La ministra de medio ambiente se ha reunido con una serie de asociaciones ecologistas con presencia en España: Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF.
Aguilar recogió las reivindicaciones de estas asociaciones y prometió dar respuesta a la mayor brevedad.
Estos son algunos ejemplos de lo exigido por las asociaciones:
-. Reducción incondicional de emisiones en un 30%.
-. Materializar los compromisos de la Ley de Patrimonio Natural y Biodiversidad.
-. Reducción de la cuota de pesca del atún rojo hasta las seis mil toneladas.
-. Prohibición del maíz modificado genéticamente MON810 y de la patata Amflora.
-. Declaración de Impacto Ambiental negativa al proyecto de Refinería Balboa (Badajoz).
- Derribo del hotel Algarrobico (Almería) ordenado por sentencia judicial.
- Combatir la construcción del puerto de Granadilla (Tenerife).
Estas podrían haber sido las respuestas de la ministra:
-. Gaia deglute las emisiones humanas.
-. La biodiversidad no nos necesita.
-. El atún rojo no es tan interesante como pensamos.
-. Los alimentos modificados son necesarios para alimentar a una población creciente.
-. La industria también es necesaria.
-. Los hoteles generan prosperidad.
-. Los puertos también.
Y, para terminar, podría haberles dicho que su ministerio piensa promover la construcción urgente de veinte centrales nucleares en el territorio nacional para abastecer al país de energía abundante, barata y segura.
Eso es lo que habría ocurrido si Aguilar, y el gobierno al que representa, estuviesen realmente preocupados por su país, por sus representados, y no por satisfacer los requerimientos de una serie de asociaciones con un claro ánimo de lucro.
