domingo, 14 de febrero de 2016

Nos esse quasi nanos, gigantium humeris incidentes –por Andreu Vigil

Así empieza una de las frases más famosas de la historia de la ciencia:

Si hemos visto más lejos, es porque estamos subidos en hombros de gigantes”.

Seguramente muchas de las personas que la citan la atribuyen a Isaac Newton, representando su modestia y humildad, señalando a una de las principales características de la ciencia, el avance por la acumulación del conocimiento.

Nada más lejos de la realidad.

Cuando Newton utilizó dicha frase, no se refería a los que facilitaron sus enormes descubrimientos en relación a las leyes de la física y, posiblemente, los motivos con los que la utilizó no fueron tan loables.

Todo ello nos lleva a una interesante historia que, como debe ser, ofrece un inesperado giro final.

Vaya por delante que, como no podría ser de otra manera, considero a Newton uno de los mayores genios científicos de la historia, y sus Principia son, posiblemente, el tratado más importante (con permiso de Darwin y Einstein) de la historia de la ciencia.

No obstante, nuestro amigo Isaac tenía un carácter peculiar que, posiblemente, combinaba una baja cordialidad y extraversión con una alta inestabilidad emocional. De hecho, se las tuvo con muchos de sus coetáneos, como por ejemplo Leibniz, con el que discutió acaloradamente sobre el descubrimiento del cálculo infinitesimal.

La frase en cuestión surge de sus agrias relaciones con otro genio de su época, Robert Hooke. Básicamente, Hooke estaba a favor del modelo ondulatorio de la luz, mientras que Newton prefería la corpuscular. Tal fue la beligerancia de sus batallas dialécticas que la Royal Society tuvo que mediar para suavizar sus relaciones. Ello motivó que Hooke mandara una carta a Newton en la que señalaba que no había nadie más capacitado que él para estudiar el fenómeno, a lo que Newton respondió señalando que Hooke había aportado mucho al conocimiento de dicho fenómeno, finalizando la carta del siguiente modo:

Si yo he sido capaz de ver más lejos, es porque me encontraba sentado sobre hombros de gigantes.

Curiosamente, parece que Robert Hooke era bajito y no muy agraciado físicamente debido a la viruela, así que puestos a ser malpensados no queda muy claro si Newton lo elogió o se rió descaradamente de él. Esto no lo sabremos nunca, pero los acontecimientos posteriores cuadran bastante con esta perversa interpretación.

Robert Hooke, posiblemente, es uno de los grandes genios olvidados de la ciencia, aunque en las últimas décadas ha habido un cierto movimiento reivindicativo en Inglaterra. A Hooke le debemos, entre muchas otras, las siguientes aportaciones:

- Formuló la ley de Hooke que relaciona la fuerza que se aplica sobre un cuerpo elástico con su deformación y que es la base de todos los mecanismos basados en los muelles.
- Construyó con Boyle la primera bomba de vacío.
- Evolucionó notablemente el diseño del microscopio, analizando múltiples substancias con el. Al analizar láminas de corcho describió cómo estaban formadas por numerosos compartimentos a los que denominó células (les suena, ¿verdad?)
- Determinó el punto 0 de la escala Celsius como el punto de congelación del agua.
- Identificó por primera vez a los fósiles como restos de criaturas y plantas que vivieron en otros tiempos.
- Inventó el higrómetro y realizó notables aportaciones al barómetro y otros aparatos meteorológicos.
- Al quemarse gran parte de Londres, colaboró en la reconstrucción, siendo la cúpula de la Iglesia de Sant Paul uno de sus diseños.
- Propuso que los planetas están atraídos por una “acción a distancia” que emana del Sol y que esta fuerza los apartaba de su trayectoria rectilínea natural, forzándolos a una órbita elíptica. Dicha fuerza dependía del inverso del cuadrado de la distancia entre ellos (la ley del cuadrado inverso ya había sido establecida previamente por Huygens).

Y fue precisamente a partir de este último punto cuando la frágil tregua Newton-Hooke estalló por los aires.

Hooke escribió a Newton hablando de esta idea, señalando que la tierra ejercía una atracción sobre la luna que explicaba su órbita, poniendo posiblemente a Newton en el camino correcto hacia la ley de la gravitación universal.

Cabe señalar que Hooke no desarrolló dicha idea matemáticamente, ni estableció ningún tipo de formulación. Hooke no se molestó porque en los Principia Newton estableciera dicha ley. El problema es que Newton no dio suficiente importancia a sus aportaciones (Hooke pudo ver las “galeradas” de los Principia al pertenecer a la Royal Society), lo cual le enojó tremendamente y se lo recriminó. Newton respondió eliminando de la versión definitiva de los Principia cualquier referencia a Hooke, destrozando por el camino su índice “h”.

Pero Newton fue mucho más allá, intentando eliminar cualquier rastro de Hooke.

De hecho, la ilustración adjunta es una mera suposición, puesto que en el traslado de la Royal Society, supervisado por Newton, se perdieron algunos cuadros (curiosamente todos en los que aparecía el bueno de Hooke). Al parecer Newton, como presidente de la Royal Society, hizo también desaparecer todos los aparatos desarrollados por Hooke, que estaban depositados en dicha sociedad.

Por mucho que en casos como este nos cueste aceptarlo, los científicos, incluso los grandes científicos, son seres humanos y, como tales, capaces de lo mejor y de lo peor, siendo la historia alrededor de la famosa cita un claro ejemplo de ello.

Pero, tal y como prometíamos al principio, falta el giro final.

La famosa frase de marras no es de Newton, ni tan siquiera es de su época, pues por aquel entonces llevaba rondando por el mundo científico unos 500 años.

Al parecer fue Bernardo de Chartres quien la pronunció en el siglo XII, y fue ampliamente utilizada en los ámbitos científicos como un modo de poner en valor las aportaciones de los sabios que precedieron a quien la utiliza.

Y ya puestos a especular sobre quienes son los gigantes, no creo que ande muy errado si miro hacia el Partenón.


2 comentarios:

  1. Buenas reflexiones. No lo dudes, Andreu: ser un buen científico no garantiza ser una buena persona. Es posible que se encuentre una cierta correlación positiva entre algunas virtudes y la condición de científico, como puede que la haya entre ser monja y amar al prójimo, pero ciertamente, y desgraciadamente, no siempre coinciden.

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