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miércoles, 7 de abril de 2010

El Colegio de Psicólogos y el Tabaco

El Colegio de Psicólogos (COP) se apunta a la lucha sin cuartel contra el consumo de tabaco. En concreto, urge al gobierno para que aplique, sin más dilación, la ampliación de la prohibición a cualquier espacio cerrado, locales de ocio y restaurantes incluidos.

Sostienen los representantes del COP que la demora va en contra de la salud y el bienestar de la población. Según ellos, esa población “tiene derecho a no verse obligada a convivir en espacios cerrados perjudiciales para su salud”.

Algunos debemos parecer subnormales de tanto preguntar lo mismo, pero ahí va otra vez: ¿quién obliga a nadie a ir a un restaurante en el que los comensales, de acuerdo con el dueño, se fuman un cigarrillo después de una agradable comida?

Si un segmento de la población no quiere exponerse al humo del tabaco, cosa me parece magnífica, que vaya a un restaurante en el que los comensales, de acuerdo con el dueño, no fuman ni comen cosas grasientas y rebosantes de colesterol.

De acuerdo, el tabaco es una adicción. El amor (o el sexo) por ejemplo, también, así que, prepárense…

Sigamos con el COP. Se propone intervenir a todos los niveles (familia, escuela, etc.) para prevenir el consumo de tabaco. Se pretende combatir “la imagen de prestigio asociada al fumador”. Vaya, así que el fumador tiene prestigio. Interesante.

Como era de esperar, el COP sostiene que hay que usar un modelo ‘biopsicosocial’ y ‘tratamientos cognitivo-conductuales’ para luchar eficazmente contra el tabaquismo. Hasta ahora no he logrado captar ni el primero ni los segundos y eso que lo han intentado a menudo mis colegas los psicólogos. Pero soy bastante duro de mollera.

Se apunta al carro también, la insigne institución, de afirmar que prohibir fumar en el sector de la hostelería no repercutirá negativamente sobre la economía. Ardo en deseos de saber de dónde salen esas estadísticas de las que me permito dudar desde ya (si, al menos, 3 de cada 10 españoles son fumadores, dicen, el efecto deberá percibirse claramente en el bolsillo de los hosteleros –las matemáticas, como el algodón, no engañan).

Ya sé que es una pregunta poco inteligente, para variar, pero debo hacerla: si tanto preocupa que los españoles fumen, si es tan relevante, si la cosa está tan malita como auguran esos pájaros, ¿por qué no dejan de fabricar tabaco? A mi me privaron de mis cereales favoritos hace un par de años. La maldita compañía decidió dejar de producirlos (quizá porque yo era el único consumidor, no estoy seguro). Durante un tiempo estuve inconsolable, melancólico, preso de mis recuerdos, pero terminé aceptando la nueva situación: ahora debo llevarme al coleto unos repugnantes cereales que nada pueden hacer para sustituir a tan exquisito como extinto manjar.

Cuanto sufrimos algunos psicólogos con el Colegio de Psicológos. Cuanto me gustaría ver cómo quienes representan a mi profesión sudan la camiseta para introducir algo de sentido común en el delirante mundo de las prohibiciones a destajo. Pero no. Prefieren guardar ese sentido debajo de la alfombra sacando pecho para salir en la fotografía y declarando que la casa está barrida.

miércoles, 24 de marzo de 2010

COP y la educación

El Colegio de Psicólogos (COP) no deja de sorprendernos con su falta de rigor. Contribuye así a la visión de que la Psicología es cosa de sentido común y que la ciencia poco puede hacer para comprender la conducta humana.

Un ejemplo sangrante es el relacionado con el problema de la educación, por el que la sociedad dice estar preocupada.

Hace poco apareció en la revista electrónica del COP la reseña sobre un trabajo [De la Fuente, J. y Cardelle-Elawar, M.C. (2009). Research on action-emotion style and study habits: Effects of individual differences on learning and academia performance of undergraduate students. Learning & Individual Differences, vol. 19, 567-576.] en el que presuntamente se mostraba el camino a seguir.

El texto dice que el rendimiento académico depende de dos factores: un perfil personal de logro y un buen nivel de hábitos de estudio. El primer factor conlleva un estilo de acción-emoción a través del que el alumno muestra gran capacidad de trabajo. El segundo factor supone una buena organización y planificación del trabajo y del tiempo de estudio.

A partir de aquí se proponen cambios en el sistema educativo. Por ejemplo, reforzar y valorar en las calificaciones académicas el esfuerzo, la persistencia en las tareas y su ejecución excelente. Esto se considera una competencia ‘actitudinal’ para el aprendizaje y la autonomía personal. Dicen los autores que esta competencia será un predictor del éxito, no solamente académico, sino también profesional.

Dicho esto, sin ningún empacho, se declara que la cultura de lo fácil no puede producir sujetos excelentes. Comencemos por la familia, por nuestros hijos y por los contextos formales de enseñanza/aprendizaje (si se comienza por todos estos lugares, ¿por dónde continuamos?). Ningún problema. Si la Psicología ha hecho algo hasta ahora para comprender el rendimiento escolar, es como si no existiese. Debemos comenzar desde cero para alcanzar la gran revolución. Y ese giro copernicano (¿o sera ptolemaico?) vendrá, dicen, de un cambio de actitud, de que los chavales tomen conciencia de que hay que esforzarse para aprender.

¿En qué mundo viven de la Fuente y su colega? Que Dios nos pille confesados y meaditos…

Si tienen tiempo, y curiosidad por lo que la Psicología científica conoce sobre la educación, revisen estos post como antídoto ante tanta majadería: