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martes, 5 de octubre de 2010

¿Podemos fiarnos de la resonancia funcional (fMRI)?

No demasiado.

Aunque probablemente se trata del método más popular para estudiar las relaciones entre el funcionamiento del cerebro de una persona viva y determinados factores psicológicos, los resultados son desconcertantes desde una perspectiva formal.

¿Por qué? Porque, dicho técnicamente, no alcanzan el estándar de fiabilidad requerido. No podemos fiarnos de los resultados. Los científicos estamos con la mosca detrás de la oreja.

Eso se concluye del análisis publicado en los ‘Annals of the New York Academy of Sciences’ por Craig M. Bennett y Michael B. Miller (Ann. N.Y. Acad. Sci. ISSN 0077-8923) --How reliable are the results from functional magnetic resonance imaging?

Digo que se concluye de sus resultados, porque algo distinto emerge de sus declaraciones (una paradoja relativamente frecuente en la ciencia moderna).

Los valores de fiabilidad de los estudios publicados hasta la fecha oscilan entre 0,17 y 0,75 (entre una mínimo teórico de 0 y un máximo de 1) siendo el valor medio encontrado de 0,50.

Cualquier estudiante de Psicometría sabe que un valor de 0,50 es claramente insuficiente (un valor de 0.7 comienza a considerarse dignamente, pero todavía es inapropiado).

La figura que acompaña a este post muestra el solapamiento entre las regiones que se activan ante una misma tarea resuelta en dos ocasiones diferentes por los mismos individuos. En color rojo se presenta la activación en la primera ocasión y en azul en la segunda ocasión (en gris el solapamiento). Por cierto, la activación del cerebelo se produjo en la primera ocasión, pero en absoluto en la segunda.

Los autores concluyen que la investigación con resonancia funcional (fMRI) ha abandonado la niñez para entrar en la adolescencia, aunque todavía no es adulta, diciendo que “la fiabilidad de la fMRI puede ser escasa en comparación con otras medidas científicas, pero, por ahora, es la mejor herramienta disponible para investigar el funcionamiento de un cerebro vivo”.

Optimistas ellos. Quizá sea bueno saber que hay vida más allá de la fMRI…

viernes, 2 de julio de 2010

Ruidos en el Cerebro

Nature’ publica un estudio sobre el efecto de los ruidos del cerebro.

Los circuitos de comunicación entre regiones cerebrales presentan distintos índices de fiabilidad. Pero existe una gran variabilidad dependiente de las distintas actividades a las que debemos hacer frente sistemáticamente.

En el estudio recientemente publicado se insertó una perturbación en el cerebro y se observó cuál era su efecto. ¿Aumentaba el desorden en ese circuito? ¿Se propagaba a otras regiones? ¿Se extinguía?

La perturbación consistió en provocar un único impulso nervioso extra en una neurona aislada de una rata de laboratorio. La actividad se propagó a las neuronas vecinas rápidamente y de éstas al resto. Por tanto, millones de neuronas resultaron afectadas finalmente por esa única perturbación original.

El ruido es, en realidad, algo normal en el cerebro. De hecho, el cerebro es más ruidoso que los ordenadores. Pero, a pesar de eso, es claramente más eficiente que los organismos cibernéticos más ‘limpios’.

Gestionar eficientemente ese ruido cerebral exige actuar en distintas frecuencias. En determinadas frecuencias las neuronas ‘saben’ que se debe ignorar la variabilidad irrelevante.

El alto nivel de ruido podría ser una consecuencia de la alta conectividad que rige en el cerebro. Suele decirse, gráficamente, que dentro del cerebro se pueden encontrar 8 kilómetros de cableado. Cuanto mayor es el cableado, más alto el nivel de ruido.


Estos resultados contrastan, al menos aparentemente, con las clásicas hipótesis de los psicólogos respecto a que una mayor capacidad intelectual se asocia a un menor nivel de ruido en la transmisión de información en el cerebro, es decir, a una mayor fiabilidad. O quizá no. Quizá lo que eso significa es que los cerebros de las personas más capaces intelectualmente gestionan más eficientemente ese ruido ajustando las diferentes frecuencias de emisión de señales.