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miércoles, 10 de noviembre de 2010

Felicidad

El PNAS, que promueve hasta la extenuación las campañas mediáticas sobre los trabajos que decide aceptar, publica ahora un estudio sobre la felicidad.

Headey, B. et al. (2010). Long-running German panel survey shows that personal and economic choices, not just genes, matter for happiness. www.pnas.org/cgi/doi/10.1073/pnas.1008612107.

Los autores del estudio concluyen que las metas vitales, las creencias religiosas y las elecciones personales son importantes para comprender las diferencias de felicidad que separan a los ciudadanos.

Particularmente destacables son las elecciones de los amigos y de la pareja, el tiempo dedicado al trabajo y al placer, la implicación en actividades sociales y los estilos de vida saludables.

El nivel de inestabilidad emocional de la pareja, la implicación con la familia y las metas altruistas, ir a la iglesia, la participación en eventos sociales, y hacer ejercicio con regularidad, se revelan como factores tan importantes como la extraversión para considerarse feliz.

La investigación alcanza el punto del delirio al concluir que las mujeres son más desgraciadas por ser obesas que por carecer de pareja.

El artículo termina con estas palabras: “el hallazgo de que los niveles de felicidad responden a las prioridades y elecciones vitales confirma el valor de la aproximación de los economistas y de la llamada Psicología positiva”.

Con esta clase de declaraciones y los presuntos resultados encontrados, los autores tratan de desbancar la teoría de que la felicidad es estable y se encuentra vinculada a los genes y los factores de personalidad.

Un psicólogo de la personalidad les preguntaría, de manera legítima, ¿no dependen las elecciones vitales, en buena medida, de la personalidad? Y, puesto que la personalidad está vinculada, en un grado relevante, a los genes, ¿no depende todo ello de los genes?

Por supuesto que hay factores no genéticos relevantes para comprender las diferencias de felicidad, pero los señalados por los autores suenan raros, en el mejor de los casos.

jueves, 18 de marzo de 2010

Sistema neuronal distribuido de la inteligencia general revelado por el análisis de lesiones


Este estudio ha capturado la atención de varios medios de comunicación, tanto generales como más especializados. Es una prueba más del extraordinario interés que tiene la inteligencia para la gente.

Sorprendentemente, este factor psicológico apenas logra captar la atención de los psicólogos en formación. Tampoco de los psicólogos de nuestro país, que lo ven más como una ‘amenaza’ que como lo que realmente es.

A los chavales que ingresan en la universidad para estudiar psicología, apenas se les habla de la relevancia de la inteligencia para comprender la conducta humana, mientras se les satura de una enorme cantidad irrelevante y redundante de conocimientos.

Sin embargo, la evidencia acumulada es abrumadora, y, a no mucho tardar, este panorama debería cambiar. Los psicólogos, y también el Colegio Oficial de Psicólogos, deben (a) aceptar que la inteligencia es el factor psicológico más relevante y (b) actuar en consecuencia mejorando la formación a este respecto. Actuar de otro modo es una grave irresponsabilidad.























lunes, 21 de diciembre de 2009

Mente sana en cuerpo sano

PNAS ha publicado recientemente un estudio que muestra que el ejercicio físico se asocia a unas mejores puntuaciones en los tests de inteligencia.

Se valoró la resistencia cardiorrespiratoria y la fuerza muscular de más de un millón de jóvenes nacidos entre 1950 y 1976 cuando contaban con 15 años de edad. Se midió su inteligencia a los 18 años de edad mediante una serie de tests y se volvió a evaluar la resistencia cardiorrespiratoria.

Los resultados mostraron que la resistencia cardiorrespiratoria a los 15 años, pero no la fuerza muscular, se relacionaron con mejores puntuaciones en los tests a los 18 años de edad. Además, quienes mejoraron su resistencia física entre los 15 y los 18 años también mostraron mejores puntuaciones en inteligencia.

Asimismo, los mejores niveles cardiorrespiratorios se asociaron a un mayor nivel educativo y a un más alto nivel socioeconómico en la vida adulta.

En la investigación se explora si esas relaciones son genuinas comparando hermanos de distinto grado de parentesco (gemelos, etc.). Estas comparaciones permitieron estimar la influencia de los factores genéticos y no-genéticos sobre el ejercicio físico y sobre la capacidad intelectual. La influencia genética sobre el nivel cardiorrespiratorio y sobre la inteligencia fue del 55%. La influencia del ambiente familiar fue del 15% y la del ambiente específico, o experiencia personal, del 30%. La relación entre capacidad cardiorrespiratoria y capacidad intelectual quedó explicada esencialmente por el ambiente específico, con valores superiores al 80%. Es decir, la relación no viene explicada ni por la genética ni por el ambiente de crianza.

Los resultados no deberían sorprender puesto que existen meta-análisis publicados que muestran un efecto positivo del ejercicio cardiovascular sobre el rendimiento intelectual en personas mayores. También se ha mostrado una relación entre esta clase de ejercicio y el volumen del hipocampo con una mejora de la memoria. Finalmente, la actividad física se ha vinculado al rendimiento académico en jóvenes.

Las razones de la asociación pueden deberse a que el ejercicio físico se relaciona con los niveles de activación en los lóbulos frontales y parietales, especialmente relacionados con la capacidad intelectual.

El ejercicio cardiovascular mejora el rendimiento intelectual incrementando la circulación de sustancias que promueven la plasticidad del cerebro.

Una nota final que hay que tener presente es que esta investigación únicamente se hizo con varones.