‘The Bell Curve’ 20 años después –un comentario final

Quisiera cerrar esta serie de post sobre ‘The Bell Curve’ con un comentario final.

Una pregunta relevante, vinculada a observaciones que suele hacer la audiencia cuando se explican esta clase de contenidos en público, es si lo descrito en ‘The Bell Curve’ puede generalizarse a otros países que no sean los Estados Unidos de América. Recuerden el subtítulo de la obra: ‘Intelligence and Class Structure in American Life’.

En mi obra de divulgación, ‘En los límites de la inteligencia. ¿Es el ingrediente del éxito en la vida?’ (Madrid, Pirámide, 2002), hice un esfuerzo por discutir la respuesta a esa pregunta usando datos de nuestro propio país. No voy a repetir ahora lo que se puede encontrar allí.

Pero si actualizaré algo puntual para dar algunas pistas.

Los datos de 2013 permiten responder a la pregunta sobre las tasas de paro según nivel educativo (en España). Entre quienes han completado la enseñanza obligatoria un 30% está en paro. Ese porcentaje baja al 22% si terminaron el bachillerato y desciende al 15% si son graduados universitarios. Es decir, se observa un descenso gradual en la tasa de paro conforme aumenta el nivel educativo. De hecho, es la mitad en la parte alta que en la parte baja, es decir, con ‘solamente’ seis años más de educación (en España).

Un patrón similar se observa en cuanto al salario percibido: si quien ha completado la educación obligatoria gana un salario de 1.000 €, los que terminaron el bachillerato cobran 1.200 € y aquellos que son graduados universitarios ingresan 1.680 €. Por tanto, a mayor nivel educativo, mejor salario (en España).

Si en un lugar de usar el nivel educativo alcanzado se considera lo que la OCDE denomina ‘competencia educativa’ (cuya relación latente con la capacidad intelectual es extraordinariamente alta) y nos preguntamos por la proporción de empleados, en paro e inactivos (en España), según que esa competencia sea alta o baja (una aproximación razonable a la élite y subclase cognitivas de H & M) los resultados son los siguientes:

Competencia educativa según OCDE
Categorías laborales
Empleados
En Paro
Inactivos
Alta competencia educativa
83%
7%
10%
Baja competencia educativa
50%
16%
34%

La evidencia es elocuente.

El proceso de estratificación que describen H & M, basado en la capacidad cognitiva (es decir, en la inteligencia) no es exclusivo de los Estados Unidos de América. Un relevante grado de meritocracia parece estar activo, al menos en las sociedades democráticas occidentales.

Uno de los mayores quebraderos de cabeza que nos encontramos los científicos cuando explicamos esta evidencia se relaciona, cómo no, con el problema de las diferencias de nivel socioeconómico que separan a los ciudadanos para comprender muchos de los fenómenos sociales que preocupan a la sociedad. H & M buscan modos de resolver el problema, pero es el segundo quien resuelve definitivamente el asunto en un informe publicado cuatro años después a ‘The Bell Curve’ (que, por cierto, me proporcionó Nat Brody en Barcelona y que, gracias a internet, pueden ustedes descargarse con un sencillo clic):

Charles Murray (1998). Income Inequality and IQ. The AEI Press. Washington, DC.

Es un informe de cincuenta páginas que merece la pena leer. En esencia, lo que hace el autor es comparar hermanos biológicos que han crecido en la misma familia, pero que poseen diferente capacidad intelectual:

Seleccioné pares de hermanos en los que uno de ellos presentaba un CI en la media, mientras que el otro presentaba un CI por encima o por debajo de esa media. El resultado fueron 1.074 pares de hermanos”.

Los resultados son demoledores.

Sería relativamente sencillo aplicar este diseño en nuestro país para despejar muchos de los interrogantes que nos inquietan como sociedad. Pero, que yo sepa, carecemos de esa clase de información y, lo que es peor, no tenemos el mínimo interés por encontrar iluminación. Opinar parece atraernos mucho más que investigar. No cabe duda de que es más descansado.

Pero algo huele mal. Un raro hedor comienza a percibirse en esta segunda década del siglo XXI en la que nos encontramos. No se vayan todavía.

Recientemente, Steven Pinker denunciaba, en un extenso artículo publicado en ‘The New Republic’ (The Trouble With Harvard. The Ivy League is broken and only standardized tests can fix it), que el proceso descrito por H & M se encuentra actualmente en grave peligro de extinción, en su opinión tristemente.

Pinker denuncia los bizarros criterios de admisión que se están aplicando últimamente en las universidades de élite de los Estados Unidos. Las autoridades educativas parecen haberse olvidado de que

Las habilidades necesarias para tener éxito en el mundo laboral incluyen la capacidad para organizar los pensamientos propios y poder comunicarlos con claridad a los demás, descomponer un problema complejo en sus partes, aplicar principios generales a casos concretos, distinguir causa y efecto, así como discernir valores en competición”.

¿No les suena esto a la esencia de lo que entendemos los científicos por inteligencia?

Sostiene este psicólogo, contratado por Harvard, que una persona educada en la universidad

Debe saber algo sobre la prehistoria de nuestra especie y sobre las leyes básicas que gobiernan el mundo, incluyendo nuestros cuerpos y nuestros cerebros.
Debe poder ubicar nuestra historia desde el comienzo de la agricultura hasta la actualidad.
Se le debe exponer a la diversidad de las culturas humanas y a los principales sistemas de creencias y valores en los que se basan.
Debería conocer los eventos clave de la historia de la humanidad, incluyendo los errores que no deberíamos repetir.
Debería comprender los principios de los gobiernos democráticos y de la legislación vigente.
Debería saber apreciar los trabajos de ficción y el arte como una fuente de placer estético y como un modo de reflejar la condición humana”.

¡Cuánto se parece esta descripción a la que discutimos al revisar ‘The Bell Curve’!

Además, la persona educada debe ser capaz de expresar ideas complejas y admitir la relevancia del conocimiento objetivo. Razonar sólidamente es crucial:

La convicción de que se puede enseñar (a razonar) hace que me levante de la cama todas las mañanas”.

Sin embargo, observa que

“La gente varía en su inteligencia innata y adquirida, en su apreciación de la abstracción, su familiaridad con la cultura, sus prioridades vitales, y en los rasgos de la personalidad relevantes para el aprendizaje
(…) una institución vibrante debe estimular a los estudiantes más brillantes para que pongan en tela de juicio la sabiduría recibida, debe alentar la innovación y debe invitar a que reten a los viejos de la casa”.

Pinker señala que, a menudo, sus clases están medio vacías (dilapidando así los estudiantes el dinero de sus familias) porque los chavales

Deben atender las (absurdas) actividades extracurriculares que les permitieron acceder a esa institución”.

Piensa que debería recuperarse la selección de estudiantes basada en su capacidad cognitiva, algo que puede hacerse con precisión usando tests de inteligencia:

Cualquier discusión sobre la meritocracia que asume que la capacidad cognitiva no existe o que no puede medirse, deja fuera de la mesa un elemento crucial
(…) el (farragoso) sistema actual es injusto y dañino
(…) las universidades de élite ya no se rigen por el principio de la meritocracia.
Lo sabemos porque no admiten a la mayor parte de sus estudiantes según su capacidad académica.
Y quizá sea eso lo que debamos recuperar”.

En suma, que el proceso que describieron H & M está en peligro, con las consecuencias que podemos fácilmente predecir si recordamos lo que ya discutimos. Opino que merece la pena pensar sosegadamente sobre cómo esa situación puede influir en las sociedades democráticas occidentales. Pero también sugiero que no pensemos tanto que nos quedemos paralizados. Al pensamiento debe seguir la acción.

Recuerden lo que escribía Tolkien el ‘The Lord of the Rings’:

La prudencia es una cosa y la irresolución es otra”.

Y añadía:

Sé muy bien lo que tengo que hacer, pero tengo miedo de hacerlo
(…) y así siguieron esperando, sin saber qué esperaban”.

Evitemos la indecisión y seamos asertivos. Hablemos claro. Y actuemos.

The Bell Curve Revisited:
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El documento PDF con los post publicados sobre 'The Bell Curve' en este blog se puede descargar usando el siguiente enlace:

https://dl.dropboxusercontent.com/u/10862393/%E2%80%98The%20Bell%20Curve%E2%80%99%2020%20a%C3%B1os%20despu%C3%A9s_PDF.pdf




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The Bell Curve: Un Lugar Para Todos

Existen, según H & M, tres tendencias que deberían considerarse preocupantes:

1.- Una élite cognitiva en creciente aislamiento.
2.- La combinación de la élite cognitiva con el poder financiero.
3.- Un deterioro en la calidad de vida de la gente ubicada en la parte baja de la distribución cognitiva.

Si no se presta atención a estos hechos, podría generarse una sociedad de castas. Los miembros de la élite son seleccionados según su nivel intelectual. Ni el origen social, ni el grupo étnico, ni la falta de dinero suponen un obstáculo a ese proceso. Los líderes sociales (en medicina, leyes, ciencia, periodismo, televisión o cine), provienen de ese segmento social:

Para quienes trabajan usando su mente, la explosión de los ordenadores y de las tecnologías de la comunicación ha liberado y ampliado la creatividad, la productividad y la libertad personal”.

Eso puede sonar bien, pero los autores expresan su preocupación:

La tradicional separación entre el mundo de los negocios, el del entretenimiento, el universitario y el gubernamental ha sido sustituido por un único eje de gente brillante que atraviesa la sociedad”.

La siguiente figura es aterradora, dicen H & M, porque ayuda a comprender el incremento de las desigualdades económicas que preocupan a la sociedad.


Esta situación de distancia económica contribuye a que los ciudadanos de éxito se separen/segreguen del resto de la población. Unir los intelectuales a los ricos puede llegar a ser explosivo.

¿Qué hará ese grupo selecto con los desclasados?

Los autores predicen las siguientes acciones:

-. El cuidado de los niños se convertirá en una responsabilidad del estado.
-. Los ciudadanos sin techo desparecerán.
-. Se impondrá un estado policial para erradicar la delincuencia.
-. Se crearán guetos para los desclasados, cada vez más numerosos.
-. Se centralizarán los presupuestos y las medidas destinadas al control social.
-. Resurgirá con virulencia el racismo.

En resumen, el estado custodio que tenemos en mente es una versión ‘High-Tech’ de las reservas indias para una minoría sustancial de la población del país, mientras que el resto de la nación sigue a lo suyo
(…) es difícil imaginar cómo puede preservar el país su herencia de individualismo, iguales derechos ante la ley, gente libre dirigiendo sus propias vidas, una vez se acepta que una parte significativa de la población debe depender del estado
(…) ahora es el momento de pensar seriamente en cómo una sociedad en la que domina una élite cognitiva y en la que una escasa capacidad cognitiva se convierte en un hándicap, puede materializar la promesa fundamental de la tradición norteamericana: la oportunidad de todo el mundo, no solo de los que tienen suerte, de vivir satisfactoriamente”.

En el capítulo final (A Place for Everyone) cristalizan los argumentos y evidencias de las 500 páginas precedentes:

Si nadie tiene la culpa de que alguien sea menos inteligente que los demás, ¿por qué debería resultar penalizado en sus ingresos o en su nivel social?
(…) nuestra preocupación central desde que comenzamos a escribir este libro es cómo pueden vivir en armonía personas tan distintas.
Y la respuesta no está en la economía”.

Los fundadores de la patria de los autores de esta obra (es decir, quienes firman la declaración de independencia) fueron conscientes de que lograr un gobierno estable y justo era complejo, precisamente porque los ciudadanos son desiguales en todo menos en su derecho a materializar sus propios intereses.


La idea igualitaria de la teoría política contemporánea

subestima la importancia de las diferencias que separan a los seres humanos y sobrestima la capacidad de las intervenciones políticas para configurar el carácter y las capacidades humanas
(…) la ascendencia moral de la igualdad ha dificultado el uso de conceptos como virtud, excelencia, belleza y verdad”.

Los autores subrayan que

los derechos conllevan libertad de acción, no obligaciones que podamos imponer sobre los actos de los demás; la igualdad de derechos es crucial, pero no la igualdad de resultados; los conceptos de virtud, excelencia, belleza y verdad deben ser rescatados en el discurso moral.
Nos sentimos cómodos con la idea de que algunas cosas son mejores que otras y rechazamos que alguien tenga el derecho de imponer un estándar.
Nos entusiasma la diversidad –la rica e infinita diversidad que son capaces de generar espontáneamente los seres humanos, no la diversidad impuesta por las cuotas de grupo”.

¿Qué significa encontrar un lugar valioso para todo el mundo?

Los autores ofrecen una definición pragmática: ocupas un lugar valioso si los demás te echan de menos cuando no estás:

La evidencia discutida en este libro apoya la declaración de que la mayor parte de la gente tiene la suficiente inteligencia para vivir dignamente
(…) el ciudadano medio no es parte del problema
(…) en cualquier caso, millones de ciudadanos poseen niveles cognitivos lo suficientemente bajos como para pasarlo mal en la sociedad actual
(…) antes era más sencillo encontrar un lugar valioso para esos ciudadanos
(….) los avances tecnológicos han reducido los nichos para los menos inteligentes”.


Las siguientes son algunas de las acciones que proponen Herrnstein y Murray:

1.- Restituir funciones sociales de las que ahora se encarga el estado para que sean ejercidas por los vecindarios o los municipios:

En una sociedad postindustrial decente, los vecindarios no deberían perder su importancia como una fuente de satisfacciones humanas y como generadores de lugares valiosos que pueden ocupar toda clase de ciudadanos”.

2.- Simplificar las reglas:

Todo el mundo posee una brújula moral, pero algunas de esas brújulas son más susceptibles a las tormentas que otras”.

Este proceso de simplificación debe aplicarse, por ejemplo, a la comisión de delitos o al matrimonio (recuperando su estatus legal):

El aumento de la complejidad tecnológica es inevitable, pero ese aumento no es necesario en las reglas de gobierno
(…) ha llegado el momento de convertir la simplificación en una prioridad al reformar la política en general
(…) el edificio legal se ha convertido en un laberinto por el que solo pueden transitar los ricos y los listos”.

3.- La gente que trabaja a tiempo completo debería poseer el poder adquisitivo suficiente para vivir decentemente, aunque lo que haga no sea altamente valorado en el mercado laboral:

El problema es cómo redistribuir la riqueza de modo que aumenten las posibilidades de los mas desfavorecidos para recuperar el control de sus vidas, para implicarse en sus comunidades, y para encontrar lugares valiosos por sí mismos”.

Las acciones políticas tenderán al fracaso, no porque sean malas en sí mismas, sino porque ignorarán el poderoso efecto de las diferencias que separan a los ciudadanos. Diferencias individuales, no grupales:

La desigualdad en el equipamiento personal de los humanos, incluyendo en variables como la inteligencia, es una realidad.
Pretender que esa desigualdad no existe nos ha llevado al desastre.
Intentar erradicar la desigualdad con resultados artificialmente manufacturados nos ha llevado al desastre.
Ha llegado el momento de volver a intentar vivir aceptando la desigualdad, comprendiendo que cada ser humano tiene fortalezas y debilidades, cualidades que admiramos y cualidades que no admiramos, competencias e incompetencias.
El éxito de cada vida humana  no se puede medir externa o internamente.
De las recompensan que podemos ofrecernos, la más preciada es un lugar como un conciudadano valioso”.

Así se cierra esta extensa obra.

Esta serie de post ha dado la palabra a los autores porque es lógico que así sea cuando lo que se dice es claro, cristalino. También porque es relevante demostrar que su perspectiva y sus ideas fueron distorsionadas gravemente por los medios y por determinados intelectuales. En cualquier caso, permítanme terminar diciendo que la lectura del original es una actividad que merece la pena, aunque suponga usar una parte no despreciable de su preciado tiempo. Los contenidos de ‘The Bell Curve’ siguen poseyendo una rabiosa actualidad y logran estimular el pensamiento del lector, algo infrecuente en la actualidad.


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The Bell Curve, Parte IV: Viviendo Juntos

Seis capítulos conforman esta última parte de la obra de H & M, inspirados por la siguiente perspectiva general:

El país se ha olvidado de los antiguos principios de igualdad individual ante la ley adoptando políticas que tratan a la gente como miembros de grupos
(…) pensamos que la estratificación cognitiva puede estar dirigiendo el país hacia peligrosas sendas”.

El capítulo 17 (Raising Cognitive Ability) se pregunta por el éxito de los programas destinados a mejorar la capacidad cognitiva de la población de riesgo:

Mejorar la inteligencia permitiría reducir los problemas descritos en esta obra (pero) lograrlo no es fácil”.

Se revisan factores como la nutrición, la escolarización formal o programas como el famoso Head Start. Sin embargo, la única intervención social que parece poseer un efecto sólido es la adopción al nacer. En cualquier caso,

por lo que sabemos hasta ahora, los problemas de la baja capacidad cognitiva no se resolverán gracias a intervenciones dirigidas a mejorar la inteligencia de los niños
(…) el hecho es que no sabemos si, y menos aún cómo, cualquiera de estos proyectos ha logrado aumentar la inteligencia.
Escribimos esta pesimista conclusión siendo conscientes de que algunos recurrirán al éxito de determinados proyectos citándolos como evidencia irrefutable de que nos negamos a ver la luz”.


Los autores apuestan por mejorar nuestro conocimiento sobre las bases biológicas de la inteligencia, en lugar de insistir ciegamente en las variables educativas y culturales habituales. La ciencia y no las preguntas políticamente correctas deberían orientar la investigación:

La discusión sobre el Head Start debe abandonar el frívolo debate sobre cuántos dólares nos ahorraremos a la larga, puesto que eso no soporta un mínimo escrutinio, para centrarse en el grado en el que sirve para la más laudable y fundamental función de rescatar a los niños de sus peligrosos ambientes”.

También invitan a facilitar lo que sabemos que funciona, es decir, la adopción al nacer:

“¿Por qué se ha ignorado en los debates del congreso y en las propuestas presidenciales?
¿Por qué se lo ponen tan difícil a los padres deseosos de adoptar?
¿Por qué se restringen tan intensamente, llegándose a prohibir, las adopciones trans-raciales?
(…) cualquiera que busque un modo barato de hacer algo bueno por un gran número de niños desaventajados debería mirar con atención hacia la adopción”.

En el capítulo 18 (The Leveling of American Education) se denuncia la tendencia a centrarse de modo casi exclusivo en los chavales situados en la parte baja de la Bell Curve:

Al medir el éxito según el estudiante medio, la educación se ha tenido que simplificar, rebajando el nivel de los libros de texto, las exigencias de los cursos, del trabajo en casa y del nivel requerido para obtener el título
(…) durante treinta años el CI no ha estado de moda entre los educadores del país, y la idea de que la gente con más capacidad para ser educada debe convertirse en la más educada suena peligrosamente elitista”.


Para Herrnstein y Murray es necesario recordar que la gente que dirige el país, es decir, que crea puestos de trabajo, desarrolla tecnología, cura enfermedades, enseña en la universidad, y administra las instituciones culturales y políticas, proviene de la clase cognitiva I (alrededor de dos millones y medio de personas). Mientras tanto, el sistema educativo conduce a que más del 60% de la población sea incapaz de resumir el argumento básico de un artículo periodístico. Ese sistema apenas puede mejorar el CI de los menos capaces, pero puede empeorar fácilmente el rendimiento de los más capaces:

A muchos estudiantes de alto CI les parecerá estupendo escribir sobre ‘El Hobbit’ en lugar de sobre ‘Orgullo y Prejuicio’ si se les da esa opción.
Muy pocos, incluso entre los más brillantes, elegirán la ‘Eneida’”.

El hecho es que de los casi 9 billones (norteamericanos) de dólares invertidos en 1993, el 92% fue destinado a programas para los chavales con desventajas, mientras que los programas para superdotados recibieron un 0.1% de ese presupuesto. No solamente se ignora a los más capaces, sino que se les mira con suspicacia y hostilidad:

Ser intelectualmente superdotado es un regalo. Nadie se lo merece
(…) los jóvenes superdotados son importantes, no porque sean más virtuosos, sino porque el futuro de nuestra sociedad depende de ellos
(…) la mayor parte de ellos crecerá en una burbuja aislada del resto de la sociedad.
Después irán a colegios de élite, emprenderán exitosas carreras profesionales y dirigirán las instituciones del país.
Por tanto, el país debería contribuir a que se convirtiesen en adultos sabios.
Si crecen sin saber cómo vive el resto de la sociedad, al menos pueden crecer con la necesaria humildad sobre su capacidad para reinventar el mundo desde cero y ser conscientes de su herencia intelectual, cultural y ética.
Alguien les debe enseñar cuáles son sus responsabilidades como ciudadanos de una sociedad más amplia
(…) la clase de sabiduría que deseamos no se obtiene de modo natural a partir de un alto CI, sino que debe provenir de la educación y de un tipo de educación en particular
(…) pensamos en la idea clásica de una persona educada (lo que implica) saber de historia, literatura, arte, ética y ciencia
(…) nuestra propuesta puede sonar elitista, porque de hecho lo es, pero únicamente en el sentido de que, después de exponer a los estudiantes a lo mejor de nuestra herencia intelectual y retarles a alcanzar altos niveles de excelencia, solamente algunos serán capaces de lograrlo
(…) el problema es que muy pocos educadores se sienten cómodos ante la idea de una persona educada”.

Los autores tienen claro que los responsables de las reformas educativas deben evaluar de modo realista el espacio razonable de mejora, considerando la distribución cognitiva de la población:

Cuanto más de cerca se mira a las razones por las que los estudiantes no trabajan más duro, menos parece que se deban a algo de lo que ellos tengan la culpa”.

La reducción del nivel de exigencia escolar ha llevado a que los empresarios puedan saber más sobre la futura competencia profesional de los candidatos a un empleo según su rendimiento en un breve test de inteligencia, que según cualquier clase de registro académico.


Los capítulos 19 y 20 se dirigen a repasar las políticas de acción positiva (es decir, los sistemas de cuotas). Su conclusión es clara:

Es momento de recuperar su intención original, es decir, ampliar la red, dar preferencia a los miembros de los grupos en desventaja, cualquiera que sea el color de su piel, siempre que las cualificaciones sean similares
(…) la acción positiva forma parte de esta obra porque se ha basado en el supuesto de que los grupos étnicos no difieren en las capacidades que contribuyen al éxito en la escuela y en el trabajo
(…) se ha demostrado en las páginas precedentes que ese supuesto es erróneo”.

Los autores se preguntan en qué medida es justa una sociedad cuando la gente de similar capacidad e historial son tratadas de modo tan distinto. Y la respuesta es obvia. En el mundo laboral, las élites, que apoyan la acción positiva, se enfrentan al resto de la población que se siente víctima del sistema. El congreso ha sido hostil con el uso de métodos objetivos de selección de candidatos, pero

la relación de la capacidad cognitiva con la productividad laboral existe independientemente de la existencia de las puntuaciones obtenidas en los tests, y todas las prácticas de contratación que tienen éxito al elegir trabajadores productivos, eligen empleados con leves diferencias grupales de inteligencia para las ocupaciones en las que el CI es importante”.

Consideran que el debate sobre la acción positiva debe preguntarse cuánta degradación del rendimiento laboral es aceptable al perseguir los objetivos razonables del programa. La actual situación polariza a la sociedad:

El objetivo apropiado es un mercado laboral en el que no se favorece a la gente simplemente por su raza.
Nada en la naturaleza dice que todos los grupos deben ser igualmente exitosos en cualquier ámbito de la vida.
Esto puede ser ‘injusto’, en el mismo sentido en el que la vida es injusta, pero eso no tiene por qué significar que los seres humanos se tratan entre ellos injustamente
(…) la gente con cualificaciones similares debe tener la misma oportunidad de ser contratada, pero los programas de acción positiva, originalmente pensados para promover precisamente ese objetivo, actualmente lo impiden”.


Herrnstein y Murray sostienen que prescindir de los programas de acción positiva incrementaría la ética laboral, aumentaría la armonía racial y mejoraría la productividad. Observan que la mayor parte de los norteamericanos, incluyendo los afroamericanos, prefieren ser seleccionados (o rechazados) a partir de puntuaciones en pruebas objetivas, aunque también apoyan que el gobierno tienda una mano a los ciudadanos en desventaja. El gobierno debe promover la igualdad de oportunidades, no de resultados:

Es fácil para los euroamericanos altamente educados con muchas opciones vitales, mirar con buenos ojos a los programas de acción positiva.
Tienen un nulo efecto sobre sus perspectivas de trabajo.
Pero para un joven con menos ventajas que desea convertirse en bombero, pero que no lo consigue porque se ha contratado a un ciudadano con menos méritos de un grupo étnico minoritario, el coste es grande
(...) este país no debe favorecer la balcanización étnica
(…) debemos recuperar la metáfora del ‘melting pot’ y el ideal de la ceguera al color.
El individualismo no es solo la herencia de Norteamérica.
Debe ser también su futuro”.

Dejaremos para el siguiente y último post de esta serie los dos capítulos finales de la obra. Merecen un espacio distinguido.


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