sábado 14 de noviembre de 2009

La Roja

Si, así es, la selección de futbol nos esta mostrando el camino. Somos un país que puede y debe unirse para hacer grandes cosas. Sucedió en el pasado, y, por tanto, volverá a pasar en cuanto nos demos la oportunidad. De hecho, ya esta ocurriendo. Si se ha de comenzar con el futbol, sea.

Es un gustazo ver a futbolistas de las distintas regiones del país trabajando juntos y disfrutando para someter a cinco selecciones que han sido, en el pasado, campeonas del mundo. El próximo mundial de futbol es crucial. Ganamos la Eurocopa y eso fue un poderoso aviso. El país se unió (todos lo recordamos) y los ciudadanos nos dimos cuenta de que no tiene ningún sentido que cada uno tire para su lado. Si todos empujamos en la misma dirección, pocas cosas se nos resistirán. No tengo ninguna duda.

El futbol es el principio. Y pronto vendrá todo lo demás.

Va siendo hora de que la gente de este país, ubicado al sur de Europa, se sienta orgullosa de las cosas que hacemos, como ocurre en los demás países en los que existe una diversidad tan grande como la nuestra (Alemania o los Estados Unidos son ejemplos a considerar expresamente). Si adoptamos esa actitud de colaboración, y lo hacemos ya, sin volver a dudar, con determinación, el futuro, como esta de moda aceptar ahora, no será de los chinos, sino nuestro.

Hay que extirpar actitudes como las que viví ayer en una sala de cine en la que se proyectaba ‘2012’, la catastrófica película de Roland Emerich. En el largometraje se menciona a España en un momento clave, y, a mi alrededor, algunos jóvenes comenzaron a soltar comentarios jocosos, y de bastante mal gusto, sobre nuestro Presidente.

Esta clase de actitudes es absurda, ridícula, tonta, estupida. Seguro que hoy, cuando se ha derrotado a la orgullosa Argentina, esos mismos jóvenes han disfrutado a lo grande y han sacado pecho. Como debe ser. Hay que pensar que podemos porque pudimos, que se puede volver a llegar e ir todavía más allá.

España debería dejar de pensar que es diferente a los demás países. Debería desterrar la antiguar estupidez que nos ha atenazado durante demasiado tiempo. Podemos y debemos caminar juntos. La selección de futbol nos demuestra que cuando se hace, se puede llegar. No deberíamos preferir ser cabeza de ratón a cola de león, sencillamente porque solamente desde su cola se puede llegar hasta la cabeza del rey de la selva.

Nos hemos excluido desde hace demasiado tiempo de esa cabeza. Pero es un lugar que nos corresponde ocupar. No tardemos en tomar posiciones.

Sobre la Ciencia en España (Nature)

La revista ‘Nature’ acaba de publicar un artículo editorial titulado ‘No hay vuelta atrás’ en el que se critica el recorte de presupuesto destinado a investigación por parte del gobierno español.

En el editorial se dice que "España ha pasado de ser un cero a la izquierda en investigación científica a un respetado jugador internacional". Una gran parte de ese progreso ha tenido lugar desde 2004, es decir, cuando el PP perdió el poder.

El hecho es que, desde ese año, se ha duplicado el presupuesto destinado a investigación (pasando del 1.1% al 1.8% del PIB) por lo que sería ahora poco inteligente usar el paraguas de la crisis para reducir drásticamente la inversión en ciencia (concretamente un 45% para investigación básica). Garmendia no sale bien parada en el artículo de ‘Nature’.

España sigue sin sacar adelante la reforma de la Ley de la Ciencia, que permitiría incrementar la flexibilidad (rapidez y facilidad) para contratar científicos. Tampoco se juega con el salario para captar capital humano o con el dinero requerido para llevar a cabo una investigación. Esa Ley de la Ciencia “debería crear una agencia independiente para reformar el inflexible sistema de reclutamiento académico vigente en el país, en el que los profesores universitarios y los científicos asalariados del Gobierno, son funcionarios con derecho a empleo hasta la jubilación (hagan lo que hagan)”.

El modelo alemán sería magnífico para España. A pesar de su galopante crisis económica, los teutones recortarán en muchos sectores, pero aumentarán el presupuesto en investigación y desarrollo.

El editorial de ‘Nature’ termina así: " España vivió un periodo intelectual brillante a principios del siglo XIX, conocido como su Edad de Plata. Hasta hace poco, los científicos españoles se mostraban optimistas y pensaban que se dirigían hacia una segunda Edad de Plata. Ahora bromean con que España se dirige hacia una Edad de Bronce. Pero no se ríen".

martes 10 de noviembre de 2009

Epigenetica

No es necesario que haya una mutación genética para que los mismos genes se expresen de un modo diferente a cómo deben, a cómo está escrito en ellos.

Pueden producirse cambios en la lectura de nuestro código genético sin que el propio código se vea afectado. El nombre de esos cambios se conoce como epigenoma. Comprender cómo funciona podría revelar claves sobre la interacción que existe entre el genoma y los factores del entorno, incluyendo la conducta humana.

Los cambios epigenéticos se basan en dos mecanismos. Primero, la modificación de unas proteínas (histonas) alrededor de las que se compacta, plegándose, el ADN. Segundo, la metilación, es decir, grupos metilo que se pegan a segmentos del genoma y anulan la capacidad de expresión de los genes.

Comienza a sospecharse que algunas diferencias en el fenotipo, es decir, en las características visibles que se suponen promovidas por los genes, puede deberse, en realidad, a diferencias en el epigenoma en lugar de en el propio código genético.

Se presume que esta clase de modificaciones epigenéticas participan en el modo en el que se expresan los genes. De ello depende el comportamiento de las células y cómo se ven afectadas por el entorno. Por tanto, pudiera estar vinculado al desarrollo de determinados trastornos.

El cientifico aleman Jorn Walter hace una interesante analogia: el disco duro de un ordenador es como el ADN, mientras que el software equivale al epigenoma. Se puede acceder a alguna información del disco duro mediante el software. Hay areas desprotegidas y otras estan protegidas por contraseñas. Ignoramos las razones de esta diferencia.

El cientifico austriaco Thomas Jenuwein sostiene que la diferencia entre genética y epigenética puede compararse a la diferencia que existe entre escribir y leer un libro. Una vez que el libro se ha escrito, el texto será el mismo en todas las copias que se distribuyan entre los lectores. Sin embargo, cada lector podría interpretar la historia del libro de una forma ligeramente diferente. La epigenética permitiría diferentes interpretaciones de un molde fijo y resultaría en diferentes lecturas, dependiendo de las condiciones en las que se interprete ese molde.

lunes 9 de noviembre de 2009

El mito de las centrales nucleares

El Centro Nacional de Epidemiología acaba de publicar un informe en el que se concluye que las radiaciones de los reactores nucleares del país no poseen efectos sobre la salud de los ciudadanos.

Ninguna novedad.

Estos mismos resultados ya se encontraron hace una década: no hay mayor riesgo de mortalidad por cáncer en las zonas próximas a las centrales, que en las zonas lejanas de las centrales que se toman como referencia para poder hacer la evaluación.

Miembros de Greenpeace o de Ecologistas en Acción aceptan las conclusiones del informe, pero piden que se incluya el matiz de que el factor de radiación considerado es un promedio para toda la gente que vive alrededor de la central. Sin embargo, sería realmente interesante contemplar el valor de radicación que recibe cada ciudadano. Es decir, debería personalizarse la radiación. Una segunda crítica, dicen que constructiva, es que la población que vive alrededor de una central nuclear, suelen estar compuesta por quienes trabajan en ella. En el proceso de selección de trabajadores para una central se exige un nivel de salud excelente, lo que convierte a esa población en una élite.

Greenpeace no es lo que era. Una pena. Antes era un grupo de ciudadanos genuinamente preocupados por el medio ambiente. Ahora buscan entrar en el círculo de confianza de la política y vivir de los demás viajando por el mundo con los gastos pagados.

Para satisfacer esa necesidad primaria, algunos de los miembros capitales de la asociación (seguro que no sus bases) se ven ‘obligados’ a saltarse párrafos del informe que se está comentando. Extractos en los que expresamente se confiesa que “las radiaciones artificiales de los reactores nucleares son muchísimo menores que la radiación natural que proviene de las partículas cósmicas que llegan a la Tierra”.

Usemos el sentido común. Es nuestra única salvación ante las patrañas.

sábado 7 de noviembre de 2009

Guerrilleros Pro Ciencia

Un equipo de científicos del “Centro Vasco para el estudio de la cognición, el cerebro y el lenguaje [Basque Center on Cognition, Brain, and Laguage]”, coordinado por Manuel Carreiras, publicó recientemente un apasionante estudio en la revista ‘Nature’.

Averiguaron cómo cambia la estructura del cerebro cuando se aprende a leer, comparando dos grupos de ex miembros analfabetos de la guerrilla colombiana.

Mediante resonancia magnética se obtuvieron imágenes del cerebro de 20 guerrilleros que habían terminado su curso de lectura, comparándolas con otros 20 que todavía no habían iniciado ese curso. El primer grupo presentó más materia gris que el segundo en 5 regiones envueltas en el procesamiento visual y fonológico. También se observaron diferencias en el cuerpo calloso, el tracto de materia blanca que conecta los dos hemisferios cerebrales.

El giro angular (ANG, angular gyri) se revela como una estructura fundamental para la lectura. Su función es la de permitir que se pueda ‘predecir’ la palabra que vendrá seguidamente cuando se lee, lo que explica que podamos leer rápidamente. Por tanto, el cerebro pone bastante de su parte para agilizar el proceso de lectura, y, posiblemente, para la comprensión del mundo que nos rodea.

Esta perspectiva recuerda el magnífico tratado de dos científicos Latinoamericanos, Humberto Maturana y Francisco Varela, titulado ‘El árbol del conocimiento’. Es una obra fascinante en el que la principal tesis es que no vemos el espacio del mundo, sino que vivimos nuestro campo visual, no vemos los colores del mundo, sino que vivimos nuestro espacio cromático. Si sacamos una naranja del interior de una casa a un patio al aire libre, la naranja no cambia de color, a pesar de que el interior de la casa esté iluminado por luz fluorescente (que tiene una gran cantidad de onda azul) y en el patio predominen las longitudes de onda rojas (propias de la luz solar). El cerebro construye el mundo que conocemos.

En cuanto a las eventuales aplicaciones prácticas de la investigación con los guerrilleros, los autores especulan sobre el caso de las personas con dislexia. Cuando se estudia su cerebro, se aprecia que poseen menos materia gris y menos materia blanca en las mismas estructuras cerebrales identificadas en los guerrilleros. ¿Tienen problemas de lectura esas personas porque sus cerebros son menores en esas regiones clave?

Carreiras y sus colegas piensan que el menor tamaño de esas estructuras cerebrales en las personas con dislexia es ‘consecuencia’ de que no han aprendido a leer, no su ‘causa’.

Sin embargo, no se debe olvidar que existen genes asociados a la dislexia, y que, por tanto, esos genes podrían estar influyendo sobre esas estructuras cerebrales. Desde 2001 poseemos pruebas de que la estructura cerebral está influida por los genes.

En consecuencia, los genes contribuirían a construir la arquitectura cerebral, y, en el mejor de los casos, la conducta colaboraría en ese proceso.

Mi consejo para el equipo del Centro Vasco es que, en su próximo estudio, usen un diseño genéticamente informativo (genotipar los marcadores relevantes para la dislexia es tan viable como barato). En cualquier caso, mi enhorabuena por su excelente trabajo, que sirve de modelo para los demás investigadores del país.

Universidad e Investigación

Recientemente se ha publicando un informe en el que se analiza las investigaciones de los dos mil mejores centros de investigación del planeta, considerando el periodo 2003-2007. La mayoría de los centros, salvo 500, corresponden a universidades.

De las 1.500 universidades estudiadas, 50 son españolas.

El principal indicador para comparar la excelencia investigadora de las universidades ha sido las veces que son citados, por sus colegas de todo el mundo, los artículos publicados por sus científicos en nómina.

El impacto más alto en España (una media de 9 citas) corresponde a la Universidad Pompeu Fabra, seguida por la Universidad de Barcelona (UB), la Universidad de Girona, la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), la Universidad Rovira i Virgili y la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

Cataluña supera al resto del país, aunque, en general, la universidad española se sitúa en la zona media de Europa. No hay en España universidades de las llamadas de excelencia. Además, no hay relevantes diferencias entre nuestras universidades. La peor y la mejor son, realmente, bastante similares, cuando se comparan dentro del panorama general mundial.

El informe sostiene que el fichaje de talentos es clave para incrementar el impacto medio de las universidades. En Cataluña se han creado centros de investigación identificando científicos de élite mundial, captándolos y dejándoles definir un objetivo científico. El resultado es claro.

En la medida en que no estemos dispuestos a premiar la excelencia de los científicos, y me refiero a personas de carne y hueso, poco se podrá hacer, por mucha inversión macro-económica que se pueda aprobar en el Congreso. Sabemos lo que se debe hacer. Entonces, ¿a qué esperamos?

http://www.psicothema.com/psicothema.asp?ID=3652

viernes 6 de noviembre de 2009

El auto-aprendizaje puede tener consecuencias sobre el sistema educativo

En su última obra (Real Education) el sociólogo Charles Murray hablaba de la relevancia de que los jóvenes del siglo XXI aprendieran por su cuenta. Subrayaba que la necesidad de pasar por la universidad para obtener un título y refugiarse en él para exigir un trabajo sirviéndose del llamado ‘efecto halo’ (“yo estudié en la UB, y, por tanto, merezco ese trabajo") debía darse por superada.

El autor proponía una alternativa: usar exámenes de cualificación para el trabajo en cuestión, basado en lo que el candidato sabe, no en dónde lo aprendió. Eso acabaría con la matriculación compulsiva de los jóvenes en la educación superior.

http://www.youtube.com/education?b=400

Recientemente, la plataforma YouTube ha puesto en marcha ‘YouTube EDU’. En ella, una serie de universidades vuelcan conferencias de sus profesores más prestigiosos para que cualquiera pueda formarse, pueda aprender. Se trata de promover el auto-aprendizaje.

¿Es posible que un alumno matriculado en la Universidad Politécnica de Madrid pueda ‘saber’ menos que alguien que aprende escuchando a Fernando Sáez Ridruejo en YouTube EDU?

Yo creo que si, y pienso, además, que esa realidad puede llegar a tener importantes consecuencias sobre el actual sistema educativo. Revelará que es más importante el ‘quién’ que el ‘dónde’ y el 'cómo'.

La Medicina supera a la Psicología en sentido común

Mientras los psicólogos siguen discutiendo sobre la relevancia para su ciencia de un fenómeno natural indiscutible, los médicos se han atado los machos y se han puesto a trabajar en serio. Tal fenómeno es el de la individualidad, el hecho de que no hay dos personas iguales y de que, por tanto, comprender la conducta humana (o la enfermedad) debe partir de ahí, se debe comenzar desde ese punto.

Los médicos se han percatado de que luchar contra el cáncer debe hacerse de forma personalizada. Quieren identificar el perfil genético, el DNI genético del paciente, para elegir el tratamiento adecuado para cada una de las personas. La quimioterapia destinada al cáncer de mama se construirá según los llamados bio-marcadores.

El oncogén HER-2 responde las terapias, pero no todas las pacientes responden igual. El cáncer de mama no es una enfermedad, sino muchas. Ahora se busca encontrar los predictores de respuesta a la quimioterapia.

La firma genética permitirá adaptar el tratamiento al paciente.

Los psicólogos deberían adoptar, de manera unánime, una perspectiva similar para mejorar su comprensión de la conducta humana. Pero parecen estar demasiado ocupados discutiendo sobre cuántos ángeles pueden bailar sobre la cabeza de un alfiler. Será porque la sociedad se lo permite...

lunes 2 de noviembre de 2009

Una breve reflexión sobre la plasticidad del cerebro

Ayer por la noche (1 de noviembre de 2009) pudimos ver en TVE-2 (al menos quienes pensamos que la ciencia es algo más relevante para la humanidad que las venturas y desventuras del Real Madrid) el interesante programa de divulgación científica que gobierna Eduard Punset (Redes).

Comenzó el reportaje, sobre la plasticidad del cerebro, con un viaje en taxi al centro de Londres desde el aeropuerto de Heathrow. El presentador aprovechó la situación para recordar un fascinante estudio, publicado hace nueve años en el PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences) en el que, presuntamente, se demostró que los taxistas de Londres tenían un hipocampo más grande que el resto de la población. Se sabe que esta estructura cerebral da soporte a la capacidad para orientarse en el espacio. Por tanto, ¡bingo!, los taxistas, que deben orientarse cada día en una ciudad tan compleja como la capital del Reino Unido para transportar a sus clientes, experimentan un crecimiento desmesurado de sus hipocampos. Prueba irrefutable de que el cerebro es plástico y reacciona adaptándose a la estimulación del entorno.

Es absurdo negar que el cerebro reaccione al entorno. Pero eso no es lo mismo que aceptar que ese entorno puede hacer lo que quiera con nuestro cerebro.

Por un lado, sabemos que nuestras diferencias genéticas influyen sobre las correspondientes diferencias de estructura cerebral. En un estudio publicado en 2001 en la revista ‘Nature Neuroscience’ y dirigido por el Dr. Paul M. Thompson, se comparó a personas según su grado de parentesco (gemelos, hermanos y personas sin parentesco). Dos resultados de esa investigación son especialmente relevantes: (a) los gemelos presentaban una estructura cerebral mucho más parecida que los hermanos, mientras que en las personas sin parentesco la similitud en la micro-estructura cerebral apenas era relevante, y (b) la estructura cerebral presentó una fuerte influencia genética, especialmente en los lóbulos frontales y temporales (por cierto, en el lóbulo temporal se encuentra el hipocampo).

Por otro lado, uno de los estudios más famosos sobre los cambios en la estructura cerebral a consecuencia de la práctica, dirigido por el Dr. Bodgan Draganski y publicado en la revista ‘Nature’ en 2004, usando un diseño de investigación aceptable, demuestra que el cerebro cambia con la práctica intensiva. En concreto, determinadas regiones del cerebro, relacionadas con la mejora en la actividad entrenada, se hacen más grandes. Sin embargo, ese estudio también revela que los cambios remiten cuando se abandona la práctica, de modo que esas regiones recuperan su tamaño original.

Volviendo al programa ‘Redes’, reconozco que me quedé con la mosca detrás de la oreja y recapacité sobre cómo Punset había enfocado el asunto de la plasticidad del cerebro sirviéndose del estudio de los taxistas. Así que releí el artículo original y quiero compartir ahora con los lectores de este post lo que recordé:

1.- Se consideró a 16 taxistas, con un rango de edad de entre 32 y 62 años, así como una experiencia como taxistas que oscilaba entre el año y medio y los 42 años. Es decir, muy pocos taxistas y demasiado distintos, tanto en edad como en experiencia. Una mala combinación.
2.- El grupo de no taxistas estuvo formado por 50 personas. Más de tres veces más numeroso que el de taxistas.
3.- El tamaño total del hipocampo NO resultó distinto en los taxistas y en los no-taxistas. Repito: NO FUE DISTINTO en ambos grupos.
4.- El anterior resultado llevó a los científicos a adoptar una técnica que no suele fallar, al menos desde época de los romanos: divide y vencerás. Así que separaron el hipocampo en partes.
5.- Pero se encontraron con una sorpresa: la parte anterior del hipocampo fue mayor en los no-taxistas, mientras que la parte posterior fue mayor en los taxistas. Mal asunto, pero a los científicos no les tembló el pulso.
6.- Ni cortos ni perezosos, se centraron en los taxistas y calcularon la relación entre el tiempo que llevaban ejerciendo su profesión y el tamaño de sus hipocampos. Concretamente, hallaron ‘únicamente’ una relación significativa en la parte posterior del hipocampo derecho. Nada de nada en la parte anterior de ese hipocampo derecho, ni, por supuesto, en ninguna de las regiones del hipocampo izquierdo.

Hay más detalles inquietantes en este famoso e influyente estudio, pero me detendré aquí. No merece la pena hacer demasiada sangre.

Hay que elogiar a Punset por divulgar ciencia. Pero divulgar no es vulgarizar y distorsionar.

viernes 30 de octubre de 2009

El discreto encanto de la inteligencia humana

La gente se huele que eso de ser más o menos listo, o inteligente, es importante. Y está dispuesto a pagar por alguna clase de píldora de viagra para la mente. El problema es que, por ahora, no disponemos de esa clase de pastillas, así que echamos mano de otros métodos.

Algunos, como Daniel Goleman, intentan despistarnos diciéndonos que ser más o menos listo no es tan importante, que lo relevante es manejar nuestras emociones de un modo inteligente. Ya sabemos que miente.

Otros proclaman que escuchando la música de Mozart aumentaremos nuestra capacidad intelectual. Estos también ocultan la verdad.

Walt Disney se introdujo en el mercado con el producto conocido como ‘Baby Einstein’, un presunto programa televisivo de estimulación para niños de 0 a 3 años de edad. En los Estados Unidos más de un tercio de las familias con bebés poseen DVDs de Baby Einstein. En Europa no nos quedamos atrás. Suena a negocio lucrativo.

Recientemente, Walt Disney ha sido condenada a devolver el dinero de los DVDs a las familias, gracias a los esfuerzos de una asociación americana (Campaign for a Comercial Free Childhood) que ha logrado demostrar que las promesas del programa televisivo no se podían cumplir. La educadora que estaba detrás de la idea (Julie Ainger-Clark) había ignorado la evidencia científica para enriquecerse usando la mentira.

La condena a Disney por publicidad engañosa puede sentar precedente. Una compañía puede ignorar a la ciencia para vender sus productos, pero ampararse en una versión corrupta de la ciencia para incrementar las ventas constituye una práctica que debería perseguirse.

Hace un lustro, Alejandra Vallejo-Nágera y quien esto escribe, publicamos un libro titulado ‘Tú inteligencia. Cómo entenderla y mejorarla’. Durante casi 700 páginas explicamos qué es eso de la inteligencia humana y propusimos, basándonos en la ciencia, modos de estimularla. El error que cometimos fue ser honrados con los lectores, diciéndoles, desde el comienzo, que lo de estimular la inteligencia es similar a ir al gimnasio: o eres sistemático o volverás al mundo de los michelines. La consecuencia de actuar honestamente fueron unas discretas ventas de la obra que tanto esfuerzo nos supuso preparar.

Es posible que llegue el momento en el que podamos hacernos una liposucción en el cerebro, que se invente un casco para mover las neuronas pasivamente o que demos con la píldora que actúe sobre los centros clave de la inteligencia. Pero, por ahora, solamente hay un modo de mantenernos en forma, intelectualmente hablando: sudando el sombrero.

No se dejen engañar por las soluciones fáciles. O si, pero entonces sean consecuentes.

domingo 25 de octubre de 2009

Vicios inteligentes

Paracelso es el autor de la célebre frase “no hay venenos, sino dosis”. Una gran lección, un auténtico clásico, para quien sea ahora Ministro de Sanidad (¿o es ministra?) y sus asesores, que, francamente, harían bien dedicarse a sus labores, como se decía antes (no sé si también en época de Paracelso).

Mejor dicho, esos asesores deberían ser sometidos a un tribunal regular de justicia por imprudencia temeraria.

Me pongo terriblemente nervioso al ver las noticias y desconecto el aparato a los 3 minutos y quince segundos de haber usado el mando a distancia. Valoro muchísimo mi salud mental (y también la corporal, por descontado).

Alguien debería decirles a los asesores de Trinidad Jiménez (lo de antes era broma, en realidad estoy al cabo de la calle, no soy tan inculto) del efecto que tuvieron las campañas de prensa sobre los habitantes de Chernobyl.

En Chernobyl murieron 56 personas a causa de la explosión.

Sin embargo, los informes publicados originalmente en 1986 declaraban que se habían producido 2.000 bajas y se predecía un número indeterminado de futuras muertes, así como del nacimiento de futuros niños mutantes. No solo en el área del accidente, sino desde Suecia hasta el Mar Muerto.

Las cifras crecieron con el paso de los años. En el año 2000, tanto la BBC como el New York Times hablaban de entre 15.000 y 30.000 muertes.

La diferencia entre 30.000 y 56 constituye un margen de error bastante amplio…

Se puede pensar que, en realidad, esa abultada cifra es consecuencia de los efectos de la radiación.

Pero los medios de comunicación estiman que, en este caso, la cifra asciende a 3.5 millones de personas afectadas y a 500.000 muertes, cuando, en realidad, el número de fallecimientos por esas causas es, en el peor de los casos, de 4.000. Una vez más, una gran diferencia.

Según el informe de Naciones Unidas publicado en 2005, lo más perturbador el accidente de la tristemente famosa central nuclear es “el extraordinario problema de salud creado por el desastroso impacto psicológico derivado de una lamentable información, que ha tenido como consecuencia la negativa valoración sobre la propia salud, la extendida creencia de que la expectativa de vida se reduciría muy notablemente, la falta de iniciativa, y la dependencia estatal”.

O lo que es lo mismo, el mayor daño que se hizo a la gente de Chernobyl no provino de la explosión, ni de la radiación, sino de una malísima información. La gente se aterrorizó, literalmente, a consecuencia de la información (falsa) publicada por los medios de comunicación (y arropada por los políticos).

Por supuesto que la radiación es un problema. Naturalmente que Chernobyl fue un lamentable suceso. Pero el caso es que se convirtió en inválidos a miles de ucranianos a consecuencia del miedo, del pánico creado por los medios de comunicación. Se insistió para que tuvieran miedo. Se les dijo que morirían, cuando no había razones objetivas para ello. Se les dijo que no debían tener niños, cuando podían. Se les predijo un futuro de cáncer, deformidades, dolor y decadencia física. No es raro que respondiesen del modo en el que lo hicieron. Desde que el mundo es mundo se sabe que decirle a la gente que va a morir, tiene consecuencias fatales.

¿Qué tiene que ver el suceso de Chernobyl con el título de este post?

Bastante.

El Ministerio de Sanidad, así como los suplementos de salud de los medios de comunicación (escritos y visuales) insisten en que rechacemos el colesterol, en que no fumemos, en que no bebamos (a esto también se apunta el Ministerio del Interior), en que, en una palabra, y para resumir, dejemos los vicios para la otra vida.

Sin embargo, ¿se puede comer, fumar y beber inteligentemente?

Según las autoridades no, no se puede.

Pero se puede. Claro que se puede.

¿Alguien les ha hablado de la hormesis?

Es bastante probable que no.

Pues la hormesis constituye la prueba científica moderna de la antigua declaración de Paracelso: lo que es perjudicial a gran escala, no solamente no es negativo a pequeña escala, sino que incluso es positivo.

En resumen, comer de todo un poco (incluso un par de suculentos huevos fritos), fumarse unos cigarrillos –de ser posible en circunstancias sociales propicias—y beberse un par de cervezas o un buen vino, nos hace más bien que mal.

Sin embargo, las autoridades ‘competentes’ nos dicen que si comemos carne roja, estaremos abocados a que las arterias se nos obstruyan, y eventualmente, a una muerte lenta y dolorosa (esto también se aplica a la nicotina). Quieren exterminar a los fumadores de la faz de la tierra. Y parecen desear que no podamos relajarnos tranquilamente deleitándonos con unas cervecitas tirados a la bartola en la terraza de nuestro bar favorito.

La ciencia ha avanzado una barbaridad, pero (a) los asesores se han perdido los últimos diez años, más ocupados en ‘asesorar’ que en estudiar y (b) los periodistas están ocupados contando el dinero que atesoran publicando mentiras que aterrorizan a la población.

Voy a usar el ejemplo menos evidente, para abreviar: el colesterol.

Nada puede ser más erróneo que equiparar colesterol con veneno.

Los científicos han descubierto un gen en el cromosoma 10, el CYP17, que fabrica una enzima que permite al cuerpo convertir el colesterol en cortisol, testosterona y estradiol.

El cortisol se usa virtualmente en todos los sistemas corporales. Es una hormona que, literalmente, integra cuerpo y mente mediante la modificación de la configuración del cerebro.

Por otro lado, se ha descubierto que quienes cometen crímenes violentos e impulsivos, o quienes se suicidan, suelen ser quienes poseen un menor nivel de serotonina. Mayores niveles de serotonina promueven el bienestar.

Resulta que el tratamiento contra el colesterol reduce en un 14% el riesgo de ataque al corazón, pero aumenta la probabilidad de muertes violentas en un 78%. Es decir, tratar el colesterol tiene sus peligros: la gente depresiva, antisocial e impulsiva presenta niveles más bajos de colesterol que la media de la población: tener bajos niveles de colesterol o reducir demasiado el nivel de colesterol, es muy peligroso para una pequeña minoría, del mismo modo que tener un alto nivel de colesterol y tener una dieta alta en colesterol es peligroso para un pequeña minoría.

Es decir, asesores, tomen nota (si pueden): los consejos para reducir el nivel de colesterol deberían ser dirigidos a quienes, genéticamente, producen espontáneamente demasiado colesterol, no a la población en general.

Una y otra vez, el genoma nos habla de nuestra individualidad. La diversidad de la humanidad es su mensaje principal. Y puede no estar lejano el día en el que vayamos a la consulta del doctor con un chip en el que esté escrito nuestro genoma individual, de modo que pueda adaptar el tratamiento a nuestro caso particular.

viernes 23 de octubre de 2009

Cuanto nos divertimos con el ecologismo coñazo

Después de meses de residir fuera de España, hoy no pude demorar más la desagradable acción de coger el coche para hacer la compra y abastecer mi despensa. O eso creía yo.

Así que entro, con la mejor de las actitudes, en el Carrefour, con la tarjeta de crédito entre los dientes y dispuesto a someterme a los dictados del € (la vida está carísima en Europa).

Con el rabillo del ojo diviso sospechosas bolsas con reclamos ecologistas por las paredes del establecimiento comercial, pero hago como si la cosa no fuera conmigo (algo en mi interior me dice que debo temerme lo peor).

Voy, poco a poco, llenando el carro de la compra, pasillo tras pasillo, con voluminosos recipientes de zumo de naranja, leche con la mayor grasa posible, botellas de aceite de oliva y el largo etcétera que cualquiera que tenga responsabilidades domésticas puede fácilmente visualizar.

Hago cola durante veinte largos minutos para poder acceder a una encantadora cajera que luce un pronunciado acento de los Balcanes. Nos sonreímos, pero, a la vez, me doy cuenta de que no para de inspeccionar, casi compulsivamente, mi carro. ¿Habré cogido algún fruto prohibido, me preguntó para mis adentros sin dejar de sonreír?

Menos risueña ahora, la profesional de los códigos de barras va lanzando los productos hacia el otro lado del diabólico dispositivo, del que salen haces de luces, con auténtica saña. Yo también me paso a ese lado y busco desesperadamente bolsas en las que ir metiendo los productos. En medio de ese auténtico frenesí lector, me atrevo a preguntarle, desesperado: “¿me puedes pasar bolsas, por favor?

Creo que lo hice con educación, pero su respuesta me deja helado:

Pero, cómo, ¿es que no tiene bolsas?

Mis ojos se agrandan bastante, de hecho diría que mucho.

Mantengo la cabeza fría: “no, ¿deberia tenerlas? He rastreado concienzudamente (se que no entenderá esta palabra, así que la pronuncio con mi mejor español) toda la zona, pero no encontré ninguna bolsa, de verdad”.

Menea su cabeza queriendo decir (no sé si en el idioma que se hable en los Balcanes o ya en español) “vaya tela”, pero diciéndome (en español): “vale, yo le doy bolsas, pero se las tengo que cobrar”.

Coño, qué novedad”, pienso, pero, por supuesto, no digo.

Nada, qué se le va a hacer, pues cóbrame las bolsas”, ahora si que digo en voz alta, para que me oiga, claro.

Me da 36 bolsas de plástico y me añade a la cuenta dos euros. Puedo afrontar el gasto. Por esta vez no me arruinaré.

A medida que me las va tirando encima del berenjenal que hay montado en la repisa añade: “pero tenga en cuenta que son biodegradables y aguantan poco”.

Me asusto. Realmente, percibo el miedo, no es broma.

Voy metiendo los productos en las bolsas biodegradables y ella, muy amablemente, me va diciendo si pasará el peso de la prueba o no.

Vuelvo a meter las 36 bolsas en el carro y me dirijo, bastante mosqueado con la humanidad, hacia mi vehículo.

Y es precisamente ahí cuando se produce el desastre. Voy tratando de introducir las bolsas en el maletero, pero el zumo, la leche y los demás productos que antes visualizamos conjuntamente, comienzan a desperdigarse por el parking, para (a) el ostensible cachondeo de quienes tuvieron la precaución de traerse de casa sacos terreros (vacíos) para meter sus recientes adquisiciones y (b) arruinar mi inversión económica en intendencia doméstica.

Tan biodegradables son las bolsas que compré que no esperan ni diez minutos para autodestruirse…

Que Dios nos pille confesados con el coñazo del ecologismo.

miércoles 7 de octubre de 2009

LAS DECISIONES DEL CEREBRO

Acertar al tomar una decisión es algo que parece estar relacionado con una estructura cerebral denominada ‘hipocampo’, situada en el lóbulo temporal. Es una novedad interesante porque, hasta ahora, la evidencia parecía señalar a la zona pre-frontal del cerebro como principal protagonista en esta clase de actividad mental.

Ahora empieza a pensarse que el hipocampo se relaciona con la corteza pre-frontal en el proceso de aprender a tomar decisiones. Esta es una prueba más de que el cerebro humano es altamente complejo e interactivo. Empeñarse en encontrar la ‘glándula pineal’ de la que habó Descartes no parece tener demasiado sentido.

El hipocampo se encuentra implicado en una actividad mental sobre la que cualquiera puede ponderar su relevancia: retiene temporalmente la información que nos rodea. Por ejemplo, los coches que tenemos alrededor cuando debemos tomar la salida de una autopista. No podemos verlos todos a la vez, pero imaginamos dónde están los que vimos segundos antes cuando miramos a otros vehículos.

Al tomar la decisión de salir de la autopista deben considerarse varias cosas simultáneamente: la mecánica que está detrás de la acción (frenar suavemente, pisar el embrague, reducir la marcha, etc.), los coches que se encuentran próximos, la velocidad a la que viajamos y la que debemos alcanzar para tomar una curva cerrada o hacia dónde deseamos dirigirnos exactamente una vez nos ubicamos en el carril de deceleración. Estamos tan acostumbrados que lo hacemos casi automáticamente, pero el proceso es verdaderamente complicado.

En un estudio publicado recientemente por la revista ‘Neuron’ se consideró un grupo de casi treinta personas. Se les pedía predecir el tiempo que haría un día determinado teniendo en cuenta el estado del cielo el día anterior. El hipocampo presentó una significativa mayor actividad cuando la predicción resultaba ser correcta. Como siempre, el resultado se debe verificar por algún equipo independiente de investigación, pero el dato es interesante. Aunque debe recordarse, y no solo temporalmente, que no solo del hipocampo vive el hombre…

viernes 2 de octubre de 2009

Respuesta a la Pregunta 50

¿Puede la Psicología contribuir a mejorar nuestra sociedad?

Psi, claro que Psi puede contribuir a mejorar nuestra sociedad. Al menos eso es lo que honestamente creo.

De hecho, puede facilitar un cambio de perspectiva sobre lo que significa ‘mejorar la sociedad’. Aunque suponga pecar de una cierta simplicidad, pienso que, desde finales del siglo diecinueve, los movimientos intelectuales que han debatido sobre el cambio y la mejora social han presentado una inclinación peculiar, un sesgo de carácter sociológico.

Se supone que es una verdad evidente, un hecho que no requiere ninguna demostración. Si queremos mejorar la sociedad, confiemos en la sociología, y, estirándonos un poco, en la Psicología social. Por descontado, la política también es una indiscutible protagonista, invitada o no, de los anhelados cambios sociales. Pero no hablaré aquí de ella (sacia que, campaña tras campaña, los partidos prometan un cambio y que ya no sorprenda que nadie hable de conservar determinadas tradiciones, de las cosas que sabemos que son buenas, bellas y verdaderas).

A mi juicio, el error fundamental de la visión sociológica es su olvido de que el cambio que preconiza implica a millones de ‘objetos con mente –así denominó al homo sapiens el gran psicólogo español Ángel Rivière. Resulta que la psicología hace tiempo que descubrió que no hay dos mentes iguales. Cierto, algunas pueden parecerse muchísimo, pero ninguna es idéntica a las demás. Por tanto, suponer que una consigna sociológica ejercerá similar efecto en distintos objetos con mente es, siendo bien pensado, ingenuo. Si fuésemos mal pensados, algo que no deseamos, diríamos que esa visión huele a totalitarismo, sea de derechas o de izquierdas.

La reciente historia del siglo XX es consistente con lo que se acaba de decir. Es igual que discutamos sobre Hitler, Mussolini, Lenin o Mao. El factor es común. Y ese factor está vinculado al supuesto de que no hay una naturaleza humana, o de que, si existe, se puede ignorar. Por fortuna, esa misma historia se ha encargado de demostrar, por los hechos, que ese factor común es menos común de lo que se piensa. De ahí la necesidad de promover cambios y más cambios, a ver si esta vez se tiene más éxito.

El totalitarismo es demasiado tentador para algunos, de ahí que sea revisado, una y otra vez, con una persistencia obsesiva. Pero esa perspectiva exige aplastar, literalmente, la identidad individual, de la que se encarga, precisamente, la psicología. Si la historia nos enseña que ese intento está abocado al fracaso, puede merecer la pena que ahora nos abramos a otras posibilidades. La psicología, al menos alguna de sus perspectivas, puede ayudar en este proceso.

Si aceptamos realmente, en lugar de asentir simplemente con un movimiento de cabeza, que las personas poseen una identidad irrepetible, entonces el sistema social en el que se pueda pensar debe considerar ese hecho como punto de partida. Nadie debería intentar aplastar mi identidad, basada en el hecho de que puedo sentirme catalán, varón y socialista. Nadie debería ignorar que puedo tener un talento especial para las matemáticas. Nadie debería tratar de que me sintiese atraído por aquello que me repugna moralmente.

La tentación irresistible que sienten los sistemas totalitarios (y sus sociedades asociadas, como cierto periodismo y determinados sistemas propagandísticos) por dictar lo que está bien y lo que está mal, o lo que se puede y no se puede pensar, es aberrante para una visión psicológica de la sociedad.

La psicología puede ayudarnos a que comprendamos que hay personas buenas y malas, que la moralidad no está igualmente distribuida en la población, que detrás de alguien que dice que está preocupadísimo por el bienestar común hay un egoísta consumado, que un individuo puede usar un micrófono para recabar fondos para los niños del tercer mundo e irse seguidamente a gastar 500 euros en una opípara cena para celebrarlo, o que un líder político busca satisfacer a sus presuntos votantes para preservarse en el poder en lugar de actuar como sabe que debería.

La gente quiere un cambio. Y lo seguirá deseando hasta que, como sociedad, no seamos capaces de aceptar que esa gente existe realmente, que son de carne y hueso, y que son, literalmente, ‘individuos’. La sociedad está compuesta por grupos humanos, pero, a fin de cuentas, los grupos están formados por individuos. Suponer que esos grupos y la sociedad poseen su propia dinámica, sus propias reglas, puede ser suponer demasiado. Ir a la raíz de la sociedad para promover un cambio cabal conlleva, necesariamente, mirarle a los ojos a los individuos. Ahí reside nuestra humanidad. Ellos son el reflejo del alma. Un alma que quizá no poseamos, pero imaginar que mora en nosotros puede contribuir a revestirnos de una moralidad que la sociedad actual parece haber perdido.

jueves 1 de octubre de 2009

Respuesta a la Pregunta 49

¿Por qué no se enseña Psicología en las escuelas?

No lo sé, la verdad. Se enseñan muchas cosas, pero no Psicología.

Los chavales aprenden a usar su idioma, correctamente, en la asignatura de lengua española, y un segundo idioma –ahora inglés—en lengua extranjera. Razonan a través del lenguaje universal de las matemáticas. Conocen su medio en materias como ciencias naturales. Hacen deporte en gimnasia. No sé muy bien qué se enseña en ciencias sociales y no es desidia por mi parte.

Los responsables del Ministerio de Educación trabajan en los llamados diseños curriculares, y, personalmente, me consta que hacen un verdadero esfuerzo para que el resultado sea coherente y relevante para la formación de nuestros chicos. Eso si, se olvidan, a menudo, de que el mejor de los guiones puede naufragar por unos actores que no están a la altura o por un director que está pensando en otra cosa en pleno rodaje.

El caso es que, salvo como asignatura optativa en enseñanza secundaria, y solamente en algunos centros, no existe una materia de Psicología en las escuelas. Los responsables del diseño educativo se olvidaron de la declaración de Jorge Luis Borges, sabia para algunos de sus lectores, sobre un planeta imaginario:

No es exagerado afirmar que la cultura clásica de Tlön comprende una sola disciplina: la Psicología.
Las otras están subordinadas a ella.
He dicho que los hombres de este planeta conciben el universo como una serie de procesos mentales, que no se desenvuelven en el espacio, si no de modo sucesivo en el tiempo


Es difícil encontrar una respuesta satisfactoria a la pregunta de por qué se enseña a hablar o calcular, la estructura de la célula, los planetas del sistema solar, los ríos del continente americano o la diferencia entre la ilustración y el renacimiento, pero se ignora la conducta y la mente humanas.

Hablamos, calculamos y podemos comprender lo que los demás han descubierto sobre el cuerpo humano o el cosmos precisamente porque, para bien o para mal, poseemos una mente. Sería lógico suponer que un loable y necesario objetivo de la educación pasaría por explicarles a los chavales qué sabe en la actualidad la psicología sobre la conducta de los seres humanos. Todavía más importante, constituiría una empresa fascinante ayudar a los alumnos a entender cómo se puede llegar a conocer algo sólido sobre por qué hacemos las cosas que hacemos.

En el mundo actual, recién estrenado el siglo XXI, sería conveniente aceptar que el homo sapiens se ha acostumbrado a ver el mundo a través del cristal de la ciencia. Mi colega y amigo, James Flynn (el científico que hizo popular el descubrimiento de que las nuevas generaciones son más inteligentes que las anteriores) usa un ejemplo que ahora adaptaré. Si le preguntásemos a un ciudadano, elegido al azar, qué diría sobre un león y una cebra, la respuesta sería sustancialmente diferente si lo hiciésemos mediado el siglo XX o en la actualidad. Hace 60 años seguramente nos diría que el primero caza a la segunda, pero ahora la respuesta sería que ambos son mamíferos.

Comprender que está detrás de este cambio apoya, todavía más si cabe, la relevancia de que los alumnos, que aprenden muchas cosas en el colegio, también puedan dedicar tiempo a ponderar y valorar su instrumento más preciado, su mente. Ahora están preparados para ello.

Saber, por ejemplo, que la gente posee una personalidad, y que, por tanto, no hay dos personas iguales, ayudaría a los chavales a entender por qué hay gente generosa, egoísta, agresiva, nerviosa o sosegada. Conocer cómo memorizamos o cómo usamos lo que sabemos, podría contribuir a orientar su propio proceso de adquisición de conocimientos. Darse cuenta de que hay personas más capaces que otras, por motivos puramente naturales, le ayudaría a sopesar sus propias aspiraciones. Ahora se valora mucho el pensamiento crítico, pero es difícil debatir si no se razona.

Personalmente no invertiría demasiado esfuerzo en convencer a las autoridades educativas de la relevancia de enseñar Psicología en el colegio. Pero opino que debería implantarse a petición popular. Seguramente sea la única estrategia que tenga algún viso de éxito a medio plazo.

miércoles 30 de septiembre de 2009

Respuesta a la Pregunta 48 (Segunda Parte)

¿Se puede mejorar el modo de relacionarse con los demás? (Segunda Parte)

¿Qué significa relacionarse con los demás? No es igual hacerlo con personas familiares para nosotros que con desconocidos. Dejaremos a un lado la segunda posibilidad para centrarnos en la primera.

En nuestra vida cotidiana interactuamos con nuestros padres, los amigos o los compañeros, sea de estudios o en el trabajo. Ninguna de las tres posibilidades conlleva desconocimiento.

En el caso de los progenitores es evidente que nuestra relación es eterna. Nos dieron la vida, vieron cómo llegamos a este mundo y contribuyeron, muy significativamente, a nuestro desarrollo como personas. Son, de hecho, un pedazo relevante de nuestra identidad, queramos o no.

A diferencia de nuestros padres y hermanos, somos nosotros quienes elegimos a los amigos. Solemos hacerlo a partir de los compañeros del colegio o de los colegas en el trabajo. Este proceso de elección resulta fascinante, y, a día de hoy, sigue existiendo un acalorado debate entre los científicos sobre los criterios que operan en tales circunstancias. También esa clase de relaciones contribuye a darnos una identidad.

Hay distintas oportunidades de elección de amigos. Algunos de los candidatos a ser nominados en nuestro particular concurso, nos atraen, aunque no sepamos concretar las razones. Otros no. Se podría suponer que ese proceso se encuentra gobernado por su parecido con nosotros. Pero a menudo se observa lo contrario: elegimos a quien nos complementa. Si somos más bien reservados, elegimos a alguien expansivo. Si somos agresivos, optamos por quien es sosegado y puede contribuir a aplacarnos.

No parece existir un criterio claro a partir del que se produce esa clase de elecciones. Igual que seleccionamos determinados restaurantes para cenar y evitamos otros, nos acercamos a algunas personas y nos alejamos de otras. Esa aproximación puede o no fructificar en una amistad, pero parece claro que una u otra acción debe obedecer a alguna clase de regularidad.

Se podría pensar que buscamos personas con las que podamos disfrutar de unas satisfactorias relaciones, sea lo que sea eso. Y así suele ser, al menos al principio. Pero puede darse el caso de que esa interacción se degrade con el paso del tiempo, que empeore. De ahí nuestro interés por mejorarla.

Sin embargo, igual que sucede al comienzo de una relación potencial, que puede o no prosperar, nuestro empeño por mejorar una amistad de varios años de duración puede chocar con un muro. El individuo objeto de nuestro esfuerzo ha podido añadir otro ladrillo a ese muro, como cantaba Roger Waters, convirtiéndole en infranqueable. Igual que es complicado que haya una pelea si uno de los contendientes no lo desea, una relación no puede continuar si una de las partes decide no colaborar.

Aún sabiendo esto, hay quienes buscan, desesperadamente, una explicación al cambio. No se explican cómo se ha podido llegar a esa situación. Rumian y rumian sin lograr hincarle el diente a nada sólido. Hasta pueden llegar a pensar que es por culpa suya que algo que era maravilloso se ha ido al traste.

Cuando esto sucede, tenemos un problema susceptible de ser consultado con un psicólogo. Ese profesional, posiblemente, nos ayudará a ver que las cosas empiezan y terminan. La relaciones también. Nos dirá que lo que fue, puede carecer de continuidad. Aprenderemos que hay que encajar las situaciones, y que, cuando algo se tuerce, es posible que no pueda volver a enderezarse.

Una relación fallida se puede llegar a convertir en algo tormentoso para determinadas personas. No merece la pena. En lugar de empeñarnos en derribar el muro, sería más saludable salir en busca de otras puertas. Quién sabe, la vida es una caja de sorpresas. Coger otro bombón de la caja (gracias Forrest) o incluso arriesgarse a abrir otra, puede depararnos una satisfactoria y novedosa explosión en la boca.

Mejorar una relación no depende solo de nosotros. Pensar lo contrario no es saludable. Desde luego se puede y se debe intentar. Pero obsesionarse se aproxima a una patología que se puede prevenir si se desvía la mirada.

martes 29 de septiembre de 2009

ROBOTICA ‘Made in Spain’ & ‘Sold out of Spain’

Hace unos años, no demasiados, Chrichton publicó ‘Presa’, una interesante novela basada en la nanotecnología. Ahora se presenta ‘i_Swarm’ un robot de 3 mm cúbicos de volumen. En este proyecto han participado investigadores españoles de un grupo de I+D de los muchos que hay en el país. Excelentes noticias.

La parte triste es que, aunque la investigación en robótica que se hace dentro de la piel de toro es simplemente excelente, la transferencia de los resultados al campo aplicado, comercial, es pobre, francamente deplorable.

Los inversores no hacen lo que deben, es decir, invertir, en explotar lo que hacen en España los más de 60 grupos de I+D actualmente en activo. Son buenos, muy buenos, pero nadie confía en ellos para la aplicación comercial. Esos ‘nadie’ son, naturalmente, domésticos. Más allá de nuestras fronteras afilan su nariz para acaparar un mercado emergente. Nosotros invertimos en formación, quienes resultan formados desarrollan el producto y otros lo explotan. Una magnífica inversión para los otros. Patética para nosotros.

En Barcelona se ha desarrollado una especie de androide capaz de caminar, reconocer rostros y manipular, literalmente, objetos. ¿De dónde proviene el capital para explotar este ente? De Emiratos Árabes. ¿Pueden creerlo?

El desarrollo de robots se encuentra vinculado a los avances en neurociencia. Comprender cómo funciona el cerebro humano contribuirá a acelerar el progreso en robótica.

Quienes están implicados en esta clase de desarrollo tecnológico emiten un veredicto unánime: el capital español no se arriesga a adentrarse en el fascinante mundo de la robótica. Y si no lo hacemos nosotros, otros lo harán.

Desgraciadamente es una historia familiar en la península.

Pero hay esperanza. Quizá esta vez nos demos cuenta a tiempo…

domingo 27 de septiembre de 2009

PSICOLOGÍA Y CAMBIO CLIMÁTICO

La APA (Asociación Americana de Psicología) ha preparado un informe, de más de 200 páginas, destinado a glosar la inestimable contribución que puede hacer la Psicología al presunto problema del cambio climático.

Los lectores de este blog saben ya que mi propio análisis de la evidencia disponible sobre ese cambio, me lleva a concluir que la mano del ser humano NO está detrás de las fluctuaciones climáticas (véase “20 puntos sobre la ‘doctrina’ del cambio climático”).

Para no repetirme, los datos indican que el responsable de las oscilaciones en el clima de la Tierra es el Sol, no el Homo Sapiens. ¿Quiere la APA incidir en la conducta del sol? (puedo suponer que esa asociación no le atribuye una mente al astro rey).

El Colegio de Psicólogos de España (COP) se hace eco, y parece abrazar, las líneas maestras defendidas por la asociación norteamericana (la mano de Gore es larga y gelatinosa). El marco común de tales líneas tiende a asustarme, como ciudadano, y a incrementar mi ira, como psicólogo y como científico.

Por ejemplo, se dice que puede constituir un problema psicológico la “tendencia a minimizar la probabilidad de ocurrencia de adversidades futuras” consecuencia del calentamiento global. También parecen desear que luchemos contra el crecimiento poblacional. Habla de cosas como las “barreras psicológicas que limitan la acción individual o colectiva en la promoción de medidas contra el cambio climático”.

La APA quiere promover en los ciudadanos “conductas ecológicas”. El COP dice que el informe de la APA “ha sido valorado positivamente por expertos en el área”, añadiendo que “la psicología aplicada puede ayudar a las personas, organizaciones y gobiernos a modificar algunas de las conductas que afectan negativamente al medio ambiente y que influyen directamente en el calentamiento global”.

Me encantaría concretar el listado de ‘expertos’ o el significado preciso del término ‘ayudar’.

Si la mano del hombre no está detrás de las oscilaciones climáticas, ¿qué pinta en este tinglado la APA o el COP? Si la Psicología es una ciencia, quizá debería usar la evidencia ‘científica’, en lugar de las percepciones políticas, para elevar sus recomendaciones. Si es que, para empezar, le corresponde preparar alguna clase de kit de buena conducta…

sábado 26 de septiembre de 2009

Respuesta a la Pregunta 47

¿Es cierto que solo usamos una parte de nuestro cerebro? ¿Cómo sabemos qué parte del cerebro se encarga de las distintas cosas?

No, no es cierto que usemos solamente una parte de nuestro cerebro. Nos servimos todo el pastel para realizar la más trivial de las acciones.

Los neurocientíficos han comprobado este hecho en repetidas ocasiones. Imagine que le reclutan para un experimento. Llega usted al laboratorio y le sientan cómodamente en una silla. Le colocan una especie de casco futurista en su cabeza y le informan de que ese dispositivo –para usted casi diabólico—permitirá recoger la actividad de su cerebro mientras hace lo que seguidamente se le explicará.

Al frente hay una pantalla de ordenador y a su lado, encima de la mesa, un aparato con dos teclas, A y B. Lo que se le pedirá es que presione, tan rápido como pueda, la tecla A si en la pantalla aparece una luz verde. Por el contrario, debe presionar la tecla B si la luz que se presenta es roja.

¿A qué parece una tarea fácil? Y realmente lo es. No se preocupe, no hay truco.

Pues bien, aunque esa decisión tan sencilla se puede tomar en cuestión de milisegundos, es decir, tardará menos de un segundo en apretar el botón A o el B, su cerebro se irá iluminando por partes, desde las zonas posteriores a las anteriores: ve la luz y se iluminan las regiones posteriores del cerebro. Luego evalúa si es verde o roja y recuerda qué debía hacer en ambos casos. Ahora se iluminan las zonas temporales y parietales. Finalmente, decide pulsar el botón A o el B, momento en el que se iluminan las zonas más frontales de su cerebro.

Por tanto, para hacer algo tan elemental como decidir si una luz es roja o verde, el cerebro al completo se pone alerta y reacciona, algo que se puede registrar mediante un escáner similar a los que se usan regularmente en los hospitales de todo el mundo para hacer algo ahora tan conocido como una resonancia. Por tanto, si esas regiones occipitales, temporales, parietales y frontales se activan cuando debemos decidir entre apretar un botón A o un botón B, ¿no será todavía más ‘dramática’ la situación cuando nos enfrentemos a decisiones sustancialmente más complejas? De hecho, la vida es algo más que decidir si una luz es verde o roja.

La vieja idea de que solamente usamos un minúscula parte de nuestro cerebro y de que, por tanto, es como un continente sin explorar a la espera de que aprendamos a extraerle un increíble potencial, es simplemente absurda. No, nuestro cerebro es un órgano maravilloso, al que todavía no comprendemos bien, pero eso no significa que no se use al completo.

En la actualidad hay un esfuerzo intenso, por parte de muchos equipos de investigación, a lo largo y ancho del planeta, destinado a conocer cómo funciona ese órgano. Aunque los científicos debamos reconocer que el camino es todavía largo, se van dando pequeños pasos para el hombre, pero grandes para la humanidad.

Hasta no hace demasiado tiempo debíamos confiar en evidencias indirectas derivadas de los estudios de los psicólogos, o en el análisis del cerebro de personas que habían fallecido y que, generosamente, donaron sus cerebros para promover el avance de la ciencia.

Ahora no es necesario. En la actualidad, y desde algunos años, los científicos somos capaces de explorar el cerebro de las personas cuando llevan a cabo las más variadas actividades. No solamente pulsar uno de dos botones, sino muchas otras cosas que nos están permitiendo ir encontrando las pistas que, tarde o temprano, permitirán resolver el rompecabezas.

La exploración del cerebro es una empresa fascinante. Quizá mayor que la de conocer el cosmos. Puede que todavía más relevante que la búsqueda de nuestra identidad a través de la comprensión de nuestra herencia genética. En el cerebro confluye la influencia que ejercen nuestros genes, por supuesto, pero también la de las experiencias vitales por las que pasamos. El cerebro es el lugar natural de encuentro de ambos factores y donde se preparan las recetas que los humanos cocinamos en el mundo.

El esfuerzo dirigido a investigar el cerebro humano constituye un viaje alucinante en el que, realmente, llegaremos, como decía el viejo aforismo griego, a conocernos a nosotros mismos. Es este, a mi juicio, un viaje en el que no deberíamos reparar en gastos.

viernes 25 de septiembre de 2009

ENSEÑANZA DE LA CIENCIA

La Unión Europea está preocupada por la enseñanza de la ciencia. Buscan, desesperadamente, jóvenes que se interesen por ella. Ahora se intenta alcanzar la meta mediante el programa DYNALEARN.

Se supone que hay tres razones por las que los jóvenes no se interesan por la ciencia. Primero, la escasa variedad en cómo se enseña. Segundo, porque en las clases no se explican los conceptos en los que se apoyan los datos. Tercero, porque la ciencia es más compleja que otras materias.

Como antídoto, DYNALEARN se basa en el uso de ordenadores para adaptar la enseñanza al estudiante. Se persigue que aprendan como si estuvieran interactuando con un videojuego.

Por tanto, se trata de un sistema visual, destinado a estudiantes de secundaria y de universidad.

Diagnóstico: no funcionará.
Se pueden dar por perdidos los 2.5 millones de euros invertidos.

Hay una larga tradición ya en el uso de sistemas de instrucción asistida por ordenador –o tutores informáticos—y el resultado invariable de su aplicación ha sido que los chavales terminan aburriéndose como ovejas.

No me cabe duda de que la idea es atractiva, pero también tengo claro que las perspectivas de éxito son de pobres a tirando a nulas.

Las razones por las que los estudiantes se interesan cada vez menos por la ciencia no son las que están detrás de la creación de DYNALEARN. O, mejor dicho, solamente una de ellas es la responsable de su escaso interés: es compleja y abstracta.

Los científicos saben que la ciencia es absolutamente genial, una de las actividades más fascinantes a las que puede dedicarse un ser humano. Pero lo saben porque han logrado superar un largo y tedioso proceso de formación y un sin número de sinsabores, de fracasos, de caminos sin retorno y de errores, antes de llegar a algo que ha contribuido, de alguna manera, a cambiar el modo de vida de los habitantes del planeta o el prisma a través del que ven el cosmos.

Desgraciadamente eso no se puede enseñar, igual que no se puede enseñar a alguien a convertirse en Pasteur, Edison o Ramón y Cajal.

¿Hay alguna alternativa constructiva?
Si, yo creo que si, pero eso será objeto de un post posterior…