viernes, 17 de febrero de 2017

La Parada de los Monstruos –por Óscar Herrero Mejías

Recientemente tuve la oportunidad de ver de un tirón la vieja película La Parada de los Monstruos (Freaks), dirigida por Tod Browning en 1932. Guardo un recuerdo difuso de mi infancia acerca de esta película, probablemente imágenes del anuncio de su emisión de madrugada en algún oscuro espacio de La 2.

Harry Earles, un amigo alemán del director que sufría un trastorno del desarrollo por el que tenía una eterna apariencia infantil (¿le conocería Gunter Grass?) le sugirió la posibilidad de adaptar el cuento La espuela al cine. El resultado sería Freaks.

La historia transcurre en un circo ambulante que incluye entre sus artistas a numerosas personas con graves discapacidades que sirven como atracción para un  público cruel. Uno de ellos es Hans (interpretado por el propio Earles), que está a punto de casarse con su prometida Frieda (su hermana en la realidad).

Pero Hans es seducido por la pérfida Cleopatra, una trapecista manipuladora que finge amarle para sacarle el dinero, con la ayuda del forzudo Hércules. Cuando descubren que Hans ha recibido una sustanciosa herencia, deciden que Cleopatra ha de casarse con Hans y posteriormente asesinarle.

En el banquete de boda, la comunidad de artistas discapacitados ofrece a Cleopatra ser “uno de ellos” bebiendo champán de una gran copa, a modo de rito iniciático. Ella explota, se ríe de todos los presentes, les humilla.

Tras la boda comienzan un envenenamiento progresivo que es finalmente descubierto por Hans y sus amigos.

Una noche de tormenta, mientras que los carromatos se trasladan a otro pueblo, la familia circense lleva a cabo su venganza. Lo que hasta ese momento era una fábula plagada de personajes con interpretaciones afectadas, se convierte durante sus últimos minutos en una película de terror.

La comunidad de rarezas emerge de la oscuridad, arrastrándose en el lodo con cuchillos en la boca, dispuestos a convertir a Cleopatra en una de ellos pero esta vez de forma definitiva. La trapecista corre hacia el bosque, pero pequeñas figuras le siguen veloces.

El reparto está compuesto por artistas de circo reales, como los hermanos Earles (que formaban el grupo The Doll Family), el guayano Prince Randian que carecía de brazos y piernas, John Eck (conocido como Half Boy), o Schlietzie (que sufría una grave microcefalia y que es una de las imágenes icónicas de la película).

La película fue un fracaso de crítica y taquilla. Sus imágenes perturbadoras desagradaron al público de la época. De hecho durante mucho tiempo estuvo prohibida en Inglaterra.
  
No es una película fácil de ver, pese a que dura apenas una hora.

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