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martes, 22 de marzo de 2011

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Desde Tarragona me envían un artículo sobre motor escrito por Antonio Fajardo en relación a los presuntos efectos positivos de la bajada del máximo de velocidad permitida en las carreteras españolas.

La Dirección General de Tráfico (DGT) es una auténtica especialista en maquillar datos, aunque esa institución no se encuentra sola, ni mucho menos, en este mundo mediatizado.

Ya comentamos en alguna otra ocasión lo complejo que resulta discernir el polvo de la paja en las estadísticas sobre accidentes, heridos y víctimas mortales en la carretera, puesto que la transparencia en los datos resulta azul oscura casi negra.


Fajardo se centra en las cifras que se publican los lunes para cuantificar los percances del fin de semana y proceder a las correspondientes comparativas anuales en periodos equivalentes.

Las estadísticas son una señoras muy sensibles, de modo que horas arriba, horas abajo, se pueden producir efectos ascendentes o descendentes realmente sustanciales.

Especialmente llamativo resulta el titular de que la primera entrada en vigor del nuevo límite co-varió con, literalmente, 0 muertes en la carretera. Por tanto, no hay más conclusión que admitir el brutal efecto positivo de la reducción de velocidad impuesta.

Dice Fajardo que si comparamos Marzo de 2011 (y eso que seguimos en él todavía) con el mismo mes de 2010, los accidentes han ascendido casi un 15%.

Si se considera Febrero de 2011 y de 2010, hay un incremento que supera el 15%.

Pero lo más llamativo es que en enero de 2011 se produjo un descenso del 21% con respecto al mismo mes de 2010, a pesar de que por aquel entonces conducíamos a una peligrosísima velocidad de 120.

En resumidas cuentas, hay demasiadas patochadas circulando desde la DGT al Ministerio, y de aquí a los medios de comunicación. No hay ruta inversa.

Alguien dijo que la gente solamente cree lo que ve. Ahora vemos la televisión. No tengo nada más que decir, que diría Don Manuel.