No demasiado.
Aunque probablemente se trata del método más popular para estudiar las relaciones entre el funcionamiento del cerebro de una persona viva y determinados factores psicológicos, los resultados son desconcertantes desde una perspectiva formal.
¿Por qué? Porque, dicho técnicamente, no alcanzan el estándar de fiabilidad requerido. No podemos fiarnos de los resultados. Los científicos estamos con la mosca detrás de la oreja.
Eso se concluye del análisis publicado en los ‘Annals of the New York Academy of Sciences’ por Craig M. Bennett y Michael B. Miller (Ann. N.Y. Acad. Sci. ISSN 0077-8923) --How reliable are the results from functional magnetic resonance imaging?
Digo que se concluye de sus resultados, porque algo distinto emerge de sus declaraciones (una paradoja relativamente frecuente en la ciencia moderna).
Los valores de fiabilidad de los estudios publicados hasta la fecha oscilan entre 0,17 y 0,75 (entre una mínimo teórico de 0 y un máximo de 1) siendo el valor medio encontrado de 0,50.
Cualquier estudiante de Psicometría sabe que un valor de 0,50 es claramente insuficiente (un valor de 0.7 comienza a considerarse dignamente, pero todavía es inapropiado).
La figura que acompaña a este post muestra el solapamiento entre las regiones que se activan ante una misma tarea resuelta en dos ocasiones diferentes por los mismos individuos. En color rojo se presenta la activación en la primera ocasión y en azul en la segunda ocasión (en gris el solapamiento). Por cierto, la activación del cerebelo se produjo en la primera ocasión, pero en absoluto en la segunda.
Los autores concluyen que la investigación con resonancia funcional (fMRI) ha abandonado la niñez para entrar en la adolescencia, aunque todavía no es adulta, diciendo que “la fiabilidad de la fMRI puede ser escasa en comparación con otras medidas científicas, pero, por ahora, es la mejor herramienta disponible para investigar el funcionamiento de un cerebro vivo”.
Optimistas ellos. Quizá sea bueno saber que hay vida más allá de la fMRI…

