sábado, 8 de noviembre de 2008

Viajes y Experiencias de Michael Crichton

Crichton nació en Chicago en 1942.

Falleció en LA el martes 4 de noviembre de 2008, con tan solo 66 años de edad.

Quienes le admiramos le echaremos de menos.

Como merecido homenaje, incluyo seguidamente algunas de sus visiones, ideas y sensaciones, tal y como fueron recogidas en su excelente obra “Viajes y Experiencias”.

Estudiante de Medicina

Todos aceptábamos de una forma más o menos consciente que existía una relación entre los procesos mentales y la enfermedad. Existía una asociación de algunas enfermedades físicas con una personalidad característica. El cuerpo poseía la capacidad de resistir a los virus, pero variaba según la actitud mental. Extender la hipótesis del cerebro de un modo generalizado revestía connotaciones alarmantes. Demandaba una nueva concepción de la medicina, un enfoque diferente de los pacientes y la enfermedad. Hacía ya tiempo que había renunciado a la medicina cuando logré formarme una visión de la enfermedad capaz de convencerme: nosotros provocamos nuestras afecciones”.

Viajes

Antes de lo que cabe imaginar los nombres de Krishnamurti y Yogananda me eran tan familiares como Watson y Crick, o Hubel y Wiesel”.

Tengo pruebas fehacientes del valor de los diarios”.

El mutismo me resulta agradable. He pasado años escribiendo, sin apenas hablar. No me inquieta estar en silencio”.

No podía dejar que la vida fluyera a su ritmo. Era un hombre urbano, un hijo de la tecnología acostumbrado a hacer que pasaran cosas. Me habían enseñado innumerables veces que yo debía provocar los sucesos, que no intervenir equivalía a caer en una vergonzosa pasividad. Había vivido siempre en la ciudad, debatiéndome hombro con hombro junto a otros que también luchaban. Y todos batallábamos para que ocurriera algo: un matrimonio, un empleo, un ascenso, una aceptación, un hijo, un coche nuevo, una ciudad nueva, una posición mejor y un peldaño más alto”.

Me encontraba atrapado en una honestidad interna que ignoraba poseer (…) pensar en mi agotamiento no resultaba nocivo”.

Lo que si me atraía eran las vivencias nuevas”.

[Comentario de Sean Connery a Michael mientras rodaban “El Gran Robo del Tren”]. “He pasado gran parte de mi vida sintiéndome desgraciado. Una mañana pensé: ‘Tienes un día entero en perspectiva y puedes disfrutarlo o amargártelo’. Decidí que, ya puestos, más valía disfrutar”.

Nunca sabías cuándo ni cómo se desencadenarían las tormentas emocionales. Algunas personas descubrieron que les aterrorizaba el desierto, y ni siquiera lo pisaban. Otras no sabían estar solas. Las había que no se atrevían a hablar en las reuniones de grupo, o que no toleraban a su compañero de cuarto, o que pensaban de un modo obsesivo en el mundo exterior y la ausencia de noticias. Ciertos individuos no podían ser una parte del grupo; tenían vocación de líder. Unos lloraron sin parar en los días de ayuno, mientras que otros hallaron insuperables los dos días de silencio (…) Se diría que proteger nuestros criterios era más importante que vivir nuevas experiencias y encajar los puñetazos (…) las personas se volvían rígidas cuando atribuían a las cosas unos valores fijos”.

El mundo moderno dificulta la adquisición de la conciencia individual. Cada día viven más seres humanos en los grandes núcleos urbanos, rodeados de otros seres humanos y de lo que entre todos han construido. El universo natural, antiguo espejo donde se miraba el hombre, está prácticamente ausente. Es enloquecedor tener que desenvolverse entre anuncios televisivos de veinte segundos que nos urgen, uno tras otro, a comprar algo, a hacer algo o a pensar algo. Privados de la experiencia directa, escindidos de nuestros propios sentimientos y a veces, también, de nuestras propias sensaciones, estamos más que dispuestos a adoptar los esquemas mentales y las perspectivas que nos trasmiten, pero que no son los nuestros”.

Inhabituados a la experiencia directa, podemos llegar a temerla. No nos gusta leer un libro o ver una exposición monográfica hasta que hemos repasado las críticas y sabemos qué pensar. Descubrí que me agradaba viajar porque me obligaba a romper la rutina y los moldes que regían mi vida. Al cabo de un tiempo, el viajar perdió parte de su encanto porque entraba en los aviones dando tumbos, cargado con todos aquellos chismes que yo creía indispensables. En vez de desechar la antigua rutina, me había creado una nueva. Ya no me escapaba de la oficina; lo que hacía era acarrear sobre los hombros todo el equipo del despacho”.

Que nadie se fíe de mí. Sean tan escépticos como gusten. Investiguen por su cuenta. Cada uno, en definitiva, debe buscar individualmente. Sé bien que las respuestas de cada uno son individuales e intransferibles”.

La extensión del fraude científico se desconocía, pero recordé a mis oyentes que su existencia es innegable. Consecuentemente, el hecho de que hubiera profesionales fraudulentos en una determinada actividad no podía constituirse en argumento para anatematizar a todo el sector. Hablé de la proclividad generalizada de los científicos de cualquier tiempo y lugar a creer que ya lo saben todo (…) Desde mi perspectiva, las empresas de la ciencia no eran tan diferentes de otros empeños humanos. La ciencia sola no basta”.

Ningún fragmento puede sustituir la riqueza vital de Michael destilada en “Viajes y Experiencias”.

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