero se ignora la conducta y la mente humanas.

Hablamos, calculamos y podemos comprender lo que los demás han descubierto sobre el cuerpo humano o el cosmos precisamente porque, para bien o para mal, poseemos una mente. Sería lógico suponer que un loable y necesario objetivo de la educación pasaría por explicarles a los chavales qué sabe en la actualidad la psicología sobre la conducta de los seres humanos. Todavía más importante, constituiría una empresa fascinante ayudar a los alumnos a entender cómo se puede llegar a conocer algo sólido sobre por qué hacemos las cosas que hacemos.

En el mundo actual, recién estrenado el siglo XXI, sería conveniente aceptar que el homo sapiens se ha acostumbrado a ver el mundo a través del cristal de la ciencia. Mi colega y amigo, James Flynn (el científico que hizo popular el descubrimiento de que las nuevas generaciones son más inteligentes que las anteriores) usa un ejemplo que ahora adaptaré. Si le preguntásemos a un ciudadano, elegido al azar, qué diría sobre un león y una cebra, la respuesta sería sustancialmente diferente si lo hiciésemos mediado el siglo XX o en la actualidad. Hace 60 años seguramente nos diría que el primero caza a la segunda, pero ahora la respuesta sería que ambos son mamíferos.

Comprender que está detrás de este cambio apoya, todavía más si cabe, la relevancia de que los alumnos, que aprenden muchas cosas en el colegio, también puedan dedicar tiempo a ponderar y valorar su instrumento más preciado, su mente. Ahora están preparados para ello.

Saber, por ejemplo, que la gente posee una personalidad, y que, por tanto, no hay dos personas iguales, ayudaría a los chavales a entender por qué hay gente generosa, egoísta, agresiva, nerviosa o sosegada. Conocer cómo memorizamos o cómo usamos lo que sabemos, podría contribuir a orientar su propio proceso de adquisición de conocimientos. Darse cuenta de que hay personas más capaces que otras, por motivos puramente naturales, le ayudaría a sopesar sus propias aspiraciones. Ahora se valora mucho el pensamiento crítico, pero es difícil debatir si no se razona.

Personalmente no invertiría demasiado esfuerzo en convencer a las autoridades educativas de la relevancia de enseñar Psicología en el colegio. Pero opino que debería implantarse a petición popular. Seguramente sea la única estrategia que tenga algún viso de éxito a medio plazo.

viernes, 25 de septiembre de 2009

ENSEÑANZA DE LA CIENCIA

La Unión Europea está preocupada por la enseñanza de la ciencia. Buscan, desesperadamente, jóvenes que se interesen por ella. Ahora se intenta alcanzar la meta mediante el programa DYNALEARN.

Se supone que hay tres razones por las que los jóvenes no se interesan por la ciencia. Primero, la escasa variedad en cómo se enseña. Segundo, porque en las clases no se explican los conceptos en los que se apoyan los datos. Tercero, porque la ciencia es más compleja que otras materias.

Como antídoto, DYNALEARN se basa en el uso de ordenadores para adaptar la enseñanza al estudiante. Se persigue que aprendan como si estuvieran interactuando con un videojuego.

Por tanto, se trata de un sistema visual, destinado a estudiantes de secundaria y de universidad.

Diagnóstico: no funcionará.
Se pueden dar por perdidos los 2.5 millones de euros invertidos.

Hay una larga tradición ya en el uso de sistemas de instrucción asistida por ordenador –o tutores informáticos—y el resultado invariable de su aplicación ha sido que los chavales terminan aburriéndose como ovejas.

No me cabe duda de que la idea es atractiva, pero también tengo claro que las perspectivas de éxito son de pobres a tirando a nulas.

Las razones por las que los estudiantes se interesan cada vez menos por la ciencia no son las que están detrás de la creación de DYNALEARN. O, mejor dicho, solamente una de ellas es la responsable de su escaso interés: es compleja y abstracta.

Los científicos saben que la ciencia es absolutamente genial, una de las actividades más fascinantes a las que puede dedicarse un ser humano. Pero lo saben porque han logrado superar un largo y tedioso proceso de formación y un sin número de sinsabores, de fracasos, de caminos sin retorno y de errores, antes de llegar a algo que ha contribuido, de alguna manera, a cambiar el modo de vida de los habitantes del planeta o el prisma a través del que ven el cosmos.

Desgraciadamente eso no se puede enseñar, igual que no se puede enseñar a alguien a convertirse en Pasteur, Edison o Ramón y Cajal.

¿Hay alguna alternativa constructiva?
Si, yo creo que si, pero eso será objeto de un post posterior…