FIRMA INVITADA: Mal gusto –por Óscar Herrero Mejías

Yo no tendría más de 17 años la tediosa tarde de domingo en la que me reuní con mis amigos para ver aquella película. Aprovechamos la ausencia de los padres de uno de nosotros para adueñarnos de la casa y acomodarnos frente a la tele. La cinta VHS había sido alquilada el día anterior en un oscuro videoclub. Aún no lo sabíamos, pero sería el título más admirado de nuestra juventud. Se trataba de una película gore neozelandesa titulada Mal gusto, de la que tan solo conocíamos la carátula. Nada particular que justifique que regrese a mi memoria 21 años después. Pero su protagonista, productor y director era un irreconocible Peter Jackson. Años más tarde cuando descubrí que la trilogía del Señor de los Anillos la rodaría él, no podía salir de mi sorpresa.

Mal gusto es una producción de serie B, con medios escasísimos, que se invirtieron principalmente en sangre y casquería. Los actores son aficionados y la estética recuerda en muchos momentos a Muchachada Nui. No hay elfos, orcos o magos. Ni batallas multitudinarias. Pero ocupa un lugar en mi corazón.

Arranca de forma abrupta. Una llamada de emergencia desde un pequeño pueblo costero neozelandes alerta a las autoridades de una invasión extraterrestre. Pero el país es puntero en la defensa frente a los alien, y dispone de una unidad de élite preparada para estos imprevistos, The boys.

La unidad la componen tres individuos con aspecto de grupo heavy de la primera mitad de los 80 (Ozzy, Barry y Frank)  y un asesor científico con claros problemas mentales que es interpretado por Peter Jackson (Dereck).

Los dos primeros en llegar al pueblo atacado son Barry y Dereck. Barry recorre las calles desiertas mientras Dereck observa desde unos acantilados junto al mar. Pero pronto se produce el primer contacto con los invasores. Un tipo uniformado con ropa vaquera se arrastra lentamente hacia Barry con un hacha en la mano. Es sin lugar a duda un invasor. Pese a las advertencias no parece detenerse. Finalmente Barry habrá de utilizar su Magnum para salvar la vida. Comienza la sangre.

Dereck, que es el encargado de recoger muestras para su análisis científico, pronto es descubierto por un grupo de extraterrestres que corren hacia él armados con mazas. Los extraterrestres parecen adaptarse mal a su forma humana, y se mueven de forma torpe. Pese a su papel de asesor, Dereck desea implicarse en la acción y en lugar de huir se enfrenta a los atacantes. Termina despeñándose por un acantilado. Sobrevive milagrosamente a la caída, pero no sin consecuencias. El golpe le hace perder masa encefálica, y su conducta se ve claramente afectada por ello.

Mientras tanto, Giles, miembro de una ONG cristiana se dirige al pueblo para recaudar fondos, sin olerse nada de lo que ocurre. Pronto se topa con un extraterrestre (el propio Jackson en otro papel) que se está comiendo los sesos del que previamente había abatido Barry. Antes de que pueda hacer nada, se encuentra dentro de un perolo en el cuartel general de los extraterrestres, esperando para ser sacrificado.

Pero los dos miembros restantes de The boys, Ozzy y Frank, llegan al pueblo dispuestos a no dejar un solo extraterrestre con vida. Se reúnen con Barry, logran infiltrarse en el cuartel general de los invasores, y liberar a Giles. Allí descubren las intenciones de los invasores: recoger carne humana para una cadena de hamburgueserías alienígena. Tal y como señala el líder de los extraterrestres antropófagos es sorprendente lo poco que ocupa un pueblo entero si se le quitan los huesos.

A la vez Dereck, que pierde regularmente masa cerebral, deambula asesinando extraterrestres con un coche decorado con figuras de los Beatles.

Cuando Ozzy, Frank y Giles intentan escapar son descubiertos por los alien, y se inicia una escabechina épica. No es el abismo de Helm, pero el director ya apuntaba maneras. Abrumados por las bajas, los extraterrestres adoptan su forma real, aunque sus uniformes vaqueros resisten mal la metamorfosis y se les ve el culo.

No voy a contar el final. Espero que este post despierte la curiosidad del lector por esta divertida rareza. No es apta para corazones sensibles, los efectos son cutres y no transmite ningún valor positivo. Nadie hubiese apostado por el futuro profesional del joven Peter, que parecía no estar muy centrado por aquellos años. Y sin embargo todos sabemos lo que pasó después.


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Imhotep

Esta novela de Christian Jacp narra la vida y obra de Imhotep, posiblemente el primer arquitecto de la historia de la humanidad.

Desde sus comienzos como modesto aprendiz (“no es prueba de tu capacidad. Te conformas con tus conocimientos, mientras que Imhotep no deja de progresar (…) desde muy pequeño ya eras diferente de tus compañeros de juego: tu no pensabas más que en estar solo y aprender”) hasta convertirse en consejero y hermano del Faraón (“pocos dignatarios poseían aquella autoridad natural, fruto logrado de la fuerza física y de una agudeza intelectual casi palpable (…) desconfía Imhotep. Demasiados dones despiertan la envidia y el odio. Los emisarios del mal acabarán percatándose de ti y tendrás que librar duros combates. Sobre todo, no infravalores al adversario. Él no renunciará nunca. Debes seguir siendo recto, sean cuales sean las circunstancias (…) aunque te falte un poco de autoridad, tu inteligencia te sacará de las situaciones difíciles”).

Un enigmático personaje, la sombra roja (que termina siendo el responsable del tesoro real), representa el mal al que Imhotep debe enfrentarse. El ente, relativamente abstracto durante casi toda la narración, pretende terminar con el imperio del Faraón a través del caos:

sin un faraón enérgico, nos encaminamos al desastre.
Nadie pensará más que en su provecho, los ladrones tendrán nuevas fuerzas, las provincias proclamaran su autonomía, y será la anarquía”.

Nada nuevo bajo el sol.

Imhotep se esfuerza para evitar el desastre:

identificar a los funcionarios incompetentes y castigarlos con dureza me parece un deber sagrado.
Si llegasen al poder, el Estado se vería condenado a la decadencia
(…) mi puesto me impone valorar a los hombres según su capacidad para cumplir una misión, dejando a un lado mis sentimientos y preferencias
(…) creer en la mejora de los humanos es el peor error de un jefe de Estado
(…) los seres humanos tienden de forma natural al caos, la injusticia y la violencia”.

El autor aprovecha para recordar paralelismos con el cristianismo:

Osiris es al tiempo el pan y el vino.
Al consumir el pan, comemos el cuerpo de Osiris, símbolo del Egipto unificado; bebemos la sangre de Osiris, transformada en vino en el lagar.
Muerto, Osiris renace”.

Y también nos recuerda que faraón no significa ‘majestad’ sino ‘servidor’.

Zoser, el faraón, le encarga a Imhotep la creación de “una morada de eternidad inédita”, algo totalmente nuevo para acoger el descanso eterno del soberano:

he visto una escalera que subía hacia el cielo, bañada por luz divina.
Y la construiré
(…) había que inventarlo todo, dar forma a una creación que excedía las capacidades humanas
(…) no pensemos en función de las construcciones anteriores”.

Faraón le concede a Imhotep poderes casi absolutos lo que, naturalmente, despierta la envidia de muchos.

El lugar que elige el arquitecto es Saqqara, los palmerales situados en los alrededores de Menfis. Ante el descomunal proyecto de Imhotep, Zoser le concede descansar a su lado: “permaneceremos cerca el uno del otro para siempre”. Se convierte en su hermano.

El exitoso proyecto del arquitecto facilita que, desde ese momento, se supiese manejar la piedra, abriendo así la puerta a las moradas posteriores de los faraones, monumentos que se elevarían hacia el cielo. Y que, desde entonces, conocemos y admiramos.



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Neuro-Diversidad, Neuro-Marcadores y Neuro-Predicción

A raíz de un artículo publicado en el diario El País por Javier Sampedro, algunas personas humanas tuvimos un intercambio en Twitter sobre la posibilidad de usar los conocimientos actuales para predecir la conducta, usando marcadores neurológicos valorados con técnicas de neuroimagen.

El origen de la nota de Sampedro está en un artículo del grupo de John Gabrieli, del MIT. Aunque discutí en este mismo foro algún estudio sobre neuro-predicción y mi nivel de excitación no fue particularmente elevado…



…confieso que me picó la curiosidad por saber lo que Gabrieli proponía en su artículo de revisión.

Así que le pedí una e-copia, que amablemente me envió a vuelta de correo, y me puse manos a la obra.

Desde el mismo resumen uno se pone en guardia al leer que los neuro-marcadores permiten, en la actualidad, mejores predicciones que las medidas conductuales tradicionales.

Como es natural, la revisión de trabajos previos se basa en el hecho de la neuro-diversidad:

Revisamos los progresos en una novedosa aplicación de la neuroimagen consistente en la medida de la neuro-diversidad para predecir la futura conducta humana”.

Los autores aprovechan para recordar que los profesionales apenas consideran estos avances. Ejemplo paradigmático es la reciente versión del DSM (5) en la que se aprecia un manifiesto desprecio por los miles de estudios publicados sobre trastornos psiquiátricos en los que se han usado técnicas de neuroimagen.

El problema básico de este artículo es que apenas existen estudios en los que se hayan intentado predicciones individualizadas:

El único modo de que los neuro-marcadores sean útiles en la práctica supone predecir resultados sobre nuevos individuos basándose en modelos desarrollados previamente con otros individuos”.

De los 72 estudios revisados, solamente uno se ajusta a este exigente criterio.

Los autores comentan que existen distintos modos de hacer predicción. Algunos ejemplos son la regresión (en sus distintas versiones) y las SVM (supporting vector machines). Nosotros hemos usado SVM y la cosa es particularmente farragosa y bastante menos eficiente de lo que los matemáticos dan a entender sobre la pantalla.

Los estudios revisados son muy heterogéneos, desde los problemas de lectura hasta la delincuencia, pasando por el alcoholismo, el uso de sustancias, la obesidad y una serie de trastornos psiquiátricos. Es sobre estos últimos sobre los que se desarrollan algunas ideas que suenan bastante bien, como la posibilidad de averiguar causas potenciales del impacto diferencial de los tratamientos, sean conductuales o farmacológicos:

La variabilidad en la respuesta al tratamiento, que todavía no se comprende y que no es una simple consecuencia de la severidad del trastorno, sugiere que existen importantes diferencias neurobiológicas entre los pacientes que comparten un diagnóstico”.

Las medidas cerebrales podrían ayudar a encontrar respuestas.

Los autores reconocen las actuales limitaciones: (a) suelen usarse muestras reducidas y los análisis estadísticos son débiles, (b) la mayor parte de las investigaciones relacionan medidas en la ‘baseline’ con algún criterio educativo o clínico, pero no existen apenas estudios verdaderamente predictivos (como los de las SVM), y mucho menos individuales, (c) no se suelen combinar distintos neuro-marcadores. Además, admiten que no puede descartarse que las evaluaciones conductuales que puedan desarrollarse en un futuro superen a los neuro-marcadores que puedan detectarse a medida que la investigación mejore:

Una nueva generación de medidas conductuales podría servirse de los insights novedosos que provengan de la neuroimagen”.


Un aspecto que merece la pena comentar es el de la acusación usual de que una MRI es cara, económicamente hablando. Gabrieli señala, correctamente, que a menudo la evaluación neuropsicológica de un individuo es realmente más cara que una MRI. Además, conviene considerar que si la información que se obtiene con una MRI es realmente útil, entonces se reducen los costes de las intervenciones y, por tanto, se ahorran recursos.

La respuesta a la pregunta del titular del artículo de Sampedro (La neurociencia ya puede predecir el comportamiento. Pero ¿debe hacerlo?) cae por su peso. Naturalmente que debe hacerlo, si puede. Por ahora puede débilmente, pero nada parece indicar que no vaya a mejorar. Eso si, tengo serias reservas sobre la predicción individual. El cerebro es complejo y dinámico, aunque el hecho de que sea más elástico que plástico constituye una ventaja para la ciencia.

En cualquier caso, pienso que no merece la pena agonizar debatiendo sobre si se debe avanzar en nuestro estado actual de conocimiento. Es agotador e inhibidor. Conservemos las fuerzas necesarias para aprender algo nuevo.


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Muerte a las emociones

Hace una década, Félix García Moriyón me hizo una extensa entrevista sobre la psicología de las emociones para la revista ‘Diálogo Filosófico’. No estoy seguro de haber cumplido sus expectativas, aunque pueden valorarlo ustedes mismos descargando el siguiente archivo.

Fueron varios los temas considerados a lo largo del intercambio de preguntas y respuestas. En esencia mantuve que:

1. Las emociones se resisten a nuestro control racional.
2. La pretensión de moldear las emociones es sospechosa.
3. La sociedad es la suma de sus partes.
4. Goleman reaccionó al mensaje de ‘The Bell Curve’ de Herrnstein & Murray a través de la desgraciadamente famosa inteligencia emocional.
5. Las emociones son ingobernables.
6. Las emociones no se eligen, sino que se contraen, como la gripe.
7. Las diferencias (emocionales) que separan a una mujer de otra mujer tomada al azar de la población, son sustancialmente mayores que la diferencia promedio entre ellos y ellas.
8. El hombre no es bueno o malo por naturaleza porque ese hombre no existe.
9. Matizando a Ortega, ‘mis circunstancias dependen bastante de mi yo’.
10. ¿Sería legítimo manipular nuestra naturaleza?

2015 podría ser un bueno año para esforzarse por cerrar el capítulo sobre las emociones humanas.

Ahora que ya hemos deglutido un 15% de siglo XXI, permítanme invitarles a que aceptemos, sin reservas, nuestra inutilidad para gestionar de una manera sensata (racional) las emociones.


Una vez admitido el hecho, dejemos que entes carentes de toda emoción humana nos gobiernen. Un sistema inteligente sin rastro emocional mejoraría nuestra breve estancia sobre el planeta Tierra de modos difíciles de calcular.

Aquí tienen un listado más o menos arbitrario de esas emociones que tanto se valoran, habitual y románticamente, por doquier: alegría, amor, angustia, asco, celos, compasión, culpa, depresión, desánimo, desesperación, desconfianza, entusiasmo, envidia, esperanza, hastío, hostilidad, indiferencia, insatisfacción, inseguridad, fastidio, frustración, ira, irritación, miedo, negación, odio, ofensa, ofuscación, optimismo, orgullo, paciencia, pánico, preocupación, pesimismo, rebeldía, rencor, repugnancia, resignación, satisfacción, serenidad, soberbia, sorpresa, temor, ternura, tranquilidad, tristeza, vergüenza.

Me cuesta encontrar argumentos convincentes sobre la relevancia positiva de estas emociones.

Imaginen un mundo sin angustia, asco, celos, culpa, depresión, desánimo, desesperación, desconfianza, envidia, hastío, hostilidad, indiferencia, insatisfacción, inseguridad, fastidio, frustración, ira, irritación, miedo, negación, odio, ofensa, ofuscación, orgullo, pánico, preocupación, pesimismo, rebeldía, rencor, repugnancia, resignación, soberbia, temor, tristeza o vergüenza.

Nuestro neocortex es una potente máquina de razonar, pero luce cuando logramos que nuestras emociones no interfieran con el proceso de pensamiento. Todo aquello que nos hace sufrir proviene de nuestro fracaso para mantener a raya las emociones.

Aunque sepamos cuál es la acción correcta, optamos por vías diferentes, altamente cuestionables desde una perspectiva moral, para satisfacer nuestros celos, nuestra envidia, nuestra hostilidad, nuestra ira, nuestro miedo, nuestro odio, nuestro orgullo, nuestro rencor o nuestro temor.

Desgraciadamente no podemos extirparnos el paleo-cortex, así que, tristemente, las emociones seguirán acompañados durante bastante tiempo todavía. Por tanto, ¿cómo lograr combatir esa epidemia que nos viene acompañando desde hace miles de años?

Ahora tenemos la solución a nuestro alcance.

Basta con programar una máquina a la que nombremos Presidente del Gobierno. Mariano, Pedro o Pablo están obsoletos.

Usando unas cuantas líneas de código, la máquina inteligente será capaz de adoptar las mejores decisiones. España ya no tendrá problemas para entenderse con Francia. Los Estados Unidos, Rusia y China colaborarán sinérgicamente para paliar la absurda situación actual que hace sufrir a una gran parte de la humanidad. Y eso sucederá porque será un diálogo entre robots para quienes las emociones habrán sido incorporadas a un código asociado al mejor modo de anular completamente su participación en el proceso de toma de decisiones.

La humanidad pasará, por fin, a un primer plano, gracias a las máquinas inteligentes, que sabrán qué se debe hacer y que no dudarán en llevarlo a la práctica para mejorar las condiciones de vida de los homo sapiens que vayamos transitando por este bello planeta.

Nada debemos temer. Hay que urgir a los científicos para que escriban esas líneas de código que cambiarán radicalmente la existencia humana sobre la faz de la tierra. A mejor, a algo mucho mejor.



Skynet es el nuevo Dios.

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